¿Qué hace falta para ser una persona que personifica el jésed, la bondad? Tendemos a asociar la bondad tanto con emociones como con comportamientos. Siento simparía hacia alguien y lo ayudo con una acción. Sin embargo, hay un elemento esencial del jésed que a menudo se deja de lado: el pensamiento.

La Dra. Nancy Eisenberg, una psicóloga que estudia la importancia del comportamiento prosocial (lo que nosotros podríamos llamar jésed), considera que ayudar a otros requiere varios procesos que en esencia son cognitivos. En primer lugar, necesitamos ser capaces de percibir las necesidades del otro al interpretar la situación y hacer inferencias respecto a lo que el otro piensa o siente. Luego necesitamos evaluar cuál es el curso de acción más beneficioso. Finalmente, tenemos que formular y llevar a cabo un plan para ayudarlo. En síntesis, ella sostiene que el comportamiento prosocial requiere percepción, razonamiento, resolución de problemas y toma de decisiones.

No debería sorprendernos que al buscar una esposa para Itzjak, el siervo de Abraham enfocara su prueba en la cualidad del jésed. A fin de cuentas, su amo era el epítome de la bondad. Como señalamos la semana pasada basados en lo que dijo Rav Moshé Alshij, un componente esencial de la bondad de Abraham era su capacidad de usar su inteligencia social para predecir y tener en cuenta todas las posibles preocupaciones de los ángeles, para poder ayudarlos de la mejor manera posible. Por lo tanto, podemos plantear la hipótesis de que como parte de su búsqueda de alguien que tuviera la cualidad de jésed, el siervo de Abraham incorporaría una prueba que le permitiera evaluar cómo se relacionaba con la bondad la potencial pareja de Itzjak.

En un nivel simple, el versículo indica que Rivká demostró bondad al ofrecer dar de beber tanto al siervo como a los camellos. Pero si lo estudiamos en profundidad, veremos que hay un profundo análisis de Rivká. El Malbim señala que Eliezer no sólo le pidió a Rivká que le diera agua, sino que él le pidió que ella inclinara el cántaro para él en vez de tomarlo y beber solo. Ella podría haberle respondido con enojo: "Beba solo, ¡yo no voy a verter el agua en su boca!". Pero ella no reaccionó de esa forma.

Ella respondió con sabiduría, sensibilidad y perspectiva. Rivká pensó: "¿Por qué me pide que vierta yo el agua? Debe ser que tiene algún problema en su mano y no puede sacar agua por sí mismo. Si no puede beber solo, ¡tampoco será capaz de sacar agua para sus camellos!" Por eso ella respondió de forma positiva a su pedido e incluso fue más allá y proveyó agua también para los camellos. Rivká fue capaz de pensar más profundo y comprender el verdadero problema. La prueba de Eliezer no era sólo de bondad, sino de una bondad inteligente.

Rav Iosef Dov Soloveitchik, en su comentario Beit HaLevi, también considera que la prueba del siervo de Abraham fue corroborar si Rivká demostraba inteligencia y sensibilidad en el contexto del jésed. La prueba, en su opinión, no fue si le iba a dar agua a él. Eso no hubiera sido algo tan especial. La prueba era, qué iba a hacer con el agua que quedaba en el cántaro después de que él bebiera.

La primera opción hubiera sido llevar el agua a su casa y dársela a su familia, tal como originalmente planeaba hacer antes de que él le pidiera agua. El problema con seguir con su objetivo original es que para Rivká esa persona era un nómada desconocido. No hubiera sido higiénico permitirle beber de su cántaro y luego llevarle el agua restante a su familia.

La segunda opción era derramar el agua que quedara en el cántaro. El problema con esta opción es que eso podría insultar a la persona a quien había ayudado.

Estancada entre dos malas opciones, ella resolvió el problema y pensó en una maravillosa idea: ¡les daría el agua a los camellos! De esta forma nadie se enfermaría y nadie se sentiría insultado. Ella no sólo demostró que le gustaba ayudar a los demás, sino que también era sana, sensible e inteligente.

El jésed no se trata sólo de hacer, sino que requiere inteligencia. Realmente entender la profundidad de lo que alguien nos pide es esencial para ayudar de forma efectiva.

Descubrir lo que no fue pedido a menudo es más importante que identificar lo que sí pidieron. Pensar en las opciones y las potenciales consecuencias es necesario para poder tomar decisiones sensibles y adecuadas. Que todos podamos aprender de Abraham y Rivká y no sólo hagamos actos de bondad, sino que hagamos bondad inteligente.