Hace poco leí un informe sobre la naturaleza del mal. El informe declaraba que, en su mayoría, los culpables de los crímenes más atroces y violentos en otros aspectos responden a una descripción promedio. Una y otra vez, los vecinos de asesinos en masa se sorprenden al enterarse que el “buen muchacho de al lado” cometió actos tan horrendos. El artículo reportaba que, en general, actuaban como personas “buenas” y que su actividad malvada había sido la excepción.

El informe concluye que todos tenemos rasgos buenos y malos y que si bien ciertas circunstancias pueden llevar a individuos a ir más allá de los límites del comportamiento normal, no hay una base para afirmar que esas personas sean “totalmente malvadas”.

De hecho, aunque sería muy cómodo categorizar a ciertas personas como villanas, monstruosas y crueles, la Torá no describe tal realidad. Hasta los peores malvados pueden ser descriptos como capaces de hacer mucho bien. Quizás el ejemplo más sorprendente lo encontramos en la parashá de esta semana, Toldot.

Buena parte de la parashá describe la lucha entre Iaakov y Esav, su hermano gemelo. Esav es presentado como un violento hombre del campo, que lidera una cruel pandilla de 400 hombres. Él asesinó a muchas personas e incluso planeó matar a su hermano Iaakov (después de que este recibiera la bendición de su padre). Además, Esav es descripto como jugando en el campo, es decir, gratificándose en toda clase de actividades sexuales. Por lo tanto no sorprende que la tradición judía considere a Esav un rashá, una persona malvada.

Sin embargo, la tradición judía también ve a Esav bajo perspectiva. El famoso sabio talmúdico Rabí Shimón ben Gamliel era conocido por el gran cuidado que tuvo en el cumplimiento de la mitzvá de honrar a los padres. Sin embargo, él dijo: "Le serví fielmente a mi padre durante toda mi vida, y ni siquiera llegué a acercarme el nivel de honor con el que Esav sirvió a su padre Itzjak".

De hecho, la tradición judía declara que quizás nadie en la historia haya sido más escrupuloso que Esav al atender a las necesidades de sus padres. El Midrash remarca que Esav cumplía rápidamente cualquier pedido de su padre, e incluso se vestía con prendas especiales y reales para ir a ayudarlo. Aparentemente, la dedicación de Esav para cumplir uno de los diez mandamientos, honrar a los padres, fue una de las razones para que Itzjak creyera que él debía heredar el liderazgo judío y no Iaakov.

También Iaakov reconoce esta grandeza en su hermano Esav. Después de huir de Esav (quien desea asesinarlo), Iaakov permanece en Siria durante casi dos décadas. Él teme volver a Israel y enfrentar a Esav. ¿Por qué teme Iaakov? No sólo por el peligro físico que presenta la pandilla asesina de Esav, sino también por la gran elevación espiritual que poseía Esav debido a su cumplimiento de la mitzvá de honrar a los padres.

De todas maneras la tradición judía sigue refiriéndose a Esav como “el malvado”. Sus comportamientos asesinos y libertinos no pueden justificarse porque haya sobresalido en una mitzvá en particular. Por otro lado, la Torá claramente quiere que reconozcamos que las personas no encajan en categorías de blanco o negro.