En esta parashá, Moshé hace una asombrosa declaración: “Y ahora, Israel, qué pide Dios de ti fuera de que Le temas...” (Deuteronomio 10:12).

Moshé nos acaba de entregar mandamiento, tras mandamiento, tras mandamiento en nombre de Dios. Y cerca del final de todo, ¿qué nos dice? “Bueno, todo lo que realmente quiere Dios, ¡es que Le temas!”. ¿Que pasó con todas las otras 612 mitzvot que Dios dijo que quería?

¿Por qué quiere Dios que Le temamos? ¿Es una búsqueda de poder? ¿Dios se siente mejor si Le tememos?

La respuesta a todo esto yace en la etimología misma de la palabra “temor”, la cual tiene en hebreo exactamente la misma raíz que la palabra “ver”. “Temer” y “ver” están sumamente conectadas. Como dicen: “La ignorancia es felicidad”. No temes aquello que no ves.

La palabra “temor” se traduciría más correctamente como “consciencia de las consecuencias” o “reconocer la realidad de una situación”. ¿Qué quiere Dios? Él quiere que nos enfrentemos a la realidad y que no nos escondamos de aquello que sabemos que es verdad. Una y otra vez en nuestras vidas, sabemos qué tenemos que hacer, sabemos qué hace sentido – pero no queremos enfrentar la realidad porque es demasiado dolorosa. Elegimos la comodidad de mentirnos a nosotros mismos por sobre la lucha que implica la realidad. Generalmente, la realidad es más difícil. La ilusión siempre es sumamente atractiva.

No quieres enfrentar el hecho de que una relación llegó a su fin. Tú sabes que terminó. Pero no quieres aceptarlo. Entonces te convences de que no ha terminado aún. O no quieres enfrentar el hecho de que has cometido un error y que necesitas cambiar. Es doloroso y humillante pensar que no somos perfectos. Preferimos crear una ilusión de perfección. Por lo tanto, culpamos a otro: a nuestros padres, a nuestra pareja, al mundo, a Dios – ¡a cualquiera con tal de no tener que enfrentar la realidad de que nos equivocamos!

¿Qué pasa con alguien que no quiere enfrentar la realidad de su propia desdicha? Montará una actuación y pretenderá ser muy feliz. No para el mundo, sino para sí mismo. Nadie quiere admitir que está tan perdido que ni siquiera sabe cómo ser feliz.

Entonces, ¿qué quiere Dios de nosotros? Él sólo quiere que seamos honestos. Honestos con nosotros mismos. Siempre sabemos qué es lo correcto, pero rara vez estamos dispuestos a admitirlo (a nosotros mismos). Entonces, Moshé nos aconseja: Ve la realidad. Sé consciente. Todo lo demás vendrá solo. Escóndete de la realidad y perderás el barco. Puede que crees una hermosa ilusión... pero cuando las burbujas revienten, nada quedará.