Ellos se sentaron frente a él, el primogénito según su primogenitura y el menor según su minoría de edad. Los hombres se miraron, sorprendidos. Él hizo que les sirvieran sus porciones y la porción de Binyamín era cinco veces más grande que la de cualquiera de los demás. Bebieron y se embriagaron junto con él” (Bereshit 43:33-34).

Rashí explica por qué la Torá señala que tanto Yosef como sus hermanos se embriagaron: “Desde el día que los hermanos vendieron a Yosef, ni ellos ni Yosef habían bebido vino, pero ese día sí bebieron vino”.

¿Y por qué ni los hermanos ni Yosef habían bebido vino durante todos los años que transcurrieron desde la venta de Yosef hasta ese día que se reencontraron? Explica Rav Shlomo Wolbe:1 por empatía (en hebreo nosé beol jaberó). Yosef nunca bebió vino ni mucho menos se embriagó por respeto al dolor de su padre (Yaakov creía que Yosef había muerto). Del mismo modo, sus hermanos tampoco bebieron vino ni se embriagaron por respeto al dolor de su padre de verse separado de Yosef. El hecho que los hermanos hayan creído que hicieron lo correcto al vender a Yosef y separarlo de su padre no los excluyó de sentir empatía por el dolor que estaban causando.

Existe una idea similar en las leyes del Sanhedrín:2 cuando un tribunal debía aplicar la pena capital a una persona que lo merecía, aún así debían ayunar ese día, para sentir un poco del dolor de la persona que estaban juzgando. ¡Qué diferentes eran los jueces de la Torá de ese entonces! Hoy en día, cuando los jueces en los países que todavía existe la pena capital deben aplicársela a alguien, juzgan y se van. Al fin y al cabo, el acusado se la merece. Pero no rezan por él, no ayunan por él, no necesariamente sienten su dolor.

La empatía es una virtud que todos nosotros debemos desarrollar, inclusive hacia las personas que creemos que no merecen nuestra solidaridad o compasión.

Rav Elya Lopián relató una vez una anécdota del Alter de Kelm (Rav Simja Zissel Broide): el Alter de Kelm era una persona en quien se podía ver la santidad y la serenidad de Shabat en su rostro. No obstante, en cierto Shabat no se distinguía en el rostro del Alter esa aura especial que siempre mostraba. Cuando terminó Shabat, le preguntaron la razón de su pesar y él respondió que el día anterior había fallecido una persona3 que había hecho mucho daño al judaísmo en Rusia. Y dijo el Alter: “¿Quién puede imaginarse el dolor que su alma sufre ahora que se dio cuenta que todos sus esfuerzos fueron en vano?”.

La virtud de la empatía, de sentir el dolor de otra persona, se aplica inclusive a aquellas personas que uno cree que se merecen lo que están experimentando, con mayor razón a aquellos que desconocemos la razón de su pesar.


1 Shiuré Jumash, Bereshit, página 351.

2 Sanhedrín 63a.

3 Peretz Smolenskin.