"Hay 70 caras para la Torá". (Talmud)

Cuando era tan solo un niño, sentí simpatía por mi hermano, cuyo Bar-Mitzvá cayó sobre parashá Naso. Él se comprometió a llevar a cabo la lectura de la Torá – que con 176 versos, ¡es la parashá más larga de la Torá!

Sin embargo, tras una inspección más detallada, vemos que gran parte de la parashá es repetitiva. Los 89 versículos del capítulo 7 describen las ofrendas presentadas después que se completaron las labores del Tabernáculo en el desierto. Uno por uno, durante 12 días sucesivos, el príncipe de cada una de las Doce Tribus trajo su propio conjunto de ofrendas.

Por ejemplo, el primer día, el Príncipe de Yehudá trajo una fuente de plata de 130 shekels, una vasija de plata de 70 shekels, un cucharón de oro para el incienso de 10 shekels, y un total de 21 animales. La Torá entonces, repite exactamente la misma descripción 12 veces, ¡ya que cada uno de los 12 príncipes donó exactamente la misma ofrenda!

Esto parece contradecir el principio básico de que la Torá nunca es superflua y que no contiene ni siquiera una letra de más (que es la base para muchas enseñanzas talmúdicas). Cabe preguntarse: ¿Por qué la Torá no enumeró las ofrendas presentadas por el primer príncipe, y luego simplemente dijo que las otras tribus trajeron exactamente lo mismo?

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70 Caras para la Torá

La respuesta es que, a pesar de llevar la misma ofrenda, cada uno de los príncipes realmente trajo su propia y única ofrenda. De hecho, hay un libro entero escrito, basado en el Midrash (Bamidbar Rabba 13:13), que detalla como cada príncipe trajo cada uno de los elementos por una razón única y específica.

Por ejemplo, cada uno de ellos trajo una vasija de plata de 70 shekels. Pero, para uno de ellos simbolizaba los 70 almas judías que iban a Egipto. Para otro simbolizaba los 70 jueces en el Sanedrín. Para otro simbolizaba las 70 naciones del mundo. Para otro simbolizaba la edad de Abraham (70) en el "Pacto Entre las Partes" (Génesis 15), y así sucesivamente.

El hecho de que la Torá repita 12 veces, significa forzosamente que aunque había 12 ofrendas idénticas, cada una de ellas fue sellada con su propio significado y su sentido especial.

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El Equipo de Israel

A menudo oímos una queja sobre el judaísmo: "¿Cómo puedo expresar mi identidad única en un sistema que está tan limitado por las normas y es tan estructurado?".

Consideren un juego de baloncesto: Las normas establecen que un jugador debe hacer rebotar el balón y no simplemente correr con él. No debe golpear a otros jugadores. Debe encestar dentro de un tiempo determinado. Y siempre debe permanecer dentro de los límites. Hay tantas reglas y limitaciones, ¡incluso debe ponerse un uniforme!

Pero como todo fan del baloncesto sabe, esta estructura es la que produce la mayor expresión personal. La grandeza de una estrella del baloncesto es justamente por todo lo que puede hacer dentro de estas reglas. Estas mismas reglas son las que le dan la disciplina y la dirección.

Lo mismo ocurre con la Torá. Tenemos rezos estructurados porque eso nos da el marco para expresarnos verdaderamente a nosotros mismos. Las palabras, precisamente elaboradas por los profetas, son los recipientes que nosotros llenamos con nuestros propios pensamientos y sentimientos personales. Imagina el libro de oraciones como si fuera la partitura, nuestra alma la sinfonía, y cada uno de nosotros el director de orquesta. La música que hacemos es hermosa y única. A través de las reglas viene la liberación.

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Colectiva e Individualmente

Ahora podemos entender un interesante Midrash de la parashá de esta semana. Dios dice: "Las ofrendas de los príncipes son tan queridas para Mí, como la canción que el pueblo judío cantó en el Mar Rojo." (Este midrash deriva de la palabra "zeh", que se utiliza idénticamente en ambas referencias, Éxodo 15:2 y Números 7:17).

En el Mar Rojo, 3 millones de hombres, mujeres y niños, fueron testigos de la milagrosa división del Mar, como el verso dice, "Este es mi Dios y voy a glorificarlo".

¿Pero no debería decir el verso, "Este es NUESTRO Dios"? La respuesta es ¡No! Millones de personas vieron la misma cosa, pero la experimentaron de manera diferente, como "mi Dios personal". A partir de esto el Midrash establece la conexión: así como el Mar Rojo fue una experiencia única y personal, así también cada uno de los príncipes trajo una ofrenda única y personal.

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Un Hermoso Mosaico

La última de las 613 mitzvot registrada en la Torá es que cada judío debe escribir su propio Sefer Torá (Deuteronomio 31:19). En un sentido simbólico, esto significa que debemos forjar nuestra propia relación emocional con la Torá. El Rashba, el rabino Shlomo ben Aderet (España, siglo 13), explica que cada judío posee un conducto espiritual particular. A través de este canal privado él canaliza el entendimiento de la Torá de una manera que se relaciona con su alma única. Al igual que las estaciones de radio en un dial: Todos compartimos el mismo circuito, ¡pero la melodía es diferente!

Y eso es lo que produce una bella armonía. A través del marco de "la ley Mosaica", podemos construir el "mosaico de la diversidad" que es el pueblo judío.

Por supuesto, tiene que ser dentro de las reglas, porque sino es una recepción defectuosa. La Torá nos dice: "Sólo en el lugar en que Dios elija establecer Su Nombre buscarás Su presencia... allá deberás ir" (Deuteronomio 12:5). El servicio de Dios no es arbitrario y no puede ser en base a nuestros propios términos. La Torá establece directrices eternas e inmutables para la expresión y la observancia judía.

No obstante, al mismo tiempo, cada uno de nosotros debe "buscar Su presencia" individualmente. Cuando Abraham e Isaac partieron para realizar la Akeida (el sacrificio de Isaac), se dirigieron hacia el lugar que Dios había seleccionado, sin embargo, ellos tuvieron que descubrir ese lugar por sí mismos (Ver Génesis, capítulo 22).

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El Camino a Jerusalem

Con frecuencia suelo animar a la gente para que visiten Israel, diciéndoles que es probable que sea la experiencia más profunda de sus vidas. Ellos siempre me preguntan: "Pero, ¿cómo va a ser la experiencia?" La verdad es que no existe una forma adecuada de responder a esa pregunta, ya que la experiencia es una experiencia de "auto-descubrimiento", y por definición es diferente para cada persona. ¡Y esto es precisamente lo que la hace tan profunda!

En los tiempos bíblicos, intencionalmente, no había señales de tráfico que condujeran a Jerusalem, obligando a toda persona a preguntar, "¿Dónde está Jerusalem?". Najmánides (España, siglo 13) lo explica metafóricamente: A través del marco de la Torá y de las mitzvot, cada uno de nosotros debe buscar y explorar el CONCEPTO de Jerusalem... para descubrir nuestra unidad con Dios... dentro de las directrices establecidas por la Torá... de una manera única y propia.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons