La parashá de esta semana dice que un rey judío debe escribir para sí mismo una Torá, la cual debe cargar consigo en todo momento (Deuteronomio 17:18-20). La idea detrás de esto es que el rey debe mantener la perspectiva. Debe recordar de dónde viene su poder, y no debe cometer el error de pensar que él es quien está en control. Para el judaísmo, la arrogancia es la peor de las características, mientras que la humildad es la mejor. Cuando la Torá busca alabar a Moshé, él es descrito como “el más humilde de todos los hombres” (Números 12:3). Eso, dicen nuestros sabios, es la mejor y más genuina forma de carisma.

Vemos de aquí que el propósito de la humildad no es establecer una protección para no intoxicarse con poder; la humildad en sí misma te da poder. ¿Cómo funciona esto?

Humildad no significa falta de autoestima. Tampoco significa denigración de uno mismo. Para el judaísmo, la humildad es un reconocimiento de que hay cosas más importantes en el mundo que mis propios deseos y necesidades. Ser humilde es tener perspectiva. Por muy talentoso y capaz que uno sea, uno es tan sólo una pequeña parte de este gran universo. La persona humilde se da cuenta: Lo que es correcto es infinitamente más valioso que el servirme a mí mismo.

Mientras más humilde sea, mejor líder será. Porque una persona humilde no está interesada en su propio honor, poder y grandeza. Él sirve a quienes está guiando.

Para la ley judía, los integrantes del pueblo no son sirvientes del rey; el rey es un sirviente del pueblo. El primer rey de Israel, Shaul, no quería el trabajo. Porque apenas un rey comienza a disfrutar de los beneficios del poder, ya no está sirviendo solamente al pueblo.

La persona humilde tendrá la confianza de las personas a quienes está guiando, y no les temerá. Hacer lo que es importante para la nación es todo lo que le importa. Le es irrelevante si es popular o no.

En un nivel personal, esto también aplica a nosotros. Si eres humilde, entonces vivir de acuerdo a lo que piensas que es correcto será más importante que lo que otros piensen de ti. Una persona humilde no se ve afectada por las presiones o normas sociales. Es más, la humildad es la base de la verdadera independencia.

La arrogancia es una vía rápida hacia la mediocridad. La humildad, por el contrario, pavimenta el camino hacia la grandeza. No es ningún accidente que la Torá considere a Moshé – “el más humilde de todos” – como el ser humano mas grandioso que haya vivido.