Cinco toros pagará por el toro y cuatro ovejas pagará por la oveja…” (Shemot 21:37).

El contexto de esta ley es la siguiente: si un ladrón roba un toro, deberá pagar en compensación cinco toros, pero si roba una oveja deberá pagar sólo cuatro ovejas. La pregunta obvia es ¿por qué la Torá obliga al que se robó un toro a pagar cinco veces más de lo que robó, pero si roba una oveja deberá pagar sólo cuatro veces más?

Los sabios explican1: “Dijo Rabí Yojanán ben Zakai: vean que tan importante es mantener la dignidad de la persona: en el caso de un toro robado, el toro sale caminando por su propio pie, y la pena es cinco veces más de lo que robó, pero en el caso de una oveja que sale siendo cargada en los hombros del ladrón, sólo tiene que pagar cuatro veces más”.

En otras palabras, cuando un ladrón roba un toro, se lleva el toro haciéndolo caminar por su propio pie y la Torá le impone la multa de tener que pagar cinco veces el valor del toro que se robó, pero si un ladrón roba una oveja, lo hace con la incomodidad de cargarla en sus propios hombros, por lo que la Torá le impone la pena de pagar solamente cuatro veces el valor de la oveja.

Sobre esta ley tan inusual, Rav Yerujam Levovitz2 hace la siguiente observación: no son comparables las situaciones en las cuales una persona comete un pecado disfrutando el pecado, que cometer el mismo pecado pero sin disfrutarlo. El ladrón que roba la oveja tiene que cargar la oveja en sus propios hombros y se reduce el placer de robarla. El ladrón que se roba el toro haciéndolo caminar por sus propios pies disfruta más el acto de robarlo que si lo cargase sobre sus hombros, por lo tanto su castigo es mayor3.

Pese a que la Torá le da una gran importancia a los actos, también el estado de ánimo que uno tiene en el momento de efectuar ese acto es importante. Si uno hace un acto, sintiéndose bien de hacerlo, el impacto de ese acto será más poderoso que si lo lleva a cabo sin experimentar placer alguno. Si, por el contrario, uno realiza un acto sintiéndose mal por haberlo hecho, el impacto espiritual de ese acto será menor a que si lo hiciese de buena gana.

No estoy recomendando a nadie transgredir ninguno de los mandamientos de la Torá o alguna de las leyes rabínicas, pero si alguien ya decidió que va a pecar, que por lo menos trate de minimizar el placer experimentado en cometerlo. De esta manera el impacto espiritual de la trasgresión será menor a que si lo viola disfrutándolo.


1 En Babá Kamá 79b.

2 Citado en Darké Musar, de Rav Yaakov Neiman.

3 Quizás lo mismo aplica a la recompensa de los buenos actos que uno hace: si disfruta la mitzvá que está llevando a cabo, su recompensa será mayor a si hace la misma mitzvá pero sin disfrutarla.