Una vez tuve un invitado para Shabat que tenía 18 hermanos. Ahora que tengo una esposa cuya familia son doce hermanos, ya no me asombro tanto. Pero en ese entonces me surgían muchas preguntas. Una de las preguntas que más me intrigaban era cómo creía él que se sentirían sus padres si él desapareciera por unas semanas. ¿Se darían cuenta? ¿O tal vez él estaría de vuelta antes de que lo notaran? ¿Era tan sólo el “hijo número catorce” o se sentía especial de algún modo?

Me sorprendió escuchar que él y cada uno de sus hermanos se sentían como si fuesen hijos únicos. Cada uno sentía que sus padres lo amaban como si no hubiera otros hijos. Si él desapareciera, sus padres se sentirían igual que si un hijo único hubiese desaparecido.

Pensé acerca de ello por un momento y efectivamente me sentí de la misma manera. Tengo cinco hijos. Si, Dios no lo permita, se llevaran a alguno, no sentiría que me quedan cuatro más. Sentiría como si hubiera perdido un mundo entero. Cada uno es especial a su modo. Uno es muy responsable, otro es cariñoso, otro es alegre, otro está lleno de vida y otro es (desafortunadamente para él) igual a su padre. No son cinco clones. Son cinco individuos y yo los amo a cado uno independientemente del otro.

Y no importa si son uno, cuatro o diecinueve hijos – cada hijo es invaluable para sus padres, cada uno es por sí mismo un mundo entero.

Y esta idea se aplica también con Dios. No importa si son diecinueve o siete mil millones de hijos, para Dios no hay diferencia. Cada uno de nosotros es como un hijo único para Él. Cada uno representa un universo completo. Cada uno es especial a su modo. Dios nos ama porque somos todos únicos y especiales.

En esta parashá, Dios cuenta al pueblo judío. Él sabe cuántos somos, pero quiere que sepamos que cada uno de nosotros importa. No somos una nación de unos cuantos millones de personas, sino que somos individuos especiales que juntos conforman una nación. Ninguno es dispensable. Si alguno de nosotros desaparece, Dios lo sabe. Y le importa.

Del mismo modo que 19 hijos de los mismos padres pueden sentirse como si fueran hijos únicos, así mismo los 7 mil millones de hijos del mismo Dios pueden sentirse todos muy especiales. Y cuando sentimos la seguridad del amor de nuestros padres, tenemos la seguridad necesaria para amar también a las personas que están a nuestro alrededor.