En la parashá de esta semana aparece uno de los incidentes más desconcertantes de toda la Torá. Los judíos han vagado durante 40 años por el desierto y están sedientos. Entonces, Dios le dice a Moisés que le hable a la roca y que de ella saldrá agua (Números 20:8). La instrucción de "hablarle" a la roca contrasta con el hecho de que, 40 años antes, Moisés siguió la instrucción de Dios de golpear la roca para que el agua fluyera (Éxodo 17:6).

Esta vez Moisés debía hablar. Sin embargo, una vez más golpea la roca. Nada ocurre, entonces, Moisés golpea la roca por segunda vez y el agua comienza a salir.

La respuesta de Dios: "Ya que golpeaste la roca en vez de hablar con ella, no liderarás al Pueblo Judío en su entrada a la Tierra de Israel" (Números 20:11-12).

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Nueva Generación

Leemos esta historia y pensamos: He aquí el poderoso Moisés, que se enfrentó al Faraón, ejecutó las Diez Plagas, dividió el Mar Rojo, recibió la Torá en el Monte Sinai, y defendió a la gente a través de pruebas y tribulaciones en el desierto. Ahora comete un pequeño error y Dios le quita la posibilidad de cumplir su sueño de entrar a Israel. ¡La consecuencia parece demasiado dura!

El primer paso para entender este incidente es apreciar cómo se encontraba el Pueblo Judío en un momento crítico de transición, en el cual pasarían de la vida del desierto a la vida en la Tierra de Israel. Ante la roca, las instrucciones de Dios a Moisés fueron cuidadosamente elegidas para reflejar esta transición. Cuarenta años antes, cuando Dios le dijo a Moisés que golpeara la roca, el pueblo acababa de salir de una esclavitud brutal en Egipto – y "golpear" era un idioma que comprendían. Pero esta vez, Moisés fue llamado para liderar una nueva generación que había crecido en libertad; una generación que requería un enfoque más suave, "hablar".

Hay que tener en cuenta como en nuestra parashá, Moisés golpea la roca dos veces. En primer lugar, golpeó la roca y no salió agua. En ese momento tuvo la oportunidad de reevaluar su enfoque y reflexionar más detenidamente acerca de la instrucción específica de Dios de "hablar". Pero Moisés golpea la roca de nuevo.

Los comentaristas sugieren que quizás simbólicamente, nosotros también podemos aprender a ser flexibles en nuestro enfoque. El castigo de Moisés no es severo, es simplemente una consecuencia de su relación con la nueva generación y las necesidades específicas que ésta generación tenía al momento de entrar en Israel.

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Educación Judía

Podemos aprender de esto una lección crucial sobre la educación. El rey Salomón dice: "Educa a cada niño de acuerdo a su propia manera de ser". El proceso de aprendizaje es diferente para todo el mundo, y el enfoque que es efectivo para uno a menudo no es efectivo para otro.

Esto define la diferencia fundamental entre educación y adoctrinamiento. "Adoctrinamiento" es cuando el profesor se enfoca en implantar su posición. "La educación" es extraer del propio sentido intuitivo del estudiante.

Esta idea es elucidada en el Talmud, que dice: "Aún más que el ternero quiere beber, la madre desea amamantar". El entendimiento simple nos dice que por supuesto el ternero tiene hambre y necesita comer. Pero más aún "la madre desea amamantar" – es decir, la madre está llena de leche y necesita darla.

Sin embargo, he oído en nombre del Rab Simja Wasserman (siglo 20, Los Ángeles y Jerusalem), que la idea del Talmud debe ser entendida de manera diferente. Ya que, si la única preocupación de la madre es deshacerse de su leche, entonces, saldría en un gran chorro, ¡toda de una vez! Y vemos en cambio, que sale en la proporción precisa para satisfacer las necesidades específicas del ternero. Así que cuando el Talmud dice: "Aún más que el ternero quiere beber, la madre desea amamantar", quiere decir que incluso más que el ternero desea comer, la madre quiere que coma – no para el bien de la madre, sino porque eso es lo mejor para el ternero. Y dice el rabino Wasserman, de eso se trata la buena educación.

Los ideales judíos han existido en contra de todos los pronósticos durante 3000 años – no porque hemos introducido a la fuerza estas ideas en la cabeza de las personas, sino porque hemos comunicado estas ideas de forma racional y práctica. El que diga que una ieshivá es una especie de secta está muy mal informado. La ieshivá es precisamente el lugar para discutir los temas, hacer preguntas, trabajar, e interiorizar las ideas.

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Una Mentalidad Diferente

Es interesante que la experiencia de Moisés en el desierto puede ser entendida a la luz de la experiencia del judaísmo en el siglo 20. En un shtetel en Europa, un rabino podía ser capaz de comunicar su descontento a los estudiantes golpeando sus nudillos con una regla. Se trataba de un lenguaje aceptado y comprendido. Pero cuando decenas de miles de judíos se trasladaron a América, aquellos que enviaron a sus hijos a la escuela judía, encontraron a estos mismos rabinos aplicando sus métodos europeos a niños con mentalidad americana. Estos niños, que estaban acostumbrados a un planteamiento más abierto y permisivo, no se podían relacionar con el judaísmo de esta forma. El resultado es que muchos de ellos se alejaron de la observancia.

Ha sido sólo en los últimos 20 años – con rabinos nacidos en América, que han tomado el timón y que han explicado el judaísmo de forma moderna y relevante – que los judíos del continente han presenciado un resurgimiento de la observancia tradicional.

Berel Wein escribe:

"En nuestro mundo incierto, es natural anhelar la seguridad y la estabilidad. Planificadores financieros, planificadores inmobiliarios, expertos de seguros y políticos a cargo, todos ellos intentando convencernos de que de la forma en que es ahora, así también será en el futuro. Sin embargo, todos nosotros en nuestros corazones sabemos que la única cosa cierta sobre el futuro es que no será igual que el presente. Por lo tanto, debemos prepararnos para estar abiertos a las nuevas circunstancias, a un mundo que cambia constantemente. No debemos tener miedo a probar nuevas tecnologías, nuevas ideas y teorías, cambiar carreras y buscar nuestros verdaderos intereses y metas. Hay un anhelo innato de grandeza en todos nosotros. Ese anhelo nunca podrá ser alcanzado sin la voluntad de cambiar, mejorar y probar cosas nuevas".

Al igual que Moisés y la roca, nuestra habilidad para ajustar y personalizar nuestro enfoque – permaneciendo fieles a las normas de la Torá –determinará en gran parte la manera en que nuestros niños, nuestros estudiantes, nuestra nación y nosotros mismos nos moveremos en dirección a la "Tierra de Israel" – en una nueva y apasionante etapa de destino personal y nacional.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons