Rav Isser Zalman Meltzer fue un gran sabio de Jerusalem que vivió hace unos 100 años. En una de sus clases de Talmud, un joven que por lo general no participaba en los diálogos dijo que la interpretación de Rav Méltzer contradecía al Sfat Emet, el gran comentarista talmúdico. Rav Méltzer, un destacado erudito en Talmud, se disculpó por su error y pidió permiso para continuar.

Después de la clase, uno de los mejores estudiantes de Rav Méltzer le dijo: "Rabino, no entiendo. En primer lugar, su interpretación no contradecía a la del Sfat Emet. Además, incluso si lo hubiera hecho, no tiene nada de malo ofrecer una explicación diferente".

Rav Méltzer le respondió: "Vi que en la clase había un hombre mayor que generalmente no viene a escucharme. Además, el estudiante que formuló la pregunta por lo general no participa de las discusiones. Pensé que estas dos circunstancias inusuales podían estar relacionadas. Quizás el hombre mayor estaba analizando al joven como un posible yerno. En ese caso, no quise provocar que el joven quedara mal”.

Una semana después se supo que la suposición de Rav Méltzer fue correcta: el estudiante que había formulado esa pregunta se comprometió con la hija del hombre mayor.

La verdadera humildad implica estar dispuesto a quedar mal uno mismo para ayudar a otros. Un ejemplo de esto lo encontramos en Kóraj, la parashá de esta semana.

Kóraj, un primo de Moshé y Aharón, comenzó una rebelión en su contra. Él sostuvo que Moshé y Aharón se apoderaron injustamente de los roles de liderazgo e ignoraron los poderes proféticos del resto de la nación. Kóraj dijo que Moshé y Aharón no eran más sagrados que el resto del pueblo y se burló de sus enseñanzas. Datán, Aviram y otras 250 personas se unieron a la causa de Kóraj.

¿Se justificaba el reclamo de los rebeldes? No, ¡era completamente absurdo! ¿Cómo podían acusar a Moshé de arrebatar el poder, cuando de hecho Dios tuvo que persuadirlo para que asumiera el rol de liderazgo? Más aún, la Torá describe a Moshé como el más humilde de los hombres. ¡Lo último que él deseaba era acaparar el poder!

Moshé les dijo a los rebeldes que si tenían alguna duda sobre la designación de Aharón como Sumo Sacerdote, estaba dispuesto a realizar la siguiente prueba: cada persona que deseara poner en duda la posición de Aharón debía llevar una ofrenda de incienso y aquél a quien Dios eligiera se convertiría en Sumo Sacerdote. Moshé estuvo dispuesto a arriesgar su posición para calmar a los rebeldes.

A continuación, en un sorprendente ejemplo de humildad, Moshé pidió reunirse con Datán y Aviram. A pesar de que eran rebeldes y provocadores, y que Moshé se arriesgaba a ser humillado al encontrarse con ellos, de todas formas intentó hacer las paces.

Como era de esperar, Datán y Aviram rechazaron la oferta de Moshé y lo insultaron. Al fracasar este último esfuerzo, la suerte quedó echada y el desafortunado episodio terminó cuando se abrió la tierra y tragó a los rebeldes.

De esta historia podemos aprender una dramática lección. Si bien Moshé actuó de la forma correcta y se expuso a los insultos y la humillación, él hizo todo lo que pudo para evitar una tragedia. Al actuar de esta forma, Moshé les dio a las generaciones siguientes un modelo ejemplar de lo que es la humildad, y mostró lo lejos que debemos llegar y dejar de lado el ego en beneficio de la paz.