Uno de los temas más difíciles que encontramos en la Torá se describe en la parashá de esta semana (Deuteronomio 13:16): el mandamiento de destruir la "Ciudad Rebelde", un lugar cuyos residentes se dedican a adorar ídolos. Hoy en día, es difícil para nosotros imaginar este tipo de ciudad, ya que probablemente imaginamos a los idólatras como personas normales que simplemente adoran una estatua en vez de ir a la sinagoga.

En realidad, la idolatría era algo mucho peor.

La idolatría de antaño involucraba diversos tipos de inmoralidades sexuales como por ejemplo: orgías públicas, prostitución en los templos, el incesto, el bestialismo y el abuso sexual (Levítico 18:27). También se sabe que sacrificaban niños a los dioses (Deuteronomio 12:31). Rabí Akiva (siglo II EC, Israel), informó que vio a un niño que fue entregado por su padre para ser devorado por perros salvajes al servicio de los ídolos. De hecho, los arqueólogos modernos han encontrado montañas de huesos de niños en los altares paganos.

Todo esto no es una buena base para la nación judía que está tratando de construir su casa en la Tierra Santa de Israel. Esa es la razón por la que Dios ordenó que las "Ciudades Rebeldes" fueran totalmente destruidas junto con sus habitantes.

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Idolatría Insidiosa

Ahora, la parte interesante. El Talmud (Sanedrín 71) establece que nunca hubo una "Ciudad Rebelde". ¡El caso es teórico!

Entonces, ¿por qué la Torá menciona este caso?

La respuesta es que, si nunca hubiéramos conocido la pena, no podríamos haber apreciado la gravedad del delito.

La prohibición contra la idolatría es mencionada 44 veces en la Torá, más que cualquier otra Mitzvá. Es uno de los Diez Mandamientos. Es una de las seis Mitzvot constantes. Es una de las 7 Leyes de Noaj que todos los no-judíos deben respetar. Y es una de las 3 Mitzvot por las cuales se espera que un judío dé su vida en lugar de transgredirla.

Pero, ¿por qué es tan mala la idolatría?

Nosotros, los seres humanos, tenemos un profundo deseo de conectarnos con algo más allá de nosotros mismos – con la fuente de nuestra existencia. La idolatría es pensar que cualquier cosa que no sea Dios es aquella fuente. Para algunos, puede ser la idea de que el dinero trae la felicidad. Para otros, puede ser el encanto del poder, el amor, o el materialismo.

El peligro es que una sociedad que no se centra en Dios seguramente terminará derrumbándose. Sin valores compartidos y sin un profundo compromiso con la chispa divina que hay en cada uno de nosotros, no hay nada que mantenga a la sociedad unida. Por esta razón, en particular para la nación judía que está comprometida con un ideal utópico de alcanzar la paz en el mundo, la idolatría es un elemento inaceptable dentro de la sociedad.

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Un Giro Irónico

Pero, si los judíos están tan comprometidos con la paz, ¿cómo es que la Torá puede ordenar la destrucción de las "Ciudades Rebeldes", incluso aunque sea sólo en teoría?

La respuesta es que a veces la guerra es necesaria. Si bien el judaísmo enseña que el valor supremo es la vida, no somos pacifistas. Hacer desaparecer el mal también es parte de la justicia. Las disputas que representan un peligro deben ser resueltas, porque si decides abandonar al mal y lo dejas solo, eventualmente te atacará de vuelta (Rashi, Deuteronomio 20:12).

La gente de hoy no se relaciona con el concepto de que si no destruimos el mal, el mal nos destruirá a nosotros. Hoy, la mayoría de los occidentales crecen en barrios tranquilos y nunca experimentan una guerra, la persecución o el racismo. Por lo que es fácil predicar la paz y la hermandad a expensas de la defensa. Hay una broma muy conocida que define a un liberal como "un conservador que nunca ha sido asaltado". Cuestionar el sentido de la justicia y la moral de los antiguos hebreos no es realmente justo si nunca lidiamos con la dura realidad de sus vidas.

Es irónico que la Torá – que introdujo al mundo el concepto de la santidad de la vida – hoy en día es criticada como "cruel" por las civilizaciones occidentales, ¡que a su vez fueron construidas sobre aquella misma base moral judía! Si lo pensamos bien, la gente de hoy puede criticar a los antiguos hebreos, sólo porque los hebreos les enseñaron que el asesinato, la conquista, y el abuso estaban profundamente equivocados. Valores tales como la igualdad, la libertad y la fraternidad todos derivan del judaísmo. ¡La mentalidad de que "hacer desaparecer una ciudad" es algo "inmoral" existe sólo porque los judíos se lo enseñaron al mundo!

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Las Leyes de Noaj

Las personas piensan equivocadamente que la Torá ordena hacer desaparecer a los cananitas indiscriminadamente y con crueldad. En verdad, la Torá prefiere que los cananitas eviten el castigo, y por esto recibieron muchas oportunidades para aceptar la paz. Es decir, a pesar de que la práctica inhumana abominable había sido adoctrinada en la mente cananea, la esperanza era que ellos cambiaran y aceptaran las siete leyes universales de la humanidad. Estas leyes, más conocidas como las "Leyes de Noaj" son fundamentales para el funcionamiento de cualquier sociedad:

1. No matar.
2. No robar.
3. No adorar dioses falsos.
4. No ser inmorales sexualmente.
5. No comer la extremidad de un animal vivo.
6. No maldecir a Dios.
7. Establecer tribunales y llevar los delincuentes ante la justicia.

En la raíz de estas leyes se encuentra el concepto fundamental de que existe un Dios que creó a cada una de las personas a Su imagen, y que cada persona es querida por Dios y por lo tanto debe ser respetada acordemente. Estas siete leyes son los pilares de la civilización humana. Son los factores determinantes que distinguen a una ciudad de seres humanos de una jungla de animales salvajes.

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Guerra Compasiva

Aun cuando los judíos se involucraban en una batalla, ellos tenían la obligación de actuar con misericordia, como dice la Torá: "Cuando te aproximes a una ciudad para hacerle la guerra, le harás un llamamiento de paz" (Deuteronomio 20:10).

Por ejemplo, antes de entrar en la Tierra de Israel, Ioshua escribió tres cartas para las naciones cananeas. La primera carta decía, "Todo aquel que quiera salir de Israel, tiene permiso para salir". Si se negaban, una segunda carta decía: "Quien quiera hacer la paz, puede hacer la paz". Si ellos se negaban de nuevo, una última carta advertía, "Quien quiera luchar, que se prepare para la lucha". Al recibir estas cartas, sólo una de las naciones cananeas, la Guirgashita, atendió la llamada y lo resolvieron de forma pacífica.

En el caso de que las naciones cananeas decidieran no hacer un tratado de paz, el Pueblo Judío seguía teniendo la obligación de luchar con misericordia. Por ejemplo, cuando asediaban una ciudad para conquistarla, los judíos nunca la rodeaban por los cuatro costados. De esta manera, un costado siempre se dejaba abierto para permitir que escapara todo aquel que deseaba escapar. (Ver Maimónides - Leyes de los Reyes 6:4-5 con Kesef Mishná).

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Contra la Naturaleza Judía

Es interesante que a lo largo de la historia judía, la guerra siempre ha sido un tremendo calvario personal y nacional que se ha desarrollado en contra de la naturaleza pacífica del Pueblo Judío.

En diversas etapas a lo largo de los 40 años de caminata en el desierto, Moisés se vio obligado a reprender a los judíos por tener temor a la guerra. Él los inspiró con palabras motivadoras y con garantías de victoria. (Véase Éxodo 14:3 con Ibn Ezra; Números 21:34 con Najmánides; Deuteronomio 31:6).

La verdad es que la guerra hace que uno sea insensible y cruel. Por lo tanto, dado que Dios mismo ordenó a los judíos liberar a la tierra de la maldad, Dios también prometió a los soldados que ellos mantendrían su carácter compasivo. En las palabras de nuestra parashá: "Él te concederá misericordia y será compasivo contigo" (Deuteronomio 13:18).

Ir a la guerra con entusiasmo siempre ha sido una prueba para el Pueblo Judío. El rey Saúl perdió su reino por mostrar misericordia fuera de lugar y por dejar con vida al rey de Amalek. Y, en tiempos modernos, cuando le preguntaron a la primera ministro israelí Golda Meir si podría perdonar a Egipto por haber matado soldados israelíes, ella contestó, "Es más difícil para mí perdonar a Egipto por hacernos matar a sus soldados".

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Abrumadoramente Bien

Entonces, ¿qué es lo que significa todo esto para nosotros hoy?

En la ausencia de un Rey judío o de un Sanedrín (corte judía), estas leyes de guerra no se aplican técnicamente. Pero todavía hay una lección que podemos aprender. La severidad de la idolatría se ve enfatizada por el hecho de que el castigo más severo en el judaísmo está reservado para un Maisit - alguien que promueve y que convence a otros que hagan idolatría. Como se indica en nuestra parashá, esta persona participa activamente en la erosión de valores centrales, y no existe una amenaza más grande para la sociedad (véase Deuteronomio 13:7-12).

De aquí podemos extrapolar: La mayor recompensa está reservada para alguien que hace lo contrario de un Maisit - alguien que activamente acerca a los judíos a su herencia.

El rey David dice: "Aléjate del mal y haz el bien, busca la paz y persíguela" (Salmos 34:15). Un método eficaz para alejar el mal es "hacer el bien". Vivimos en tiempos singulares. El mundo está lleno de tensión y de luchas. La bondad está frecuentemente allí, burbujeando bajo la superficie. Vamos a pensar positivamente. Vamos a reflexionar sobre lo que podemos hacer para eliminar el mal... abrumándolo con el bien.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons