El gobierno israelí tiene un espía en Francia llamado Goldstein. Ellos quieren enviarle un mensaje, entonces llaman a otro espía y le dicen: "Ve a Francia y encontrarás a Goldstein viviendo en un apartamento, en el número 16 de Champs Elysee. Para asegurarte que no hayan confusiones, al reunirte con él, dile la contraseña secreta: 'El pájaro azul vuela sobre el cielo nublado'".

El espía vuela a Francia y toma un taxi hasta el número 16 de Champs Elysee. Sube por las escaleras del edificio, chequea los buzones, y he aquí, ¡hay dos Goldsteins!

Entonces, el espía lanza una moneda al aire. Toca la puerta del Goldstein en el primer piso. Un anciano responde. El espía dice nerviosamente: "Umm... el pájaro azul... umm... ¡vuela sobre el cielo nublado!". El viejo hombre piensa por un momento y dice, "Oh, usted busca a Goldstein el espía, ¡él vive arriba!".

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El pan de la vergüenza

En la parashá de ésta semana aparece la famosa historia de los 12 espías – uno de cada tribu – que son enviados a Israel. Su misión parece bastante inofensiva a primera vista: Determinar una estrategia de batalla para vencer a los cananeos, y para posteriormente, establecer 3 millones de hombres, mujeres y niños en la nueva tierra. Los espías son enviados (aparentemente) para investigar asuntos práctico, como la geografía, las oportunidades para la agricultura y el comercio, las mejores rutas de acceso, etc.

Sin embargo, hay una pregunta obvia: Dios ya les había prometido hace mucho tiempo que les entregaría la Tierra de Israel, y Dios mismo los había conducido hábilmente hasta ese punto (a través de las diez plagas y de la división del mar), entonces, ¿de qué estaban preocupados los judíos? ¿Realmente necesitaban información estratégica para conquistar la tierra? ¡Por supuesto que no! Entonces, ¿por qué no entran caminando con confianza y dejan que Dios se encargue de todos los detalles?

La respuesta es que Dios nos da un regalo: la oportunidad de ser sus socios y de participar en el proceso. Esto es lo que todo ser humano anhela.

Imagina que eres el hijo de un millonario, siempre obteniendo todo lo que deseas en bandeja de plata. ¿Cómo se siente? ¡Fantástico!

Por un tiempo. Pero luego comienzas a sentir lo que los sabios llaman "el pan de la vergüenza". Te siente indigno y vacío. Realmente deseas hacer tu propia contribución y ganarte la recompensa, ya que así es la naturaleza humana. Debemos arremangar nuestras camisas y "hacerlo nosotros mismos".

Pero, ¿"hacerlo nosotros mismos" significaría dejar a Dios fuera? ¡No! El judaísmo enseña que la vida es un sistema doble: Un aspecto es el esfuerzo humano y la participación; el otro aspecto es la voluntad de Dios. Para tener éxito, necesitamos que ambos trabajen en conjunto. Ya que, si bien nosotros contribuimos en el proceso, el resultado final depende de Dios.

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Ahí van los espías...

Así que los 12 espías parten alegremente. En Israel, Dios les muestra señales alentadoras de que la tierra es rica y abundante: Racimos de uvas tan enormes que se necesitaban ocho hombres para cargarlos (Números 13:23). Dios también se asegura de que los espías encuentren ciudades cananitas muy fortificadas – lo cual, en realidad es un signo de debilidad, ya que cualquiera que sea verdaderamente poderoso no necesita esconderse detrás de paredes. (Véase Rashi; Números 13:19).

Además, Dios planea que la muerte de una persona de la nobleza cananita coincida con la visita de los espías, con el fin de que el pueblo estuviera ocupado con los arreglos funerarios y de duelo, ¡desviando así su atención de la misión de reconocimiento! Todo estaba perfectamente orquestado; nada podía salir mal.

Sin embargo, de alguna manera, las cosas resultan mal. Después de 40 días, los espías regresan y recomiendan no entrar en la tierra: "No podremos tener éxito porque ¡todo es enorme!" – en relación a las frutas gigantes. "¡La tierra devora a sus habitantes!" – en relación a los funerales. "¡La gente es demasiado fuerte!" – en relación a las grandes murallas fortificadas. (Ver Números 13:31-33).

Los judíos aceptan el informe, y renuncian a su sueño de entrar a Israel. La consecuencia: Si no quieren entrar en la tierra, dice Dios, entonces muy simple, no entrarán en la tierra. Todos los israelitas morirán durante los próximos 40 años en el desierto, y sólo sus hijos entrarán en la tierra.

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¿Qué salió mal?

Los espías perdieron su ancla. Estaban tan concentrados en las cuestiones prácticas de conquistar la tierra, que dejaron a Dios fuera de la ecuación – ¡y nunca lo incorporaron de vuelta! El objetivo original para el cual habían sido designados – es decir, "averiguar cómo conquistar la tierra" – de pronto se transformó en una cuestión de si "¿deberíamos conquistarla o no?".

¿Cuál fue la causa para que se produjera este giro?

La presencia de Dios era palpable en el desierto: una roca proporcionaba un suministro constante de agua, las nubes de gloria mantenían a raya a los enemigos, y un suministro diario de maná caía del cielo. Sin embargo, estos "milagros abiertos" llegarían a su fin cuando entraran en Israel. Así, los espías concluyeron equivocadamente que la guía de Dios y la protección también iba a llegar a su fin.

Desde ésta perspectiva sesgada, todas las señales positivas que Dios les mostró – los frutos, el funeral y las ciudades amuralladas – se transformaron en señales negativas. Desde una perspectiva puramente pragmática, su conclusión obviamente fue "¡esto no es posible!".

Moisés, el gran líder, preveía este peligro. Por lo tanto, antes de que los espías partieran en su misión, él cambió el nombre de "Hoshea" a "Yehoshua". El nombre "Yehoshua" significa "Dios salvará". También comienza con las letras del nombre de Dios – Yud y Heih. Este fue el intento que Moisés hizo para que los espías se mantuvieran concentrados en aquella conexión crucial y trascendente.

Y en cierta medida, Moisés tuvo éxito; Yehoshua fue uno de los dos espías que protestaron en contra del informe negativo, y fue recompensado con la posibilidad de entrar en la tierra.

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El proceso de autodestrucción

A partir de la historia de los espías, podemos ver cómo perder nuestra conexión con Dios puede desencadenar un trágico proceso de auto-destrucción.

La primera fase de este proceso es la pérdida de confianza en la propia capacidad de tener éxito. Esto es evidente en el informe de los espías: "Éramos como saltamontes a nuestros ojos, y así éramos también a sus ojos" (Números 13:33). Los espías, convencidos de que no tenían posibilidades de triunfar, se veían a sí mismos como saltamontes, y a su vez, así los veían los cananeos.

En la segunda fase, vemos a los espías recitando una serie de excusas y recriminaciones – ¡incluso acusando a Moisés por haberlos sacado de Egipto! (Números 14:2). Para evitar decepcionarse de sí mismos, necesitaron elaborar "razones" para su fracaso.

En la tercera fase, los espías "despertaron" y se dieron cuenta de la oportunidad que habían desperdiciado. Incapaces de soportar la gran desilusión y el fracaso, ellos "heroicamente" declararon: "¡Ahora entremos en la tierra!" (Números 14:40). Ellos querían recuperar desesperadamente la oportunidad perdida. Pero Moisés les informó que ya era demasiado tarde, la oportunidad se había ido, y que cualquier intento de entrar en la tierra en contra del decreto de Dios terminaría en tragedia.

La cuarta fase es la última y la más dolorosa. Los espías no pueden soportar vivir con el fracaso el resto de sus vidas. La muerte en sí es una opción más reconfortante. Así que entran de todas maneras en la tierra de Israel, sólo para ser asesinados por los nativos (Números 14:45). El camino del martirio satisface sus egos... pero finalmente destruye sus vidas.

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Una conexión crucial

Ésta dinámica puede aparecer en nuestras vidas también.

Cada uno de nosotros tiene una "visión de la vida" – cuál es el máximo impacto que esperamos hacer. La Torá enseña que cuando la "visión" está motivada por establecer una conexión con Dios, entonces la capacidad para lograr nuestros objetivos trasciende todos los límites. Dado que Dios puede hacer cualquier cosa, todo éxito depende solamente de su voluntad.

Sin esa conexión, la capacidad para lograr nuestros objetivos se define por limitaciones mortales. Por lo tanto, es lógico asumir que muchas metas no son posibles de alcanzar. De ahí la expresión, "no puedo hacerlo. Es imposible".

Pero no tiene por qué ser de esta manera.

No hace mucho tiempo, yo me encontraba en una inusual circunstancia que me obligó a viajar 25 km. en un día sábado. Yo no conduzco en Shabat, por lo tanto la única manera de viajar 25 km. era caminando. Tardé cinco horas, pero lo hice. Ciertamente hubo muchos puntos a lo largo del camino donde pensé en detenerme y darme por vencido. Me dolían las piernas. Yo sólo quería tumbarme en la hierba o encontrar un taxi. Lo único que me ayudó a seguir adelante era la idea de que yo estaba haciendo una mitzvá. De lo contrario, estoy seguro de que nunca lo hubiese logrado.

La Torá nos dice que cuando Batya (la hija de Faraón) bajó al río Nilo y vio a Moisés flotando en la canasta, "extendió su mano" (Éxodo 2:5). El Talmud deriva que, si bien la canasta estaba en el medio del río, su brazo milagrosamente se alargó lo suficiente como para alcanzarlo.

Dice el Rebe de Kotzker: Esto nos enseña que incluso si en una situación pareciera no haber esperanzas, sólo tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo, y si Dios quiere que tengamos éxito, entonces Él hará un milagro.

Vivir de acuerdo a la voluntad de Dios nos da la confianza de saber que mientras más conectados estamos, mayor será nuestro grado de trascendencia. Y luego, cualquier cosa es posible.

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Lo que depara el futuro

Este tema se refleja hoy en día en la Tierra de Israel. Un pequeño país del tamaño de Nueva Jersey, rodeado por 220 millones de árabes, muchos de los cuales aún están comprometidos con la destrucción de Israel. Pragmáticamente, no hay razón para pensar que podemos sobrevivir aquí... A menos que Dios sea parte de la ecuación.

Nuestra nación ha visto que Dios puede hacer cualquier cosa. Cuando las fuerzas armadas israelíes derrotaron a los ejércitos árabes en escasos seis días, sabíamos claramente que habíamos excedido nuestras limitaciones mortales. Como David Ben-Gurion dijo: "Un judío que no cree en los milagros no es realista".

El incidente de los espías ocurrió en "Tishá B'Av", el noveno día del mes judío de Av. Cientos de años más tarde, la destrucción del Primer Templo se produjo en Tishá B'Av. Y 500 años después el Segundo Templo también fue destruido en Tishá B'Av. Lamentablemente, es un tema recurrente en la historia judía: perdemos de vista nuestra relación con Dios, soltamos el ancla, descendemos al nivel de las incriminaciones apuntándonos mutuamente con el dedo, luego vienen las excusas, y en última instancia, el suicidio nacional.

Hoy en día, ¿cree aún el Pueblo Judío en la posibilidad de realizar nuestro sueño nacional?, ¿o estamos saboteándonos a nosotros mismos de manera subconsciente con el fin de aliviar la posible decepción del fracaso?

Sólo el tiempo nos dirá si encontraremos nuestra ancla, avanzaremos, y tendremos éxito en la construcción de una conciencia nacional judía que pueda levantarse contra las fuerzas que nos sacan fuera de nuestra visión y nuestro sueño.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons