La palabra Torá significa, literalmente, ‘instrucciones’. En nuestras plegarias diarias nos referimos a ella como Torat Jaim, ‘instrucciones para la vida’. Hashem es nuestro Padre Celestial, Quien nos creó y quiere para nosotros sólo nuestro bien. Quiere darnos placer y, por medio de la Torá, nos enseña a vivir y aprovechar la vida al máximo. Entonces, cuando estudiamos Torá, siempre debemos preguntarnos: ¿Qué está tratando de enseñarme Dios?

La Mishná nos dice que Abraham Avinu superó diez pruebas. ¿Por qué Dios tenía que ponerlo a prueba? ¿Acaso no conocía a Abraham?

La prueba no fue para Hashem; cada prueba fue calibrada a la perfección para ayudar a Abraham a crecer. Esa es la idea de todas las pruebas. Cada prueba que tienes en tu vida, cada desafío, es enviado por Dios para ayudarte a crecer. Examinemos cuidadosamente la primera prueba de Abraham y veamos lo que nos enseña.

La Torá dice: “Hashem le dijo a Abram: ‘Vete por ti mismo de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré. Y te convertiré en una gran nación, te bendeciré y te daré un gran nombre, y serás bendición’” (Bereshit 12:1-2).

¿Cuál es la prueba? ¿Es tan impresionante que Abraham haya abandonado su hogar? Cada año, miles de personas se mudan a Israel, o a otro lado. Más aún, si Dios te hablara y te dijera que dejes tu país para ir a Israel, ¿no dejarías todo e irías? Incluso si ya estuvieras viviendo en Israel y Hashem te dijera que vayas a China, ¿no es obvio que irías? ¡Dios mismo te está diciendo que vayas! Entonces, ¿por qué tanto alboroto? ¿por qué se considera esta una de las diez pruebas que Abraham tuvo que superar?

Al revés

Enfoquémonos en las palabras de la Torá para encontrar la respuesta. En el versículo encontramos algo muy extraño: “Hashem le dijo a Abram: ‘Vete por ti mismo de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré’”. Esto es como decir: Deja tu país, deja tu ciudad y deja tu casa para ir a Israel”. ¿Es así como redactarías la orden de dejar tu país?

Si dejaras tu país, ¿no habrías dejado ya tu ciudad? Y si dejaras tu ciudad, ¿no habrías dejado ya la casa de tu padre? El versículo no está escrito en un orden lógico y, además, parece redundante. Primero dejas la casa de tu padre, luego la ciudad en que vives y, por último, tu país. ¿Por qué Hashem revirtió el orden?

Debe ser que Hashem no está describiendo una partida física. En cambio, le está presentando a Abraham el desafío más difícil: dejar detrás el impacto espiritual que esos lugares tienen en él. Desde esa perspectiva, el orden ahora parece perfectamente lógico; va desde una esfera de influencia menor (su país) hasta la esfera más intensa (su hogar).

La Torá nos enseña que los valores y las creencias vienen de tres fuentes primarias: tu sociedad (tierra), tu grupo social (lugar de nacimiento) y tu hogar.

Las tres esferas de influencia

Para crear una relación con Hashem, lo primero que necesitas abandonar es la influencia de tu sociedad en general; tus creencias no pueden ser simplemente un resultado del lugar en el que naciste. Tienes que volverte sumamente independiente y aprender a pensar por ti mismo. Tienes que dejar detrás las ideas falsas que has heredado de la sociedad en la que estás sumergido, ya sea la civilización secular occidental o la sociedad politeísta en la que fue criado Abraham.

El paso siguiente es dejar tu lugar de nacimiento. Esto es más difícil. Significa dejar atrás los valores que absorbiste de tu sociedad más cercana, de tu escuela y de los medios que te rodean. ¿A quiénes respetan tus amigos? ¿Cómo definen el éxito? Eso ya no determina a quién respetas y cómo defines el éxito.

Y, por último, debes dejar atrás el impacto de la casa de tu padre. Esto no significa abandonar a tus padres y cortar relaciones con ellos. Significa dejar atrás la identidad que te dieron, las limitaciones que pueden haber puesto en ti y las expectativas que no necesariamente son para tu mejor interés. Analiza todo eso. Sé independiente. Lej lejá significa ‘vete para ti mismo’, descubre quién eres y en qué crees realmente. No renuncies a tus aspiraciones y a obtener claridad sobre lo que es correcto.

