En muchas ocasiones, los comentaristas explican los versículos de la Torá de maneras distintas. En esos casos, la traducción a otros idiomas variará acorde a la diferencia en la que explicaron los versículos.

El versículo en Vayikrá 18:3 es un buen ejemplo de esto. Normalmente, la manera en la cual se traduce este versículo sigue a Rashí.

Como lo que se hace en la tierra de Egipto donde se establecieron en ella, no lo hagan; y no hagan lo que hacen en la tierra de Canaán a la que los traigo…” (Vayikrá 18:3).

Rashí explica lo corruptas que eran sus prácticas y el cuidado de no seguir su ejemplo: “Este versículo nos enseña que los actos de los egipcios y de los cananeos eran más corruptos que los de los otros pueblos y que los egipcios eran los más corruptos de todos”.

Otro comentarista, el Kli Yakar, lo explica de manera distinta: “Lo que hicieron en Egipto, no lo hagan: [el hecho de que] se establecieron en ella…”. La diferencia entre ambas explicaciones es enorme: para Rashí, uno no debe hacer lo que hacían los habitantes de Egipto cuando el pueblo judío estaba allí. Para el Kli Yakar, no debemos hacer lo que nosotros mismos hicimos en la tierra de Egipto.

Acorde al Kli Yakar, ¿qué fue lo que hicimos? Nos establecimos allí. Es cierto que fue por Providencia Divina que el pueblo judío llegó a Egipto, pero no debimos establecernos allí. El Kli Yakar cita varios versículos que muestran que ellos deseaban quedarse en Egipto y deseaban también regresar allí después de que salieron1. Pero no sólo eso: el Kli Yakar agrega que no querían salir porque deseaban hacer lo que los egipcios hacían y por eso quisieron quedarse y establecerse allí.

¿Qué tenía de especial Egipto que deseaban quedarse y establecerse allí? Egipto es llamado Ervat haaretz2, literalmente la “desnudez de la tierra” y se caracterizaban por su gran inmoralidad.

Aunque el pueblo judío no cometía esos pecados de inmoralidad, quería seguir en Egipto y convivir con los egipcios que sí los cometían. Vemos de aquí un fenómeno interesante: hay personas que prefieren la esclavitud a la libertad, con tal de seguir cerca de personas bajas. La razón es porque en su corazón sí desearían hacer estas cosas, aunque en la práctica no las hagan y nuestros sabios lo dicen muy claramente: al esclavo le satisface vivir una vida libre de obligaciones y responsabilidades3.

Puede ser que nosotros estemos en un camino de crecimiento espiritual, pero de todas maneras no nos atrevemos a separarnos de personas moralmente bajas4. En esos casos, debemos preguntarnos: ¿por qué sigo buscándolos? ¿Por qué continúo conviviendo con ellos? La respuesta, quizás, es porque hay aspectos de su manera moralmente laxa de vivir que todavía me atraen y que me gustaría hacer, aunque en la práctica no me atreva a hacerlos.


1 Entre otros, Shemot 16:3 y Bamidbar 14:4.

2 Bereshit 42:9.

3 Guitín 13a.

4 Por supuesto no nos referimos a familiares cercanos con quienes debemos convivir, respetar e intentar influenciar positivamente de una manera inteligente y sutil.