La transgresión del Becerro de Oro es probablemente el error más grande en la historia judía. Pero si observamos con detención, no parece ser tan grave. De tres millones de judíos, ¿cuántos dirías tú que fueron los que perpetraron tan patética calamidad? ¿Tres cuartos? ¿La mitad? ¿Un tercio?

La Torá dice que al final, cuando detuvieron a los culpables, encontraron que sólo había 3.000 personas involucradas. Eso representa tan sólo el 0.1%, pero a pesar de eso, toda la nación fue considerada como culpable. El Becerro de Oro es conocido como un pecado que hizo todo el pueblo judío, y no como un pequeño error cometido por 3.000 judíos. ¿Por qué?

Es comprensible que los individuos sean considerados responsables por actos de mayor alcance que son condonados por la sociedad, después de todo, los individuos son los que la conforman. Pero ¿por qué responsabilizar a la sociedad por las acciones de un grupo de individuos dentro de ella? Obviamente toda sociedad cuenta con personas que se han desviado del buen camino.

La respuesta reside en comprender que la sociedad es la mayor influencia en nuestra vida y en nuestros valores. Da forma a quienes somos más que cualquier otra fuerza. Y si la sociedad tiene el poder de moldear los valores de los individuos, entonces también debe ser considerada responsable cuando no logra hacerlo. El hecho que determinados individuos construyeran un ídolo significaba que la sociedad a la que pertenecían no abominaba la idolatría lo suficiente. Si la idolatría hubiera sido considerada una conducta totalmente escandalosa, ellos nunca hubieran considerado tal opción.

El hecho de que la esclavitud sea considerada tan cruel en Occidente causa de cierta forma que ésta no exista. Si se considerara a las drogas de forma similar, éstas serían mucho menos comunes. Pero nuestra postura frente a las drogas es equívoca. Claramente entendemos que son dañinas pero, ¿se las considera tan atroz como a la esclavitud? Absolutamente no. El racismo es desagradable, incluso tal vez malo, pero no es aborrecido y por eso continúa siendo parte de nuestras vidas.

Muchos consideran que el adulterio es una traición a un voto sagrado. Es uno de los Diez Mandamientos. Y entonces, ¿por qué es tan común y desenfrenado?

Porque muchos lo consideran “una mala idea”, o tal vez “malo”, pero no primero en la escala de los pecados. Y cuando en una sociedad no hay un acuerdo respecto a condenar cierta acción, esto le deja mucho espacio a la gente para atreverse a hacer lo que quiera.

La sociedad le da forma a los valores de los individuos que la componen y, por lo tanto, el judaísmo considera que la sociedad es la responsable por los actos de los individuos. Pareciera que hoy en día seguimos pagando por el Becerro de Oro.