En esta parashá encontramos muchas mitzvot de la Torá. De las casi 50 mitzvot que encontramos en esta parashá, la gran mayoría de ellas son bein adam lejaveró (entre uno mismo y su prójimo). De estas mitzvot bein adam lejaveró, casi la totalidad de ellas se refieren al respeto de las posesiones materiales del prójimo o en velar por su bienestar material y físico y hacer lo posible para ayudarlo en estas áreas1. En este sentido, es extraño darse cuenta que casi todas las mitzvot que exigen ayudar al prójimo, se refieren a ayudarlo en lo físico y en lo material y no en lo espiritual. Es extraño, porque uno supondría que lo esencial no es este mundo, sino el mundo venidero; lo importante de la persona no es su estado físico sino su espiritualidad. En este sentido, ¿por qué la Torá le da tanta importancia a lo material del otro y sólo existe una sola mitzvá que nos pide preocuparnos de su estado espiritual?2

El Alter de Kelm da una respuesta aleccionadora: la mayoría de las personas tienden a preocuparse por las necesidades espirituales del otro, decirle que tienen mal colocados sus tefilín, que deben pronunciar las berajot adecuadas por los alimentos, le aclaran si algún acto está prohibido en Shabat, que tal o cual objeto es muktzé, que está prohibido hablar en cierta parte de la tefilá, etc. Sin embargo, son pocos los que se preocupan por su bienestar material y se esfuerzan en darle de comer al que lo necesita, de encontrarle un trabajo al desempleado, en hacer lo posible para que tenga dinero para pagar sus medicinas y honorarios médicos. La razón es, dice el Alter de Kelm3, porque lo espiritual no nos cuesta casi nada. Decirle a alguien que cierto acto está prohibido en Shabat no nos costó dinero alguno, pero ayudarle a pagar sus gastos médicos sí nos cuesta dinero.

Resulta ser que nos preocupamos por el bienestar espiritual del prójimo porque no nos cuesta y no nos preocupamos del bienestar material del otro porque sí nos cuesta y no queremos hacer ese gasto. ¿Por qué no queremos hacer ese gasto? Porque no queremos desprendernos de nuestro dinero. En otras palabras, porque apreciamos nuestros bienes materiales y no queremos dárselos a la otra persona.

Como apreciamos tanto lo material, no nos preocupamos por el bienestar material del otro. Como la preocupación espiritual del otro no nos cuesta, con gusto velamos para que la otra persona esté espiritualmente bien. El Alter lo dice explícitamente: “Como no valoramos tanto la espiritualidad, nos preocupamos por su Mundo Venidero”. Si la persona no está dispuesta a ayudar materialmente a los demás, probablemente es porque está demasiada apegada a lo material.

Sólo aquella persona que esté dispuesta a preocuparse por el bienestar material de los demás es aquella que en verdad valora lo espiritual. La gente materialista sólo se preocupa por el bienestar espiritual de los demás. La gente verdaderamente espiritual se preocupa por lo material y por lo espiritual del prójimo.

Como decía Rav Israel Salanter: “Las necesidades materiales de los demás son mis necesidades espirituales”. Por eso la Torá le da tanto énfasis a cubrir las necesidades materiales de los demás, para ayudarlo y así desarrollar una espiritualidad verdadera.


1 Tan sólo de esta parashá, vemos las siguientes mitzvot que nos ordenan preocuparnos por su bienestar material. Entre ellas están: Dejar la peá (rincón) del campo de trigo para el pobre y el extranjero, No segar la peá del campo, Dejar lo cosechado que se cayó de su recipiente o de la mano, para que sea recogido por los necesitados, No recoger las espigas que cayeron de lo que fuera cosechado, para que sea recogido por los necesitados, Dejar la peá (rincón) del viñedo para el pobre y el extranjero, No recoger todos los frutos del viñero, sino dejar la peá para los necesitados, Dejar tirado lo que se cayó del viñedo naturalmente, o luego de cosechado de su recipiente, para provecho de los necesitados, No recoger rebuscando todo del viñedo, sino que dejar lo "olvidado" para provecho de los necesitados, No robar ningún bien material, No engañar sobre bienes materiales (en especial sobre prendas de otros), No jurar en falso para engañar materialmente, No oprimir económicamente a otro, No asaltar, No tardar en pagar el salario, No engañar en medidas (en ninguna de ellas) y Tener pesos y medidas justas.

2 Esta mitzvá es la de tojajá, que nos exige reprender al prójimo cuando vemos que está cometiendo un pecado.

3 En Jojmá uMusar, segundo volumen, Maamar 242.