No pervertirás la justicia del prosélito ni del huérfano, y no tomarás la vestimenta de la viuda como prenda… Cuando recolectes tu cosecha en tu campo y olvides un manojo en el campo, no regresarás a tomarlo; será para el prosélito, el huérfano y la viuda, para que Hashem, tu Dios, te bendiga en todas tus obras. Cuando sacudas tu olivo, no quites todo el ramaje tras de ti; será para el prosélito, el huérfano y la viuda. Cuando coseches tu viñedo, no recogerás los frutos tras de ti; serán para el prosélito, el huérfano y la viuda. Recordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto…” (Devarim 24:17-22).

Los versículos anteriores enfatizan un concepto que, pese a reiterarse varias veces en la Torá, esa repetición es justamente un indicativo de su importancia: Dios se preocupa del converso, del huérfano y de la viuda, y nos ordena también a nosotros que nos preocupemos por ellos. Pero no sólo se preocupa, sino que esta preocupación Divina por los desprotegidos es parte integral de cómo Dios desea que nos relacionemos con Él. Los sabios enseñan:1

“Esto fue escrito en la Torá, reiterado en los Profetas y reiterado una vez más en los Escritos: “Dijo Rabí Iojanán: ‘Todo lugar en el que encuentras la grandeza de Dios, ahí mismo encontrarás Su humildad’. Está escrito en la Torá: ‘El Dios grande, fuerte e imponente….’2. Inmediatamente después dice: ‘…que defiende la causa de los huérfanos y las viudas’3. Fue reiterado en los Profetas al decir: ‘Porque así dice el Dios sublime y exaltado, que se asienta en las alturas y Santo es Su nombre, enaltecido y que mora en la Santidad…’4 y enseguida dice: ‘…Me hallo junto al contrito y humillado de espíritu, para animar el espíritu del humillado y animar el corazón del contrito’.5 Y está señalado otra vez en los Escritos: ‘Canten a Dios… exáltenlo a Él, que mora en los cielos más excelsos…’6 y luego está escrito ‘…Padre de los huérfanos y Juez protector de las viudas, Dios en el aposento de Su santidad’”.7

Difícil no estremecerse cuando leemos con detenimiento este pasaje del Talmud: la grandeza de Dios no se manifiesta exclusivamente en que es elevado, sublime o exaltado, sino también en (no a pesar de) que defiende la causa de los huérfanos y de las viudas. Al asemejarnos a Él en velar por las necesidades del huérfano y de la viuda, más cerca estamos de Dios. La espiritualidad no es para nosotros, sino para los demás.

Pero más que eso: los mandamientos de la Torá son los medios que Hashem nos da para relacionarnos con Él; siendo así, cumpliendo Sus mandamientos, nos relacionamos con Él; por lo tanto, cuando nos preocupamos por los conversos, huérfanos y viudas, nos relacionamos con Dios y nos volvemos más espirituales al estar en relación cercana con Dios. En otras palabras, la espiritualidad judía se expresa en actos de bondad hacia los necesitados, tanto o más que en el desarrollo egoísta de uno mismo.

Para decir lo mismo desde otra perspectiva, el ser humano posee la imagen Divina con la que fue creado. A medida que la persona desarrolla su imagen Divina, más se acerca a su Creador y mientras más distorsiona esa imagen, más se aleja de Él. Mientras más me asemejo a Él, más cerca estoy de Él. ¿Cómo desarrollo mi imagen Divina? Asemejándome a Él y haciendo lo que Él hace: preocupándome de los huérfanos, viudas, conversos y los más desprotegidos. De este modo desarrollo mi espiritualidad, me asemejo a Dios y me acerco a Él.


1 En Meguilá 31a

2 Devarim 10:17

3 Devarim 10:18

4 Yeshayahu 57:15

5 Yeshayahu 57:15

6 Tehilim 68:5

7 Tehilim 68:6