En su etapa de estudiante de midrashá en Israel, mi esposa y sus amigas se preparaban sus propias comidas. Una noche, cuando mi esposa estaba a punto de asar un pollo, una compañera de cuarto la detuvo horrorizada.

—¿No sabes que no se puede cocinar un pollo entero? Primero debes quitarle las patas —le dijo su amiga.

Mi esposa jamás había escuchado algo así; tampoco los rabinos con los que consultó el tema al día siguiente. Entonces la compañera de cuarto le preguntó a su madre por qué cocinaba los pollos de esa forma. La madre dijo que lo había copiado de su propia madre, que era meticulosa en la observancia de las leyes de kashrut. Decidieron preguntarle a la abuela:

—¿Por qué siempre cortabas las patas del pollo?

—Muy simple —respondió la abuela—. ¡Porque no había suficiente lugar en la fuente!

Diferentes clases de leyes

A veces en el judaísmo puede surgir una costumbre extraña a causa de un malentendido. Pero con mayor frecuencia ocurre que la gente simplemente ha olvidado la intención de una costumbre importante. Por eso los rabinos hablan a menudo en contra de la observancia rutinaria de las mitzvot, y nos alientan a investigar el “por qué” detrás de la ley. (Aunque la falta de entendimiento no exceptúa a la persona del cumplimiento de la mitzvá).

Los rabinos también temieron que se confundieran las diferentes fuentes de la ley judía. Para evitarlo, hay distinciones claras entre las leyes que vienen de la Torá misma y las que instituyeron los rabinos. La ley rabínica, aunque sea observada con el mismo cuidado, no tiene el mismo estatus legal que una ley de la Torá (las costumbres, cuando son aceptadas por la comunidad, deben ser respetadas como si fuesen una legislación promulgada. De todos modos, no tienen el mismo valor que una ley).

Casos de duda

Hay unas pocas diferencias esenciales entre la ley de la Torá y la ley rabínica. Primero: mientras que una ley de la Torá jamás puede ser anulada, una ley rabínica puede llegar a ser revocada por un cuerpo rabínico calificado más grande que el que inició la ley.

Otra diferencia: cuando una persona está en duda respecto a si cumplió un mandamiento, entonces si la ley involucrada es rabínica, puede ser indulgente. Sin embargo, si la fuente de la ley es de la Torá, los casos de duda se deben tratar con rigor.

Aquí hay un ejemplo práctico: después de comer pan, si uno no está seguro de haber recitado birkat hamazón (la bendición para después de comer pan), debe recitarla de nuevo, porque la fuente de esta mitzvá es de la Torá. En cambio la bendición hamotzí que se dice antes de comer pan es un decreto rabínico, por lo que si alguien no está seguro de haberla recitado, no debe decirla una segunda vez.

Erigir un cerco

Muchos decretos rabínicos son llamados siaguim, cercos. Su propósito es evitar que se transgredan las leyes de la Torá, de la misma forma que un cerco protege de daños una propiedad. Los rabinos no inventaron por sí mismos esta idea de hacer cercos. En la Torá misma, al final de la parashá de esta semana, Dios les dice a las cortes rabínicas: “protejan mi pacto”. Esto significa que deben esforzarse para evitar que el pueblo transgreda las leyes de Dios.

¿Por qué? Así como Dios promulgó leyes que evitan que las personas realicen actividades nocivas, los Sabios recibieron la orden de promulgar leyes para evitar que el pueblo transgreda los dictámenes de la Torá. Al hacerlo, los rabinos se aseguraron de dejar bien claro qué leyes son de origen rabínico, para evitar una confusión que pudiera llevar a que la gente corte innecesariamente las patas de sus pollos antes de cocinarlos…