La parashá de esta semana contiene la enigmática canción de Moshé. De un pasuk de la misma, Jazal aprende dos enseñanzas diferentes, aunque relacionadas entre sí, sobre cómo estudiar Torá. El pasuk dice: “Goteará como lluvia mi enseñanza, fluirá como rocío mi enunciado, como vientos tempestuosos sobre la vegetación y como gotas de lluvia sobre la hierba” (Devarim 32:2).

A partir de este pasuk, el Talmud aprende que si uno no es cuidadoso, el estudio de Torá puede llegar a matarlo:

Rav Bana dijo: Para todo aquél que estudia Torá en nombre del Cielo, su Torá se convierte en un elixir de vida… pero para el que no estudia Torá en nombre del Cielo, la Torá se convierte para él en un veneno mortal, como está escrito: “Goteará como lluvia mi enseñanza” y arifá (cuya forma iaarof es usada en este versículo para significar gotear) significa “matar”, como está escrito: “y decapitarán (vearfu) allí la becerra en el valle” (Devarim 21:4). (Taanit 7a).

Es necesario entender el poder de la Torá. Cuando se la estudia con la motivación correcta, es un sam jaim, un elixir de vida. Pero cuando se la estudia lo lishmá, con un motivo ulterior, no en nombre del Cielo, esa misma Torá puede volverse un sam hamávet, una poción letal. Si la intención de la persona al estudiar Torá es usarla para sus propios intereses egoístas, o agudizar su sagacidad intelectual para denigrar a otros, transforma la esencia de la Torá —que es Torat Jaim, la fuente de vida— en una toxina mortal que la aleja de Dios.

A partir de este pasuk, Jazal explica un aspecto diferente en el cual la Torá puede causar daño cuando no se estudia adecuadamente.

La persona siempre debería resumir su estudio de Torá en principios generales y extraer los detalles, porque si deja su estudio como una colección de detalles, ellos lo cansarán y no sabrá qué hacer, como está escrito: “Goteará mi enseñanza como la lluvia”. La palabra lékaj, enseñanza, se refiere a la Torá, como está escrito: “Porque te di una buena enseñanza (lékaj), no abandones Mi Torá” (Mishlei 4:2), y la palabra arifá, gotear, significa reunir.

(Torá Temimá, Devarim 32:2, citando al Sifrí)

El Sifrí ilustra esta idea con una metáfora. Un viajero no lleva su dinero en billetes pequeños, porque le resultaría poco práctico y una carga. Él cambia su dinero en billetes grandes, que son más fáciles de transportar y que puede cambiarlos por billetes de menor denominación cuando sea necesario.

El Sifrí nos enseñanza una lección crucial para retener la Torá. La Torá es una compilación de miles de detalles. Si tratas de almacenar tu estudio como un montón de detalles particulares, te resultará agotador retenerlo y sumamente difícil acceder a él. Esto hará que olvides gran parte de lo que estudiaste, algo que Jazal compara con una mujer dando a luz y enterrando a su hijo (Sanedrín 99a). Estudiar Torá se convierte en un emprendimiento muy doloroso.

¿Cuál es la solución? Debes recoger la miríada de detalles en klalim (principios fundamentales y generales) organizados y resumidos. Esta técnica te permite conservar una enorme cantidad de material y, en lugar de volverse una carga agobiante, se convierte en un resumen bien organizado y accesible de todos los aspectos que estudies de la Torá.

Por esta razón, nuestros Sabios enseñan que la estrategia para conquistar la Torá es utilizar simanim, principios generales que amalgaman cantidades de detalles en un sistema interconectado y ordenado, como declara el Talmud: “Rav Jisda dice: la única forma de adquirir Torá es mediante simanim, como está escrito en la Torá: ‘sima befihem, ponla en sus bocas’ (Devarim 31:29). No leas sima (ponla) sino simaná (su símbolo)” (Eruvín 54b).

El placer de lo organizado

El Ramjal, en su introducción a Dérej Hashem, describe el poder de la organización y el placer que le brinda a quien estudia Torá de esa forma. Vale la pena leer su explicación en sus propias palabras:

Cuando alguien sabe muchas cosas y entiende cómo están categorizadas e interrelacionadas sistemáticamente, tiene una gran ventaja sobre quien tiene el mismo conocimiento sin tal distinción. Esto se asemeja a la diferencia entre ver un jardín bien cuidado, planificado en líneas y patrones, y ver un matorral o un bosque creciendo desorganizadamente.

Cuando un individuo se ve confrontado a muchos detalles y no sabe cómo se relacionan entre sí o su lugar dentro de un sistema general, su inquisitivo intelecto no obtiene más que una carga difícil e insatisfactoria. Puede luchar con ella, pero se cansará y se agotará antes de llegar a obtener alguna gratificación. Cada detalle le despertará curiosidad, pero, al no tener acceso al tema como un todo, se frustrará.

Por lo tanto, si se desea entender algo es muy importante ser consciente de otras cosas asociadas a ese tema, así como el lugar que ocupa en medio de todo eso. Sin esto, su anhelo de verdad se frustrará y sufrirá por su deseo insatisfecho.

Lo opuesto también es cierto: cuando alguien sabe algo en relación con su contexto, al verlo dentro de su marco, puede continuar entendiendo otros conceptos asociados, y su éxito le traerá placer y regocijo.

Organizar tu conocimiento de Torá en principios generales interrelacionados permite la retención a largo plazo y hace que tu estudio se vuelva una fuente de un profundo placer y gratificación.

Estudia el Rambam

Cuando Rav Weinberg era un bajur ieshivá de 18 años, le preguntó a Rav Ruderman, el venerado rosh ieshivá de Ner Israel de Baltimore, cómo había logrado aprender el Shas, todo el Talmud. Rav Ruderman le dijo que debido a su mala visión, en Polonia no podía estudiar Torá durante la noche, a la luz de la vela. En cambio, daba largas caminatas por los bosques polacos y repasaba las páginas de Guemará que había memorizado. De esa forma había logrado dominar el Talmud.

Rav Ruderman fue un bajur ieshivá en un shtetl en la Polonia de la preguerra. Rav Nóaj fue un bajur ieshivá en los Estados Unidos en la década del 50. ¿Cómo podría utilizar la misma estrategia de Rav Ruderman? Su frustración lo llevó a buscar una solución, hasta que finalmente encontró este Sifrí que explica la importancia de estructurar el conocimiento de Torá en simanim. Rav Weinberg advirtió que el Mishné Torá del Rambam es una amplia y muy organizada estructura de toda la Torá Shebeal Pe, la Torá Oral, y al dominarla y memorizar simanim (resúmenes de una palabra que encapsulan cada tema) para cada uno de sus 1000 capítulos, un estudiante podría llegar a alcanzar pericia en todos sus principios fundamentales.

Es por esta razón que Rav Weinberg siempre alentó a sus alumnos a estudiar todo el Mishné Torá y a memorizar sus 1000 simanim. Esta es la diferencia entre sentir dolor, frustración y olvido en el estudio, versus una profunda satisfacción, placer y éxito al retener el estudio de Torá. Rav Weinberg creía que después de dominar el Rambam, uno podía aprender todo el Shas, porque ya tenía una plataforma que lo hacía accesible.