Un pescador estaba pescando sentado a la orilla de un río. Vino un hombre rico y miró con asombro como cada pocos minutos él pescador sacaba con su caña un pez bastante grande. Después de sólo una hora, el pescador comenzó a empacar sus cosas para marcharse. El hombre rico corrió hacia él y le preguntó: "¿Por qué te vas después de tan poco tiempo?".

"Bueno", dijo el pescador, he atrapado suficientes peces para toda una semana y la verdad es que no necesito más. Ahora voy a casa a estudiar Torá y a pasar tiempo con mi familia".

"Pero piensa lo que podrías hacer con más pescados", imploró el hombre rico. "Se puede vender el pescado extra, se puede usar ese dinero para invertir en más cañas de pescar y entonces podrías comprar una embarcación y contratar a otras personas para que realicen la pesca, mientras que tu supervisarías la operación".

"¿Y cuál es el objetivo de todo esto?", preguntó el pescador.

"Bueno", respondió el hombre rico, "después podrías contratar a alguien para que se haga cargo de tu negocio y así podrías retirarte para hacer lo que realmente quieres en la vida".

Con esas palabras, el pescador se despidió del hombre rico y le dijo, "muchas gracias, ¡pero ya estoy haciendo eso!".

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Nuestros Ídolos

El punto de esta historia es que a veces estamos tan atrapados en la dinámica de producir, lograr y triunfar, que quizás nunca nos detendremos a pensar: "¿De qué se trata la vida? ¿Para qué estoy viviendo realmente?".

La parashá de esta semana relata la historia de Abraham. Cuando tenía tan sólo tres años de edad, Abraham observó el mundo de la naturaleza con toda su perfección, belleza, simetría, precisión, ritmo, equilibrio, integración, coordinación, unidad, y llegó a la conclusión de que detrás de un mundo tan perfectamente diseñado, debía existir un diseñador inteligente. Abraham había descubierto a Dios.

Superficialmente, esta conclusión no es tan sorprendente. Lleva a cualquier niño de tres años de edad a una fábrica de juguetes y muéstrale el proceso de diseño, fabricación y ensamblaje. ¿Acaso él pensaría equivocadamente que estos juguetes se producen por accidente? Ahora bien, lo especial acerca del descubrimiento de Abraham es que él vivía en un mundo inmerso en la idolatría. La idolatría es un intento falsificado de satisfacer la necesidad humana básica de conectarnos con una dimensión más allá de nosotros mismos. Para algunos, esto significa tallar una estatua de Buda; para otros, comprar un nuevo Mercedes. Durante el tiempo de Abraham, todo el mundo tenía un ídolo.

El descubrimiento de Abraham es aún más notable cuando tomamos en cuenta que su familia poseía y operaba una exitosa tienda de ídolos. Un día, cuando le pidieron a Abraham que se quedara a cargo de la tienda, tomó un martillo y rompió todos los ídolos, excepto el ídolo más grande. Cuando su padre llegó a la tienda quedó horrorizado. "¿¡Qué ha ocurrido!?", gritó. "Fue increíble, papá", respondió Abraham. "Todos los ídolos se involucraron en una pelea ¡y el ídolo más grande ganó!". Su padre no tenía como responder; en el fondo, él sabía que Abraham se había conectado con una verdad más profunda.

Abraham continuó su esfuerzo para convencer a los demás. Él recibió invitados en su tienda de campaña, abierta por los cuatro costados, y que estaba situada justo en medio de una carretera que conectaba dos grandes ciudades. Abraham fue también el autor de un libro de 400 capítulos que refuta la idolatría. Y además soportó todo tipo de burlas y persecuciones por mantenerse firme en sus creencias, que eran por decir lo menos, políticamente incorrectas. Nimrod, el líder mundial más poderoso de la época, fue el más amenazado por las ideas de Abraham de un Dios supremo. Así que Nimrod tiró a Abraham dentro de un horno ardiente, y le dijo: "Vamos a ver si tu Dios te salva ahora". Abraham salió del horno intacto.

De hecho, la Torá lo llama "Abraham Ha-Ivrí", Abraham el Hebreo. Ha-Ivrí se traduce literalmente como "el que está al otro lado". El mundo entero está en un lado, y Abraham de pie firme, en el otro.

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Desprenderse

¿Cuál es el secreto de la increíble fuerza de Abraham, y cómo podemos integrar esta lección en nuestras vidas hoy?

La respuesta se encuentra en el primer verso de la parashá. Dios se le aparece a Abraham y le dice: " Ve para ti mismo ("Lej Lejá"), lejos de tu país, de tus familiares, y de la casa de tu padre". Dios le dice a Abraham que para llegar a ser verdaderamente grande, deberá "cortar el cordón umbilical", y embarcarse en un viaje de crecimiento y de auto-descubrimiento, lejos de la rutina familiar.

Nos atascamos en una rutina de presión ejercida por nuestros pares. Viejos amigos. Viejos hábitos. Padres autoritarios. Cuando yo era pequeño, tenía un amigo que siempre había deseado ser abogado. Pero sus padres querían que él fuera un médico, para poder decir "Mi hijo el doctor". Él insistió en convertirse en un abogado, ellos insistieron en que fuera médico. La presión se hizo tan grande que él pasó 10 años en la escuela de medicina sólo para satisfacer a sus padres. (Una vez terminada la carrera, se fue a la escuela de derecho, y después combinó los dos campos y se convirtió en abogado de casos de negligencia médica). Pero el punto es que él no tuvo la fuerza para romper la presión y vivir su propia vida.

La primera pregunta que cada uno de nosotros debe preguntarse es: ¿De dónde proviene mi "filosofía de vida"?. ¿Es esencialmente un enfoque griego de la vida?, ¿Romano?, ¿Oriental?, ¿Judío? Intenta preguntarte a ti mismo lo siguiente: "Si yo hubiese nacido en una familia de fundamentalistas musulmanes en Irán, ¿qué estaría haciendo hoy con mi vida?". Porque si no lidias con esta cuestión, entonces hay bastantes posibilidades ¡de que si serías un musulmán fundamentalista!

Así como Dios le dijo a Abraham: "Ve para ti mismo, lejos de tu país, de tus familiares, y de la casa de tu padre". No lo instó a rechazar automáticamente los valores de la sociedad. Sino que lo instó a que con inteligencia examinara sus méritos.

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Auto Exploración

Todo el mundo - sin excepción - tiene que pasar por este proceso.

Un famoso rabino, una vez me reveló el secreto de su grandeza. Él dijo: "Mi abuelo fundó una de las principales ieshivot de los tiempos modernos. Y mi padre le sucedió como jefe de la ieshivá. Cuando yo era pequeño, estaba rodeado de lo mejor que puede ofrecer el judaísmo. Estudié con los principales eruditos, tuve acceso a enormes bibliotecas de libros de Torá, y crecí en un hogar que era el centro de la vida judía comunal. Tuve todo. Pero al mismo tiempo sentía como que no era mío. Me lo habían dado, pero yo no lo había adquirido".

Él continuó: "Así que cuando cumplí 18 años, tomé la decisión de someterme a un profundo proceso de auto examinación. Tomé todo el pensamiento judío y la práctica, y me vacié a mí mismo de todo eso, metafóricamente. No deje de observar las mitzvot. Pero intelectualmente, puse todo sobre la mesa para poder verlo. Miré el Shabat por ejemplo y me pregunté: ¿Qué es esto? ¿Cómo me relaciono con él? ¿Qué aspectos aprecio, y cuales son los aspectos que no entiendo?".

Una relación completa con Dios requiere tanto una conexión intelectual como una conexión emocional. ‘El conocimiento de Dios sin sentimientos' deja a una persona fría e indiferente. Por otra parte, el ‘sentimiento sin conocimiento' ha sido la base histórica de todos los cultos, religiones falsas y la demagogia.

Dada la cantidad de "caminos espirituales" que claman por nuestra atención (junto con la tendencia humana a conformarse con verdades a medias y compromisos cómodos frente a preguntas difíciles), el judaísmo nos instruye a acercarnos a la espiritualidad también como una búsqueda intelectual. En el "Aleinu", recitamos: "Habrás de saber este día, y confirmarás en tu corazón, que Hashem es el único Dios...". "Habrás de saber este día" es el primer paso, intelectual. Sin embargo, debe unirse con la realización emocional de "confirmarás en tu corazón".

Este rabino continuó: "Necesitaba crecer y convertirme en mi propio ser. Repetí este proceso con todas las áreas de la Torá. Pasaron años. Pero ahora mis convicciones son fuertes e inquebrantables. Sé quien soy, y lo que es más importante, ¡sé porqué lo soy!".

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¡Por la vida!

Un elemento clave para la madurez es pasar por este proceso. Quizás esta es la forma en que comenzó la tradición en Norteamérica de irse lejos de la casa por cuatro años a la universidad. Les otorga a los jóvenes la flexibilidad necesaria para experimentar con ideas diferentes y con estilos diferentes de vida, sin tener que estar bajo el escrutinio constante de familiares y amigos. Es una oportunidad para descubrir quienes somos realmente. (Por desgracia, esos cuatro años a menudo se desaprovechan y se utilizan para ir de fiesta en vez de utilizarlos para desarrollar un proceso serio de auto-examinación).

En nuestra parashá Dios le sugiere a Abraham, como judío, donde puede experimentar esto de mejor manera: En la Tierra de Israel. De la misma manera, para los judíos hoy en día, una sola visita a Israel es a menudo transformacional. Hay un contexto histórico, un peso espiritual sobre la tierra que nos hace poner la vida en perspectiva.

Tal vez dirás, "No tengo tiempo", o "Soy demasiado viejo". Los rabinos señalan que la palabra hebrea para "vida" - jaim - siempre aparece en forma plural. Esto se debe a que la vida es un proceso continuo de auto-descubrimiento. Nunca es demasiado tarde. Y ahora es el momento perfecto.

El Sfat Emet (Siglo XIX, Europa) señala que Dios nos dice a cada uno de nosotros "Lej Lejá", ve para ti mismo. Abraham escuchó la llamada. Esperemos que nosotros también seamos capaces de escucharla.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons