Todas estas maldiciones caerán sobre ti y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que seas destruido, porque no obedeciste la voz de Hashem tu Dios, de observar Sus preceptos y decretos que Él te ordenó. Serán una señal y una maravilla, en ti y en tu simiente, para siempre, porque no serviste a Hashem tu Dios con alegría y con buen corazón, cuando todo era abundante” (Devarim 28:45-47).

Esta parashá describe los terribles decretos que pueden caer sobre una persona que, tal como lo dice el versículo, “no obedeció la voz de Hashem, de observar sus preceptos y decretos que Él ordenó”. Sin embargo, lo que parece muy extraño es que también por no haber “servido a Hashem con alegría y con buen corazón, cuando todo era abundante”.

En otras palabras, ¿por qué merecemos decretos tan severos por no haber servido a Hashem con alegría y con buen corazón? Al fin y al cabo, sí lo servimos, sólo que no con alegría y buen corazón. ¿Por carencia de alegría hay tan terribles consecuencias?

Rav Menajem Mendel Kotzk, más conocido como el Kotzker Rebe cambia la puntuación del versículo y lo lee así: “…porque no serviste a Hashem tu Dios, con alegría y con buen corazón…”. En otras palabras: porque no serviste a Hashem tu Dios por una parte y esa falta de servicio y relación con Dios fue con alegría y con buen corazón.

Hay ocasiones en que evadimos la relación con Hashem: nos cuesta trabajo rezar adecuadamente, no ponemos tanta atención en las mitzvot, no las hacemos con la intención y cuidado necesarias. Eso es delicado, pero no merecería tanta severidad en los decretos. Simplemente lo dejamos de buscar y de servir adecuadamente.

Hay otras ocasiones donde la actitud sí merece repercusiones más severas y es cuando evadimos esta relación con Dios y lo hacemos con alegría.

A esto se refiere el Kotzker Rebe: no serviste a Hashem tu Dios; pero no solamente dejaste de servirlo, sino que alegremente dejaste de servirlo: “…porque no serviste a Hashem tu Dios, [y eso fue] con alegría y con buen corazón…”.