Y le dijo Hashem a Moshé: ‘Ve y baja, pues se corrompió tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto. Se alejaron rápidamente del camino que les ordené; hicieron un becerro, se inclinaron ante él y le ofrendaron y dijeron: ‘Este es tu dios, Israel, que te sacó de la tierra de Egipto’” (Shemot 32:7-8).

Uno de los episodios más sorprendentes de la historia de nuestro pueblo es el del becerro de oro. Innumerables explicaciones se han dado para intentar arrojar luz sobre ese alejamiento tan radical de la cercanía que experimentaron en el Monte Sinaí después de escuchar la voz Divina diciéndoles: “Yo soy tu Dios…” y “No tendrás otros dioses delante de Mí…”. Apenas 40 días después de escuchar la voz Divina prohibiéndoles la idolatría, parte del pueblo de Israel fue, por lo menos, cómplice pasivo de la fabricación y adoración de un becerro de oro.

Tan inexplicable es por qué construyeron y adoraron un ídolo, como también la velocidad con la cual se alejaron de Dios, a grado tal que Dios mismo testifica sobre ellos: “Se alejaron rápidamente del camino que Yo les ordené y se hicieron un becerro…”.

El Midrash1 agrega aún más: “…Rabí Shimón bar Jalaftá dijo: ‘Dos días estuvieron con Dios [y 38 días estuvieron pensando cómo hacer un becerro]’… Rabí Yehudá ben Rabí Ilai dijo: ‘Un solo día estuvieron con Dios’… Rabí Meir dijo: ‘Ni un solo día estuvieron con Dios; cuando estaban en el monte Sinaí, con sus bocas dijeron ‘naasé venishmá’, pero sus corazones estaban dirigidos a la idolatría, tal como dice el versículo ‘Y accedieron con su boca y engañaron con sus lenguas’ (Tehilim 78:36)”.

Rav Yerujam Levovitz2 pregunta sobre este Midrash: ¿cómo supieron Rabí Shimón bar Jalaftá, Rabí Yehudá ben Ilai y Rabí Meir que estuvieron tan poco tiempo unidos con Dios: dos días, un solo día o menos de un día, respectivamente? ¿Por qué no asumir, tal como se entiende de los versículos, que durante los 40 días posteriores a la entrega de la Torá ellos estuvieron unidos con Dios, posteriormente se desesperaron por la demora de Moshé en bajar del monte Sinaí y sólo después construyeron un becerro de oro?

Rav Yerujam responde: si el impacto de hablar con Dios les duró menos de 40 días, eso significa que la aceptación de la Torá nunca fue completa, tal como Rabí Meir lo señala explícitamente: con sus bocas dijeron ‘naasé venishmá’, pero sus corazones ya estaban pensando en cómo hacer idolatría. Desde el primer momento que dijeron con sus bocas que aceptarían sin reserva alguna a Dios y Sus leyes, desde ese mismo momento ya estaban contemplando la posibilidad de alejarse de Él.

La aplicación de esta idea es clara: en muchos momentos de la vida hemos tomado decisiones acerca de cómo mejorar algún aspecto de nuestras relaciones, cómo erradicar algún mal hábito o emprender un nuevo proyecto de mejoramiento personal. Muy probablemente, la mayoría de esos planes fracasaron poco después de haberlos comenzado. Uno se cuestionó si quizás las circunstancias y el contexto en el que tomamos esas decisiones no fue el adecuado, si quizás nos hizo falta más fuerza de voluntad, si quizás las tentaciones que posteriormente surgieron fueron demasiado fuertes como para sobreponerse a ellas. Es posible que cada uno de los factores anteriores haya contribuido al fracaso, pero Rav Yerujam señala que no necesariamente: quizás las circunstancias de la decisión sí fueron las adecuadas, sí poseía suficiente fuerza de voluntad y ciertamente podría haber vencido las tentaciones, pero como dijo Rabí Meir: en el mismo instante que tomé la decisión, lo hice con dudas y reservas.

No es para menos: el humo, el fuego y los temblores de la tierra que acompañaron la entrega de la Torá pudieron haberlos inducido a aceptar la Torá, pero nunca estuvieron totalmente convencidos y es por eso que el impacto les duró tan sólo 40 días.

Si en algún momento tomamos decisiones de mejorar algún aspecto de nuestra vida y no logramos mantenerlas de modo duradero, es porque faltó sinceridad y convicción en la decisión. Las decisiones reales permanecen y son duraderas, pero aquellas tomadas por causas externas son de poca duración.


1 Véase Shemot Rabá 42:7-8, donde se dan varias opiniones acerca de cuándo comenzaron a planear la fabricación del becerro de oro.

2 En Daat Torá, Shemot, página 285.