Al entender la prueba de Hashem a Abraham como el desafío de alcanzar la independencia, podemos apreciar por qué es una prueba seria. No fue sólo abandonar físicamente un país. Dios le dijo a Abraham que reevaluara por completo todos sus valores y la forma en que percibía al mundo y a sí mismo, para volverse completamente independiente. No es una tarea fácil.

¿Por qué no menciona Ur Kasdim?

Hay otra pregunta respecto a la primera prueba de Abraham. De acuerdo al Midrash (Bereshit Rabá 38:13), antes de que Hashem se le apareciera a Abraham para decirle que abandonara su país, Abraham había destruido los ídolos de su padre y comenzado a enseñar monoteísmo. Nimrod, el rey de Shinar, percibió esto como una amenaza y le dio a Abraham un ultimátum: o se reverenciaba ante los ídolos o era arrojado a un horno ardiente.

¿Qué habrías hecho? Podrías haber salvado tu vida reverenciándote ante unos ídolos. Después de todo, es sólo una acción exterior; en tu corazón sabrías que no tiene sentido.

Pero Abraham entendió, incluso antes de que la Torá fuera entregada, que la obligación de Kidush Hashem (santificar el nombre de Dios) requería que uno diese su vida antes que cometer cualquiera de las tres transgresiones cardinales: idolatría, asesinato y relaciones ilícitas (Pesajim 25a). La prohibición en contra de idolatría incluye incluso acciones externas de idolatría ante un ídolo en el cual no crees.

Abraham se rehusó a reverenciarse y fue arrojado al fuego. Esperaba morir, dado que sabía que uno no debe apoyarse en milagros. Pero Dios hizo un milagro y salió del horno ardiente con vida.

Este fue un acto increíble de mesirut néfesh (autosacrificio). Abraham estuvo dispuesto a morir por lo que creyó correcto. Sin embargo, la Torá no menciona una palabra sobre esta historia. ¿Por qué? ¿No es esta prueba mucho más grande que la de dejar Ur Kasdim, mencionada al principio de esta parashá?

Morir por una causa versus vivir por una causa

Es indudable que la predisposición de Abraham a morir antes que reverenciarse ante ídolos fue una muestra de un compromiso tremendo. Pero, ¿qué es más difícil, morir por una causa o vivir por una causa?

Muchas personas están dispuestas a dar la vida para hacer lo correcto. En 1967, cuando la existencia de Israel se vio amenazada, salieron judíos vaya uno a saber de dónde para ser voluntarios y luchar, arriesgando sus vidas. Incluso hoy, si se te ordenara matar a cien niños o ser asesinado, ¿los matarías o elegirías morir?

Todos entendemos que hay valores y creencias que son más importantes que la vida misma.

¿Pero reconocer que una causa es lo suficientemente importante como para morir por ella te insta a dedicar tu vida a esa causa? Si te importa el pueblo judío lo suficiente como para morir por ellos, ¿no significa esto que deberías estar dispuesto a abandonar todo para dedicar tu vida a salvarlo?

Ser moser néfesh, ‘dar tu vida’ por Hashem, es un acto grandioso, pero sigue siendo una elección de una sola vez. Mucho más difícil es enfrentar la lucha constante de vivir cada momento del día de acuerdo a lo que Dios nos ordena.

Muchas personas están dispuestas a dar su vida por una causa (a menudo falsas, como la yihad). Pero hay pocos héroes que dedican toda su vida a la causa por la cual están dispuestos a morir.

La voluntad de Abraham de morir en el horno al kidush Hashem no es mencionada en la Torá ni está incluida en la lista de diez pruebas porque ‘morir por una causa’ no es lo que la Torá quiere que enfaticemos. El ideal es ‘vivir por una causa’. La prueba de Lej Lejá fue un desafío mucho mayor que la dura experiencia de Ur Kasdim, porque exigió que Abraham se volviera independiente y dedicara completamente su vida a Hashem. Esta es la primera prueba para todo judío, y fue el primer paso de Abraham en su camino a convertirse en el padre del pueblo judío