Se cuenta una historia de una gran ieshivá del siglo 19 en Europa llamada Novardok, donde los estudiantes eran conocidos por su gran humildad. Para alcanzar tales niveles, ellos se sentaban durante 30 minutos cada mañana en la sala de estudios, meciéndose hacia atrás y adelante, entonando el mantra, "no soy nada, no soy nada".

Una mañana, un nuevo alumno llega a la ieshivá, y al entrar a la sala de estudios, se sorprende de encontrar a cientos de estudiantes murmurando, "no soy nada, no soy nada". Él comprueba el letrero fuera de la puerta para asegurarse de que se encontraba en el lugar correcto, y luego resuelve que podría simplemente entrar y unirse a ellos. Él encuentra un asiento vacío, se sienta y comienza a mecerse hacia atrás y hacia adelante, entonando, "no soy nada, no soy nada". De pronto, el estudiante sentado a su lado se vuelve y dice: "¡Que coraje tienes! ¡Yo estuve aquí todo un año antes de ser nada!".

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El monte humilde

El Midrash dice que cuando Dios se estaba preparando para entregar la Torá, todas las montañas dieron un paso al frente y declararon por qué creían que la Torá debía ser entregada sobre ellas. "Yo soy la montaña más alta", dijo una. "No," dijo otra, "Yo soy la montaña más empinada y, por tanto, la Torá debe ser entregada sobre mí".

Una por una, todas expresaron sus reclamaciones. Pero al final, Dios eligió el Monte Sinai – no porque era el más alto o el más grandioso (porque no lo es, como cualquier persona que recorrió el desierto de Sinai podría atestiguar), sino porque, dice el Midrash, era el más humilde.

¿Cuál es esta noción de "humildad" y qué tiene que ver con la Torá?

En primer lugar, vamos a clarificar que cosa NO es humildad. Humildad no significa ser renuente a levantar la voz o a ser asertivo. La humildad no es encoger los hombros y tener baja autoestima. La Torá (Números 12:3) se refiere a Moisés como "la persona más humilde que haya vivido" – y, sin embargo, él se enfrenta agresivamente al Faraón, lucha una guerra contra Amalek, y se levanta para castigar al Pueblo Judío.

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Definición de humildad

Humildad es saber cual es nuestro lugar en el mundo. En la parashá de esta semana, la Torá describe la disposición de las 12 tribus en el campamento de los israelitas. Después de una larga descripción de quien viajará en primer lugar, y quien viajará último, la Torá dice: "Y el pueblo judío hizo exactamente así como fueron instruidos" (Números 1:54).

¿Cuál es la gran importancia de que todos hayan acampado en el lugar que debían? El Midrash explica que cuando Dios sugirió el arreglo, Moisés empezó a quejarse, diciendo: "Ahora habrá conflictos entre las tribus". Moisés pensó que una vez que comenzara a especificar quien viaja en el Oriente y quien viaja en el Occidente, quien va al frente y quien va atrás, la gente empezaría a argumentar. Si se estableciera que la tribu de Yehudá debe viajar en el Este, ellos dirían que quieren viajar en el Sur, y así sucesivamente con cada una de las tribus.

Dios le dijo a Moisés: "Años atrás, en el funeral de Iaacov, sus 12 hijos llevaron el ataúd. La forma en que ellos se organizaron alrededor del ataúd es la misma forma en que las tribus se organizarán alrededor del campamento. De esta manera, cada tribu ya sabe cual es su lugar adecuado. Así que no te preocupes, porque cuando alguien sabe su lugar, inevitablemente hay paz y tranquilidad".

Esto se aplica a nuestra relación con Dios también. Mientras más alto llega una persona espiritualmente, más humilde se torna. A medida que nos acercamos a Dios, llegamos a ser más realistas en cuanto a nuestras propias limitaciones, nuestra vulnerabilidad y nuestra mortalidad. Interiorizamos la realidad de que todo ser humano es efímero, y sólo Dios es eterno.

Moisés fue llamado "el más humilde" porque cuando estaba delante de Dios, él conocía su lugar. Cualquier otra cosa hace que Dios se oculte. Es por eso que el Talmud compara la arrogancia con la idolatría; ya que ambas expulsan la presencia de Dios.

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La nariz en alto

En el mundo secular, las personalidades más importantes son generalmente las más arrogantes. Imagina esta escena: Una estrella de cine entra en una fiesta – engreído, presumido, con la cabeza en alto. Su comportamiento expresa: "Yo soy grande y no te necesito a ti ni a nadie". La sala está en silencio con asombro. ¡Carisma!

El judaísmo dice que ésta es la falsificación del carisma.

La verdadera humildad significa vivir con la realidad de que nada importa, excepto hacer lo correcto. La persona humilde no depende de la opinión de los demás. Porque a veces hacer lo correcto es popular (y satisface las necesidades de nuestro ego), pero a veces, no lo es. La persona humilde puede dejar su ego de lado, en caso de ser necesario, con el fin de hacer constantemente lo correcto.

Por otra parte, una persona arrogante, no se preocupa por el bien y el mal, sino sólo acerca de sí mismo y de lo bien que las cosas van a resultar para él. Él puede parecer refinado en la superficie, pero realmente, sólo está manipulando todo a su alrededor para satisfacer sus necesidades egoístas.

• "Arrogancia" = Yo soy el que cuenta.
• "Humildad" = Lo que es superior a mí es lo que cuenta.

En realidad, ¡la humildad es lo que garantiza el carisma! La persona humilde tiene la capacidad de elevarse por encima de su envoltura narcisista y abrazar a los que están a su alrededor. Al saber con confianza cual es su lugar, puede dejar espacio para los otros sin tener una crisis de ego. Él honra a los demás y también los ayuda a encontrar su lugar.

¿¡No es este acaso el verdadero carisma!?

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¿Hacia adelante o hacia atrás?

Humildad es la capacidad de ser objetivo acerca de la propia posición con respecto a los demás. Si estoy en condiciones de liderar, entonces yo debería liderar. Y si no estoy en condiciones, no debería hacerlo. Tengo que saber donde estoy; tengo que conocer mi lugar. Si yo estoy en presencia de alguien más sabio, debo pensar dos veces antes de hablar. No hay nada más molesto que un contador, en un salón lleno de doctores, opinando sobre la ciencia médica.

Rab Simja Bunim de Pshisja (siglo 19, Europa) siempre llevaba dos tiras de papel, una en el bolsillo derecho y otra en el izquierdo. En uno de los papeles estaba escrita la declaración talmúdica, "El mundo entero fue creado sólo para mí" (Sanedrín 38a). En el otro papel estaban escritas las palabras de Abraham, "No soy sino polvo y cenizas" (Génesis 18:27). De esta manera, él recordaba que a veces es bueno dar un paso adelante, y a veces es mejor dar un paso atrás.

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Un modelo moderno de humildad

Tomemos por ejemplo al Rabino Moshé Feinstein z"l, el líder de los judíos de Estados Unidos durante gran parte del siglo 20. En la introducción a Igeret Moshé, su monumental compendio de responsa, el Rabino Feinstein escribe: "Yo no me habría ofrecido voluntariamente para liderar al pueblo judío. Pero dado que este es el papel que Dios ha elegido para mí, tengo que aceptarlo de buena manera".

Un día en la sala de estudios, un visitante atendió el teléfono público, y la voz en el otro extremo pidió hablar con Moshé Feinstein. El visitante entonces entró en la sala de estudios y comenzó a gritar: "¡Moishy!, ¡teléfono para Moishy!". Increíblemente, ¡estaba usando un apodo informal para llamar al gran sabio! El Rabino Feinstein calmadamente levantó su mano, y amablemente aceptó el teléfono.

Una vez le preguntaron a la hermana del Rabino Feinstein: "¿Qué hace tan especial a tu hermano?" Ella respondió: "Lo que hace especial a mi hermano es que él nunca se mira a sí mismo como alguien especial".

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Aplicaciones prácticas

Entonces, ¿Cómo podemos adquirir humildad? Lo primero que hace un judío al despertar por la mañana, es decir, la oración Modé Ani: "Te agradezco, Dios, por haber devuelto gentilmente mi alma para otro día. ¡Gracias!".

El primer paso hacia la humildad es poner en perspectiva nuestra relación con Dios. Sentir que existe el "nosotros", en lugar de la auto-indulgente energía negativa. De esta manera estaremos más relajados, tranquilos y seremos más flexibles. Y esto, a su vez, se extenderá hacia todas nuestras relaciones interpersonales: relaciones de negocios, el matrimonio, la comunidad y la nación.

El segundo paso hacia la humildad se encuentra en el versículo de apertura de la parashá de esta semana. "Y habló Dios a Moisés en el desierto de Sinai" (Números 1:1). Los sabios hacen una pregunta fundamental: ¿Por qué la Torá fue entregada en un desierto? Y responden: ¡porque un desierto está vacío! Esto quiere decir que para adquirir la Torá – es decir, para recibir la sabiduría de Dios – en primer lugar debemos estar dispuestos a dejar un espacio libre en nuestro interior.

El Maharal (Praga, siglo 16) explica que la única manera de enseñar algo es logrando que el estudiante pregunte, porque una pregunta crea una falta y una necesidad – es decir, un espacio que la respuesta puede venir y llenar. Pero sin una pregunta, no hay espacio para la respuesta.

En esta época de la festividad de Shavuot, y de revivir la experiencia de Sinai, el mensaje para nosotros es conocer nuestro lugar, hacer un poco de espacio, y dejar que la verdad de Dios y Su Torá entren en nuestro interior.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons