Para cualquier persona que vive en la sociedad contemporánea, es claro que vivimos en una sociedad que le da gran importancia a lo material. Muchos de nosotros nos preocupamos por buscar una mejor casa, tener mejores autos y comprar ropa que tenga logo de diseñador a la vista. Si gozamos de una mayor estabilidad financiera, buscaremos también lugares exóticos dónde pasar nuestra luna de miel o comprar casa en ciudades veraniegas. No basta con comer: vamos a restaurantes y a restaurantes lujosos. En pocas palabras, muchos de nosotros vivimos en una sociedad de consumo en la que se le da gran importancia a lo material.

Vivir inmersos en una sociedad materialista tiene sus costos: superficialidad, mayor envidia de lo que el otro posee, competencia feroz entre las personas y propensión a la frustración en aquellas personas que no logran mantener el nivel de vida de las otras personas de su círculo social.

Siendo así, las personas que poseen una sensibilidad más desarrollada hacia lo espiritual, rechazan el materialismo de la sociedad y buscan prácticas y disciplinas más espirituales, creyendo que simplemente por el hecho que son espirituales serán conducentes a una vida más plena.

El ejemplo de Bilaam en esta parashá nos enseña que no necesariamente es así. Bilaam fue una persona extremadamente espiritual, a grado tal que poseía el nivel de profecía, al que muy pocas personas a lo largo de la historia han accedido. Para citar sólo algunos ejemplos que los sabios mencionan:

  • Bilaam era capaz de percibir seres espirituales (malajim, que se traduce normalmente como 'ángeles').1

  • Según el Midrash, Bilaam fue el mayor de todos los profetas no judíos que han existido,2 y tenía la capacidad de escuchar a Dios.

  • Él conocía el Daat Elión, refiriéndose a la capacidad de percibir cómo reaccionará Hashem en ciertas circunstancias.3

Si definimos como espiritual a alguien que es capaz de percibir la dimensión espiritual que existe en el mundo y de actuar en base a ella, no hay duda que Bilaam fue una persona muy espiritual: veía ángeles, Hashem hablaba con él y conocía de Hashem lo suficiente como para saber en qué momento se enojaría.

Sin embargo, los sabios nos aclaran que fue una persona extremadamente malvada, practicante de brujería y zoofilia, con grandes dosis de codicia, lo cual no es exactamente lo que pensaríamos de una persona espiritual.

La espiritualidad de una persona es justamente lo que mencionamos hace unas líneas: la capacidad de percepción de las leyes espirituales que existen en el mundo y la disposición de vivir acorde a ellas. Pero en el mundo existen fuerzas espirituales de bondad y maldad, de pureza e impureza. Una persona versada en brujería percibe fuerzas espirituales, pero las usa para negar a Hashem y en la mayoría de las ocasiones para hacer el mal. El hecho de ser espiritual no implica bondad en la personalidad ni buscar el perfeccionamiento del carácter ni hacer lo que Dios desea de nosotros. La espiritualidad no implica valor moral alguno.

Aunque seamos testigos de los daños que provoca vivir en una sociedad tan materialista como la que existe en nuestros días, el objetivo en la vida no es simplemente ser espiritual. Muchos de nosotros buscamos experiencias espirituales y nos defraudamos cuando no las experimentamos o nos frustramos porque en el camino judío de espiritualidad esas experiencias están reservadas a aquellos que han invertido largos años de estudio y preparación. Pero el objetivo de nuestra vida no debe ser buscar esas experiencias espirituales, sino crecer como personas en base a los criterios que la Torá establece, saber que existen leyes y fuerzas espirituales (aunque uno no las perciba) y hacer lo que Dios pide de nosotros. Si además somos capaces de percibir ángeles, qué mejor, pero eso no es lo esencial.


1 Bamidbar 22:28.

2 Bamidbar Rabá 20.

3 Berajot 7a.