Y Moshé hizo que los hijos de Israel viajasen del Mar Rojo…” (Shemot 15:22).

De este versículo se entiende que fue Moshé, no Dios, quien los hizo viajar inmediatamente después de haber cruzado el mar. Sobre esto, el Midrash comenta1: “Rabí Eliézer dice: ‘No viajaron por instrucción de Dios, sino que fue Moshé quien los hizo viajar con un palo, pues una vez que vieron los cadáveres de los egipcios que estaban flotando sobre el mar, dijeron: ‘No sobrevivió ninguno de ellos, nombremos un líder y regresemos, hagamos un ídolo que vaya delante de nosotros y regresemos a Egipto’. Quizás pensarías que lo pensaron pero no trataron de hacerlo, sobre esto dice el versículo “Pero ellos [los hebreos] y nuestros padres se comportaron malvadamente y endurecieron sus cuellos y no escucharon Tus mandamientos. Y se rehusaron a escuchar y no recordaron Tus maravillas y endurecieron sus cuellos y nombraron a un líder para regresar a la esclavitud en su rebeldía” (Nejemia 9:17). Por eso el versículo señala que fue Moshé quien los obligó a avanzar después que se partió el mar.

Como siempre, el Midrash nos sorprende: después que los hijos de Israel presenciaron las plagas, salieron de la esclavitud egipcia y cruzaron el mar, se rehusaron inmediatamente a seguir avanzando y trataron de regresar a Egipto. Pero no sólo eso, pues el versículo en Nejemia es bastante claro: “Y se rehusaron a escuchar y no recordaron Tus maravillas y endurecieron sus cuellos y nombraron a un líder para regresar a la esclavitud en su rebeldía”. El deseo de rebelarse contra Dios fue tan poderoso que estuvieron dispuestos a regresar a la esclavitud en su rebeldía.

Todo ser humano posee un impulso natural a rebelarse contra cualquier autoridad superior a él. De hecho, gracias a este impulso es que los habitantes de algún país cambian gobiernos y se sublevan en contra de los líderes que los oprimen. Pero no sólo contra gobiernos: este impulso a la rebeldía nos lleva a atentar contra todo aquello que nos limita, inclusive si es benéfico para nosotros.

Hace algunos meses visité una Casa Hogar para niñas huérfanas de bajos recursos. Me sorprendió que la casa estuviese con púas por encima de las paredes, pues daba la impresión que la Casa Hogar las encerraba, impidiéndoles salir. Le pregunté a la directora de la Casa Hogar por qué las tenían encerradas; ¿acaso las tenían en contra de su voluntad? Ella me respondió que no, que las niñas iban por su propia voluntad a una escuela cercana todas las mañanas. Siendo así, ¿para qué las púas? Me contestó: “Cuando las puertas están abiertas, nadie se escapa. Cuando las cerramos, tratan de escaparse en las noches”.

El impulso a la rebeldía es un impulso natural que nos lleva a rebelarnos contra aquello que nos limita, simplemente porque nos limita.

El Talmud2 relata un diálogo entre Rabí Yehudá haNasí y Antoninus acerca de cuál es el primer momento en el cual el iétzer hará ingresa al ser humano. Rabí Yehudá haNasí le da la razón a Antoninus que es partir de que el ser humano nace y no desde el momento en que fue concebido, tal como Rabí Yehudá haNasí opinaba. El argumento de Antoninus con el cual convenció a Rabí Yehudá haNasí fue: “Si el iétzer hará estuviese dentro de su madre estando ella embarazada, el bebé patearía a su madre para intentar salir”. La implicación es tremenda: si el bebé sale de su madre estando aún ella embarazada y antes que sea el momento adecuado de nacer, el bebé moriría, pues su sustento depende de la madre. Pero así es el impulso natural a la rebeldía: no importa que uno muera, no quiero depender de algo o alguien superior a mí, no quiero subyugar mi voluntad a una fuerza superior. Muchas personas no tienen problema alguno en aceptar a Dios como el Creador del universo, siempre y cuando Él no se inmiscuya en sus vidas.

El pueblo judío estuvo dispuesto a regresar a la esclavitud de Egipto en su rebeldía contra Dios. En Egipto serían esclavos, pero no importa: el impulso a la rebeldía los llevó a rebelarse contra Dios, pues se dieron cuenta que dependían totalmente de Él.


1 Shemot Rabá 23.

2 Sanhedrín 91b.