Daniel va caminando por un callejón oscuro, cuando de pronto es confrontado por dos hombres enmascarados que portan armas. Temiendo por su vida, Daniel eleva sus manos en dirección al cielo y comienza a rezar, "¡Dios, sálvame, por favor sálvame! Haré cualquier cosa, Dios – ¡iré a la sinagoga todos los días, realizaré ese largo viaje a Israel que he postergado durante tanto tiempo, incluso donaré la mitad de mis ingresos a obras de caridad!"

Justo en ese momento, aparece un coche de policía en el callejón, y los ladrones huyen. Daniel mira hacia el cielo y dice, "¡No te preocupes Dios, ahora yo me puedo hacer cargo de esto!"

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La Esencia del Rezo

La parashá de esta semana describe como las ofrendas que se llevaban al Templo eran uno de los principales medios de conexión con Dios. Hoy sin embargo, nuestra principal conexión es por medio del rezo. (Por ejemplo, la tefilá de Shajarit (rezo de la mañana) y la tefilá de Minjá (rezo de la tarde) corresponden a las ofrendas "Tamid" de la mañana y de la tarde que se ofrecían constantemente en el Templo.) Cada judío es su propio Templo en miniatura. ¡Sin necesidad de intermediarios!

Y mientras que Dios contesta todos nuestros rezos, a veces la respuesta es "no". Sin darnos cuenta podemos estar pidiendo algo equivocado. Por ejemplo, un buen padre no le prestaría las llaves de su automóvil a un adolescente que todavía no es suficientemente responsable. Todos los rezos del mundo no conseguirán que un buen padre cambie de opinión.

Pero el rezo es nuestra oportunidad de ir más allá de estas limitaciones. La palabra en hebreo para rezar, "Le-hit-palel", proviene de la raíz "palel", que significa inspeccionar. El prefijo "Le-hit" es la forma reflexiva – que denota una acción que uno ejecuta sobre si mismo. Le-hit-palel, por lo tanto, es un acto personal de introspección. Cuando rezamos, miramos hacia nuestro interior y nos preguntamos, "¿Qué necesito cambiar en mí con el fin de obtener lo que realmente quiero en la vida?"

¡Este proceso de auto-transformación significa que hoy puedo no ser la misma persona a la que Dios dijo que "no" en el pasado!, esta vez puedo recibir un "sí".

A veces sólo apreciamos algo cuando nos lo quitan. Por ejemplo, cuando estamos enfermos y después nos recuperamos, sólo ahí apreciamos realmente lo que significa estar sanos. Pero la verdad es, ¡que no deberíamos enfermarnos para ser capaces de apreciar nuestra salud!

En el judaísmo, las brajot (bendiciones), son la manera judía de detenerse y darle sentido a las acciones, valorando la creación de Dios. Nuestros sabios dicen que una manera de garantizar una buena salud es decir "Asher Yatzar" con sinceridad. "Asher Yatzar" es la bendición que decimos los judíos, lo crean o no, después de ir al baño. En ella agradecemos a Dios por haber creado nuestros cuerpos con un maravilloso y complejo sistema de conductos y tubos. Y reconocemos que si tan solo uno de ellos se rompiera o se obstruyera indebidamente, no podríamos seguir viviendo. Decir esta bendición con sinceridad nos ayuda a estar concientes y a reafirmar nuestra gratitud por tener una buena salud.

¡Podemos aprender nuestra lección sin necesidad de enfermarnos!

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Apreciar los Regalos

Ahora bien, si el rezo es sólo para nuestro beneficio, sólo para estar concientes, entonces ¿por qué los rezos judíos siempre comienzan con alabanzas a Dios?

Uno de los propósitos de estas alabanzas es hacernos más sensibles frente a Dios y su impresionante capacidad de ayudar. Nos tomamos el tiempo para reconocer y apreciar todo lo que Él hace por nosotros.

¡Y Él hace mucho! Sabemos que nuestros padres nos aman por todo lo que nos han dado, sin embargo Dios nos ha dado regalos que son infinitamente más valiosos. Si una persona te ayudara a recuperar tu vista, ¿te imaginas la gratitud que sentirías hacia ella? Sin embargo, Dios nos ha dado ojos, oídos, inteligencia – ¡la vida misma! Este conocimiento de que el Todopoderoso puede hacer cualquier cosa, es lo que en última instancia nos da la fuerza y la determinación para traspasar nuestros límites.

Esta es la razón por la cual un judío reza por la mañana. Comenzamos con bendiciones reconociendo nuestra capacidad de ver, nuestra capacidad de movernos, nuestra capacidad de estar concientes y nuestra libertad. Esto despierta nuestra apreciación por todos los regalos que Dios nos ha dado y nos recuerda cuanto Él nos ama. Cuando seamos capaces de apreciar lo que tenemos, ¡Dios querrá darnos más!

Es igual a la relación entre un padre y un hijo. Si yo por ejemplo, le compro a mi hija un juguete nuevo y ella lo toma sin demostrar aprecio, entonces yo, como buen padre, no debería comprarle más juguetes hasta que ella aprenda a apreciar lo que ya tiene. De la misma manera, podemos entender que el hijo de un millonario sea un maleducado, si su padre le da todo lo que quiere sin tener que trabajar por ello.

Lo mismo cabe decir de nuestra relación con Dios. Él podría darnos todo lo que necesitamos; Dios es infinitamente más poderoso y más rico que el más grande millonario del mundo. Pero Dios quiere lo mejor para nosotros, Él quiere que crezcamos, que lo merezcamos y que nos convirtamos en la mejor versión de nosotros mismos.

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Tanta comida, Tan Poco Tiempo

La parashá de esta semana (Vaikrá 7:11-15) discute acerca del Korban Todá, la ofrenda de agradecimiento que una persona llevaba a Jerusalem por haber sobrevivido a una situación de peligro – por ejemplo recuperarse de una enfermedad mortal, llegar sano y salvo después de un viaje a través del océano, etc. Esta ofrenda de agradecimiento constaba de 40 panes, que la persona debía comer de manera festiva en conmemoración del suceso.

El Talmud remarca dos características inusuales de la ofrenda de agradecimiento, que la distingue de otras ofrendas similares: (1) Involucraba una enorme cantidad de alimento – 40 panes, y (2) Todos los panes debían ser consumidos dentro de un período de tiempo excepcionalmente reducido – ¡menos de 24 horas! Obviamente, la persona que llevaba esta ofrenda de agradecimiento ¡nunca podría comer tanta comida en tan poco tiempo! Entonces, ¿por qué la Torá establece estos parámetros?

La respuesta es que la Torá desea generar una situación en la cual uno no sólo agradezca por su buena fortuna, sino que también comparta su agradecimiento con otros. Con toda esta comida, uno se verá obligado a invitar familiares y amigos para compartir la historia de cómo se salvó del peligro.

Hoy, sin nuestro Templo Sagrado, recitamos la bendición de agradecimiento (Birkat HaGomel) en la sinagoga durante la lectura de la Torá.

La forma en que fortalecemos nuestra conexión y nuestra creencia es publicitando la protección divina. Esta es la esencia de Kidush Hashem, la santificación pública del Nombre de Dios. Después de la llegada del Mashiaj y de que el mundo alcance su estado de perfección, no existirá más la necesidad de llevar ofrendas de expiación, porque la gente no pecará. Pero ofrendas de agradecimiento van a haber siempre, ¡porque la necesidad humana de expresar gratitud es eterna!

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Desconéctate del Mundo y Conéctate con Dios

Si deseas construir una relación con Dios, necesitarás un marco para esta relación. El viernes por la noche es un buen momento para reducir la estática exterior y conectarte con tu yo interno. No mires televisión ni escuches radio (y si te animas, desconecta el teléfono). Puedes invitar algunos amigos, preparar una buena comida, encender las velas de Shabat, y disfrutar.

En cuanto al rezo: Cualquier relación se basa en la comunicación, y la comunicación tiene que provenir del corazón. Dios anhela conectarse con nosotros. El Talmud dice que Dios hizo estériles a Sara, Rivká y Rajel para que tuvieran que rezarle a Él. Puedes rezar en cualquier idioma. En voz alta.

Para ayudarte a comenzar, aquí hay unas líneas, escritas por mi primo, Leibel Rudolph (de bendita memoria):

Querido Dios

Dame valentía para dejar ir las cosas,
Y así dejarte entrar.
Yo se que me amas.
Y con tu ayuda,
Encontraré el propósito, la alegría y la felicidad
Que Tú quieres para mí.

Si comienzan a ocurrir cosas, o si simplemente deseas hablar más acerca del rezo, no dudes en escribirme un e-mail.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons