Hace algunos años, una organización me pidió que recolectara historias para un libro que deseaba publicar. Yo reuní las historias y se las entregué a los administradores, quienes le pidieron a una persona allegada a la organización, un periodista independiente que había escrito muchas historias de tapa para revistas importantes, que las revisara. Este periodista me llamó y me dijo que pensaba que mi trabajo era terrible y me informó que me había equivocado de industria. Sus palabras me hirieron.

Pasaron unos meses y recibí una llamada de larga distancia. Era ese mismo periodista. A regañadientes acepté la llamada, sin saber qué esperar. Resultó que era un día antes de Iom Kipur y él me llamó para disculparse por su comportamiento. Por supuesto me impresionó mucho y logré dejar atrás el incidente.

Muchas fuentes hablan sobre la importancia de pedir perdón a los demás antes de Iom Kipur. La tradición judía señala que no sirve de mucho pedir perdón a Dios cuando uno lastimó a otra persona. ¡Porque no es Dios quien debe perdonarnos, sino la persona a quien herimos!

De acuerdo con muchos comentaristas, la fuente bíblica para la mitzvá de teshuvá se encuentra en la parashá de esta semana: Nitzavim. La Torá instruye a quien transgredió que debe volver a Hashem, tu Dios”. Entender que la teshuvá es un proceso de retorno es algo que se encuentra en la palabra misma que, aunque muchas veces se traduce equivocadamente como arrepentimiento, en realidad significa retorno. La teshuvá es el proceso mediante el cual restablecemos nuestra conexión con Dios y retornamos a la bondad básica que conforma la naturaleza humana.

El judaísmo es una religión de acción, por lo que no es suficiente con el arrepentimiento mental por los errores. Un versículo de la parashá de esta semana dice que "está muy cerca de tu boca (la teshuvá)". Najmánides toma este versículo literalmente y explica que la teshuvá requiere una articulación verbal de nuestras malas acciones.

Si una persona agredió a otra, debe disculparse directamente con ella. En los casos en que transgredimos la voluntad de Hashem, debemos confesarnos ante nuestro Creador en privado, sin que nadie nos escuche.

Para que la festividad de Rosh Hashaná logre un cambio verdadero y no quedarnos con otra serie de resoluciones incumplidas, debemos prepararnos adecuadamente. Por eso durante elul (el mes previo a Rosh Hashaná) se acostumbra a comprometerse a corregir un aspecto clave del comportamiento. Esta acción debe ser algo que pueda llegar a cumplirse realistamente, con un poco de esfuerzo.

Al efectuar un cambio permanente (incluso uno pequeño), se genera un impulso para el nuevo año. Combinado con las plegarias especiales de selijot, la recitación del vidui (la confesión verbal ante Dios) y el hecho de dar tzedaká (ya que el año fiscal judío termina el día antes de Rosh Hashaná), uno puede llegar a las fiestas sintiéndose elevado y conectado.

¡Que tengamos un año bueno y dulce!