Han dicho que se puede medir lo civilizada que es una cultura de acuerdo a la manera en que tratan a sus muertos. Conozco un rabino que encontró una forma novedosa de generar en sus congregantes una mayor valoración de la tradición judía: él los lleva a un tour de una casa fúnebre secular, y luego a visitar una casa fúnebre judía, donde el cuerpo es atendido por la jevrá kadisha, la sociedad judía de sepelios.

En la primera parada, entre muchas otras cosas perturbadoras, los congregantes ven que los empleados trabajan con un cadáver mientras en la habitación resuena música rock a todo volumen. La visita a la jevrá kadisha es muy diferente. Allí les explican cómo, de acuerdo a la ley judía, el cuerpo es gentilmente lavado en preparación para el entierro. Se recitan plegarias y un shomer (guardia) permanece con el muerto durante todo el proceso. La diferencia entre las dos casas de sepelios es sorprendente y tiene un fuerte efecto en la opinión de los congregantes sobre el judaísmo.

Un tema importante en Vaiejí, la parashá de esta semana, son los planes que Iaakov hizo para su entierro antes de morir. Iaakov fue el primer judío en organizar que su cuerpo fuera llevado de la diáspora a Israel para su entierro, una costumbre que han imitado miles de sus descendientes.

A Iaakov le preocupaba que su cuerpo fuera idolatrado por los egipcios si lo enterraban cerca del Nilo. Él también deseaba yacer junto a la tumba de su esposa y de sus ancestros, por eso le imploró a su hijo Iosef que se encargara de enterrarlo en Jevrón.

Iosef aceptó y cuando Iaakov murió, lideró una gran procesión acompañando el cuerpo de su padre desde Egipto hacia Israel.

La tradición judía le da gran importancia a la levaiá, el acto de acompañar al cuerpo sin vida hasta la tumba. Rashi presenta una lógica interesante para esta práctica, diciendo que va más allá de simplemente mostrar respeto por el muerto. Rashi escribe que, así como quien es amable con los pobres es cuidado por Dios como si fuese Su socio, quien es bondadoso con los muertos (quienes son más pobres que cualquier otra persona) seguramente también obtiene esa posición en su relación con Dios.

En el funeral de Iaakov, el discurso fúnebre es descrito como grandioso y pesado. Los comentaristas explican que tuvo mucho peso en los corazones de los deudos. De hecho, el judaísmo dice que el objetivo principal de un discurso fúnebre es generar en las personas una mayor valoración del fallecido, y profundizar su reconocimiento de lo que alguna vez tuvieron y ahora han perdido.

La shivá, el período de siete días de duelo que sigue el entierro de un pariente, fue instituida en este momento por la familia de Iaakov. El sentido común (así como la psicología moderna) apoya esta idea de dedicar siete días a un duelo profundo luego de una gran pérdida personal. Sin embargo, sorprendentemente, la tradición judía no considera a los deudos como los únicos beneficiarios del período de shivá. El Talmud explica que el alma del fallecido revolotea alrededor del cuerpo durante siete días, y que el espectro de las personas haciendo duelo por el cuerpo que el alma habitaba en el pasado ayuda a aliviar el dolor del alma.

A pesar de todos los grandes cambios que ocurrieron en el mundo desde el tiempo de Iaakov, las prácticas de duelo judías se mantuvieron intactas.

Que todos tengamos vida y bienestar.