La parashá de esta semana comienza con la mitzvá de "ser santos". Pero, ¿cómo podemos alcanzar la santidad?

La Torá ofrece muchos caminos, y respetar cashrut es uno de los principales. Imagina que estás de vacaciones y llegas a un restaurante que ofrece carne de cerdo asado a un buen precio. Se te hace agua la boca y tu estómago suena. Pero la comida no es casher, por lo tanto, no entras al restaurante y simplemente sigues tu camino. Esto se llama dominio de la mente por sobre la materia; el alma ejerciendo control sobre el cuerpo. Y eso es santidad.

Pero hay un nivel mucho más profundo de la mitzvá de "ser santos". Najmánides explica que la santidad es el resultado de ser moderados, pero no en las áreas prohibidas, sino en las áreas que realmente son permitidas para nosotros.

Volvamos a nuestro ejemplo de respetar cashrut. Puede ser que abstenerse de comer carne de cerdo asado no sea ningún gran desafío. Pero la pregunta es, cuando nos sentamos a comer alimentos casher, ¿cuál es nuestro estado de ánimo? ¿Nos concentramos y pronunciamos una bendición para agradecer la abundancia que Dios nos regala? ¿Comemos lentamente y con dignidad? ¿Nos concentramos en el hecho de que el objetivo final de los alimentos es nutrir el cuerpo, para así tener la fuerza necesaria para hacer el bien?

Efectivamente se ha dicho que: "toda la santidad comienza en la mesa".

Cuentan una historia del Baal Shem Tov, el gran kabalista, que miraba por la ventana y de pronto vio a su vecino sentado en la mesa. En los ojos del Baal Shem Tov, el vecino no parecía un ser humano, sino un buey. El vecino estaba comiendo por razones puramente físicas, así como lo hace un buey (y el Baal Shem Tov era tan santo que fue capaz de percibir esto). Y a pesar de que el vecino estaba actuando de una manera permitida, y no estaba haciendo nada prohibido, no estaba actuando con santidad.

A veces un niño hace algo en particular que demuestra autodisciplina, y el padre le dice: "¡Eres un ángel!", pero en realidad, el niño es más que un ángel. Un ángel es un ser puramente espiritual, sin libre albedrío para elegir la espiritualidad por sobre el mundo terrenal. Pero nosotros los seres humanos, cada vez que realizamos esa elección, perfeccionamos nuestra alma y alcanzamos un nivel incluso más alto y más santo que el de los ángeles.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons