Hace algunos años, cuando vivíamos en Israel, le compramos nuestro departamento a un hombre que (a riesgo de quedar muy corto en la descripción) era antirreligioso. Dados sus antecedentes, un comentario que hizo al pasar al cerrar el trato me pareció bastante extraño. Él nos aseguró que todas las mezuzot de la casa eran completamente kasher. Al notar mi sorpresa, nos contó la siguiente historia:

Muchos años antes, su hija nació con un serio defecto cardíaco. Después de que le dijeran en el hospital que su hija no viviría mucho, él vagó confundido por las calles de Jerusalem. Finalmente se topó con un hombre yemenita y le contó todá la historia. El yemenita le aconsejó comprar mezuzot y ponerlas de inmediato en los marcos de las puertas.

Desesperado por cualquier cosa que pudiera ayudar a su hija, él corrió a un barrio religioso, preguntó dónde vivía el escriba más cercano y compró varias mezuzot. Después de poner las mezuzot volvió al hospital, donde lo recibieron con excelentes noticias. Había ocurrido un milagro: ¡el defecto del corazón de su hija había desaparecido!

Cuando terminó de contarnos su historia, el hombre hizo un comentario que jamás olvidaré. "Ya lo ven, las mezuzot son kasher. Si mi hija alguna vez decide volverse religiosa, no puedo interponerme en su camino, porque ella le pertenece a Dios. Pero si mi hijo alguna vez intenta volverse religioso… ¡lo mato!"

El consejo del hombre yemenita de poner mezuzot, concuerda con la tradición judía, por más extraño que parezca. En la parashá de esta semana, el versículo que habla de la mezuzá está yuxtapuesto con un versículo que promete una vida larga para nuestros hijos (ver Deuteronomio 11:20 – 21). Ambos versículos están escritos en el pergamino de la mezuzá, y muchos comentaristas explican que las mezuzot ayudan a proteger la salud de los hijos.

Pero no sólo los niños se benefician de la presencia de la mezuzá. En la parte externa de cada mezuzá está escrito el nombre de Dios: Sha-dai. Entre otras cosas, esta apelación Divina es una abreviatura de las palabras Shomer dlatei Israel, Guardián de las puertas de Israel. La mezuzá, por así decirlo, cuida las puertas del hogar judío.

Otras fuentes consideran que la mezuzá tiene un significado diferente. El Alshij nota que la mezuzá se ubica incluso en los marcos de las habitaciones internas de la casa. A menudo, la forma en que una persona se muestra en público es muy diferente de la manera en que actúa en privado. Entonces la mezuzá nos recuerda la santidad del hogar judío.

Maimónides presenta lo que, quizás, sea el entendimiento más ampliamente aceptado de la mezuzá. Él explica que a menudo, las personas están tan absorbidas por la vorágine de ganarse la vida, que pierden su “conciencia de Dios”. Sin embargo, la mezuzá brinda una solución maravillosa a este problema.

La mezuzá contiene una declaración de nuestro amor por Dios y de nuestro compromiso a observar Sus mitzvot. Al pasar por la puerta y besar la mezuzá, nos enfocamos en las inspiradoras “instrucciones para la vida” que se encuentran en el muro.

Dice Maimónides: la mezuzá es un recordatorio constante de que “nada dura para siempre, nada es eterno más alla del conocimiento de Dios. Al recordarse esta verdad a sí misma, la persona recuperará la consciencia correcta y seguirá el camino adecuado”.