"No verás el toro de tu hermano o su oveja extraviados y te esconderás de ellos; ciertamente has de regresarlos a tu hermano. Y si tu hermano no está cercano a ti y no lo sabe, lo ingresarás al interior de tu casa y permanecerá contigo hasta que tu hermano inquiera por él; entonces se lo regresarás. Así harás con su asno, así harás con su vestimenta y así harás con cualquier pérdida de tu hermano que se pierda de él; no podrás esconderte..." (Deuteronomio 22:1-3).

"Devolver los objetos perdidos" es una de las 613 mitzvot de la Torá. En el nivel más básico, esto significa que si encontramos dinero tirado en la calle, estamos obligados a buscar al dueño y a devolvérselo.

La Torá agrega una dimensión más profunda: "no podrás esconderte". Esto excluye la posibilidad de ignorar el objeto perdido y continuar con nuestro camino como si no hubiéramos visto nada.

En términos prácticos, esto significa poner anuncios en todo el vecindario y preguntar en todas partes quien puede haber perdido tal cosa. A modo de ejemplo, deberíamos publicar: "Maletín encontrado el 1 de julio en la calle Independencia. Para reclamarlo, llamar al 555-1234".

La clave es divulgar suficiente información sobre el objeto de modo que el propietario sepa que se refiere a él, pero no demasiada como para que alguien sin escrúpulos pueda venir y reclamarlo falsamente. La persona que se comunique para reclamar el maletín se verá obligada a proporcionar una descripción básica (color, tamaño) y quizás identificar algunos de los contenidos. De esta manera, nos aseguraremos que el objeto está siendo devuelto a su verdadero dueño.

¡"El que lo encuentra se lo queda" definitivamente no es un concepto judío!

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El Daño ya Está Hecho

Otra aplicación de esta mitzvá es asumir la responsabilidad por daños sobre la propiedad privada. El ejemplo clásico es cuando accidentalmente chocamos otro coche en el estacionamiento. Si esto ocurre, debemos dejar una nota con nuestro número de teléfono.

El Talmud (Baba Metzia 31a) extiende esta idea y explica que hay que "prevenir daños". Por ejemplo, si la casa de tu vecino está a punto de inundarse – y él no está –entonces tú debes colocar bolsas de arena para detener el agua (y luego puedes pedir un reembolso).

Recuerdo un incidente durante mi primera visita a Aish en Jerusalem. Estaba observando el panel de anuncios de los estudiantes, leyendo algunos de los anuncios que estaban publicados. Uno en particular captó mi atención:

"Accidentalmente rompí una taza de café de color azul. Si es tuya, por favor avísame para poder compensarte. Firmado, José Fulano".

José podría haber roto la taza, podría no haber dicho nada y nadie se habría enterado. Pero él estaba decidido a arreglar las cosas. ¡¿No sería bonito si todo el mundo actuara de esta manera?!

Pero ese no es el final de la historia. Una semana más tarde, yo estaba leyendo de nuevo el mismo panel de anuncios y noté algo asombroso. Este joven había tachado la palabra "accidentalmente" y había escrito en su lugar "negligentemente". Él había meditado y había entendido que decir que la taza se había roto accidentalmente no era del todo cierto.

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Cuidando la Mercancía

Una extensión de la mitzvá de devolver objetos perdidos es la obligación de conservar cuidadosamente el objeto encontrado hasta que sea devuelto. No tenemos permiso para usarlo libremente, sino que estamos obligados a cuidar de él.

El Talmud (Taanit 25a) cuenta la historia de cómo una vez unas gallinas se perdieron y llegaron al patio de Rabi Janina Ben Dosa. Rabi Janina se vio en la obligación de cuidar de ellas hasta que se encontrara al verdadero dueño. Mientras tanto, las gallinas pusieron huevos que después de un tiempo se transformaron en polluelos, y pronto la propiedad de Rabi Janina ¡estaba llena de aves! Con el fin de ahorrar espacio, él intercambió todos los polluelos por unas cuantas cabras.

A través de una cuidadosa observancia de la mitzvá, Rabi Janina había multiplicado la riqueza del dueño original de las gallinas. En el momento en que el hombre llegó a reclamar sus gallinas, se transformó en el orgulloso propietario de todo un rebaño de cabras.

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Herencia Judía

Con esta idea en mente, consideremos la siguiente ilustración:

Ariel, el corredor de la bolsa de comercio, llama a su amigo Miguel. "Tengo un dato con respecto a unas acciones", dice Ariel. "¡Garantizadamente de aquí a mañana duplicarán su valor!".

"Mmm, he oído hablar de estos famosos "datos" anteriormente", dice Miguel. "Gracias de todos modos, pero voy a pasar esta vez".

Una semana más tarde Miguel recibe una llamada telefónica. "Hey, soy yo de nuevo, Ariel. ¿Recuerdas acerca de las acciones que te conté? Bueno, yo invertí $10.000 dólares ¡y el dinero se duplicó de la noche a la mañana! Yo creo que las acciones van a seguir subiendo, así que voy a reinvertir los $20.000 dólares. Todavía estás a tiempo. ¿Te interesa?".

"No, gracias", dice Miguel. "Lo que sube, eventualmente tiene que bajar. Voy a pasar nuevamente".

Una semana más tarde Miguel recibe una llamada telefónica. Se trata de Ariel el corredor de la bolsa de comercio. "Wow, estas acciones son sorprendentes. Su valor sigue duplicándose y ahora el valor de mi inversión alcanza los $ 100.000 dólares. Vamos, Miguel, ¿por qué no inviertes en estas acciones? ¡Es un negocio genial!".

Semana tras semana, mes tras mes, las llamadas telefónicas continúan. Las acciones de Ariel siguen subiendo, mientras que Miguel está de brazos cruzados.

Un día suena el teléfono de Miguel. (Él espera que no sea Ariel con más noticias acerca de sus inversiones). "Hey, soy yo, Ariel. Quiero decirte algo. ¿Recuerdas hace unos meses atrás cuando invertí los primeros $10.000 dólares? Pues bien, al mismo tiempo tomé otros $10.000 y los invertí a tu nombre. Ahora el valor de las acciones alcanza el millón de dólares. Somos buenos amigos Miguel, y me preocupo mucho por ti. Por lo tanto, sólo dame los $10.000 dólares originales ¡y el millón de dólares es tuyo!".

¿Se imaginan una oferta así?

Ahora aplica esto a la historia judía. Desde Moisés hasta Maimónides, desde el Sagrado Templo al moderno Estado de Israel, y todas las personas y todas las cosas que existieron entremedio, nuestros antepasados sudaron, lucharon y se sacrificaron para construir un legado judío. Un legado de sabiduría, de idealismo, de educación, de cuidar los unos de los otros y de cuidar el mundo en general.

No se trata de un viaje de culpa judía. Se trata de reconocer el increíble legado que tenemos en nuestras manos. Durante 3000 años, el pueblo judío ha acumulado un tesoro. Y ahora, ¡todos podemos venir y disfrutar de él!

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De Vuelta a Casa

La mitzvá de devolver los objetos perdidos no sólo se aplica a los objetos materiales que se han perdido, sino también a cosas más intangibles. Por ejemplo, si dos amigos dejaron de hablar a causa de una discusión, debemos tratar de ayudar a reestablecer la relación.

Del mismo modo, si alguien se ha alejado del judaísmo y ha perdido su conexión con Dios y con la Torá, debemos hacer todo lo posible para ayudar.

Este año, a medida que se acercan los Iamim Noraim (los días entre Rosh Hashaná y Iom Kipur), piensa en alguien que conozcas que se encuentre alejado de la comunidad judía, e invítalo a compartir las festividades contigo. Quizás esto es lo que verdaderamente nos quiere decir el verso en nuestra parashá: "A continuación, llevar [el objeto perdido] a tu casa" (Deuteronomio 22:1).

Pruébalo. Asume la responsabilidad. Tu esfuerzo puede valer millones.

 

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons