Hace algunos años, cuando vivía en Jerusalem, tuve un amigo que trabajaba como funcionario en el Ministerio de Educación. Mi amigo era meticuloso en su comportamiento, siguiendo la letra y el espíritu de la ley, tanto en los aspectos religiosos como seculares. Por ejemplo, él registraba cuidadosamente la cantidad de tiempo de trabajo que pasaba cada día dedicándose a asuntos privados, tales como llamadas telefónicas personales. Al final de la semana, calculaba el tiempo que había usado para sus asuntos personales y se quedaba haciendo horas extras para compensar ese tiempo que había “tomado prestado”.

De hecho, este comportamiento es consistente con la ley judía (halajá). Las obligaciones de un empleado hacia su empleador son tomadas con tal seriedad en la halajá que incluso motivaron modificaciones en las plegarias. Al reconocer que los empleadores serían estafados si los trabajadores pasaban demasiado tiempo rezando, los Sabios compusieron para los trabajadores una versión abreviada de la “Bendición para después de las comidas”.

En Vaietzé, la parashá de esta semana, encontramos una alusión a las obligaciones de los trabajadores. Iaakov huye de su hermano Esav y va a Padán Aram, donde se casa con sus primas Rajel y Leá. Iaakov trabaja para Laván, su suegro, una persona tramposa que cambia constantemente las condiciones del acuerdo laboral.

Después de 20 anos de trabajar para Laván (y alentado por Dios a través de un sueño), Iaakov decide volver a Canaán. Sin embargo, antes de partir, consulta con sus esposas y describe cómo "con toda mi fuerza trabajé para su padre". Maimónides cita estas palabras de Iaakov como una fuente para la obligación de los trabajadores de trabajar un día completo y de "trabajar con toda su fuerza".

Al mismo tiempo, de esta parashá también aprendemos la necesidad de un liderazgo responsable y la protección de los derechos de los trabajadores. Cuando finalmente Iaakov decide volver a casa, lo hace a escondidas, temiendo lo que Laván podría hacerle. Laván lo persigue y termina alcanzando a Iaakov y su familia. En medio de la confrontación siguiente, Iaakov se refiere a sus 20 años como cuidador de los rebaños de Laván y comenta amargamente: “Durante el día me consumía el calor sofocante, y durante la noche la helada, cuando el sueño era arrebatado de mis ojos”.

Los comentarios de Iaakov son considerados como una crítica a Laván, un reflejo de que había sido tratado injustamente. Las palabras de Iaakov llegaron a la ley judía, que prohíbe que un empleador dañe la salud de sus trabajadores, y fija directivas estrictas respecto al grado que en que se les puede pedir a los trabajadores que permanezcan despiertos, trabajando de noche.

En la literatura rabínica hay cientos de leyes sobre las relaciones laborales. Por ejemplo, no pagar a un empleado a tiempo constituye una transgresión explícita de la Torá. La idea general es asegurar que ningún lado se aproveche del otro, y que haya respeto hacia toda persona, ya que cada una fue creada a imagen de Dios.