Escucha cielo, y yo hablaré y la tierra escuchará las palabras de mi boca. Que mi enseñanza caiga como la lluvia, que mi palabra fluya como el rocío; como vientos de tormenta sobre la vegetación y gotas de lluvia sobre las briznas de pasto (Devarim 32:1-2).

En esta parashá, Moshé hace una comparación de las palabras de la Torá con la lluvia y el rocío: “Que mi enseñanza caiga como la lluvia, que mi palabra fluya como el rocío; como vientos de tormenta sobre la vegetación y gotas de lluvia sobre las briznas de pasto”.

En otro versículo, el profeta Yeshayahu hace una comparación similar: “Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come, así será Mi palabra que sale de Mi boca; no volverá a Mí vacía, antes hará lo que Yo quiero, y prosperará en aquello para que la envié” (Yeshayahu 55:10-11).

Vemos tanto en los versículos de esta parashá como en los versículos del profeta, que las palabras de la Torá se comparan a la lluvia, a la nieve y al rocío. ¿En qué sentido se comparan? El Gaón de Vilna enseña que la Torá, como la lluvia y el rocío, tiene la capacidad de hacer crecer.1 No obstante, para que la lluvia haga crecer, debieron haberse plantado previamente las semillas. La lluvia hace crecer y germina las semillas, independientemente de cuáles sean estas semillas.

Si nos preparamos purificando y refinando nuestra personalidad, las palabras de la Torá que estudiemos harán que lo que está dentro de nosotros mismos (nuestras “semillas” que tenemos dentro) crezcan. Si no queremos mejorar nuestra personalidad, esas palabras de Torá también nos ayudarán a desarrollar las “semillas” que tenemos dentro. El estudio de la Torá hace crecer lo que está plantado dentro el ser humano. Si es una persona refinada, la Torá lo refinará aún más; si es una persona que moralmente deja mucho que desear, la Torá intensificará más esos defectos.2

Las personas pueden estudiar Torá y usar ese conocimiento para racionalizar su conducta y justificar sus propios defectos de carácter. De hecho, mientras más estudien Torá sin una voluntad consciente de corregir sus defectos, mejores excusas tendrán para justificar sus actos y reacciones. La Torá hace crecer lo que está dentro de uno mismo: si es una persona con deseo de mejorar, las palabras de Torá —como la lluvia— harán crecer ese deseo y le proporcionarán herramientas para corregir su personalidad. Si no tiene una voluntad verdadera acompañada de actos específicos para mejorar sus defectos, la Torá lo ayudará a que esos defectos se arraiguen más a su personalidad.


Notas:

1 Ében Shelemá, Capítulo 1

2 Véase Shabat 88b, donde vemos que la Torá puede ser una pócima de vida o una pócima de muerte.