El Sr. Cohen pasea nerviosamente en la sala de espera de un hospital de maternidad, en cuyo interior, su esposa está dando a luz a su primer hijo. De repente, la puerta se abre y el médico aparece. "Sr. Cohen, tengo buenas noticias y malas noticias. La buena noticia es que el nacimiento se ha desarrollado sin contratiempos. La mala noticia es que su hijo tiene una condición que va con el tiempo va a causarle la muerte".

El Sr. Cohen está choqueado. "¡Esto es terrible! ¿Qué podemos hacer?".

"Me temo que no se puede hacer nada", responde el médico. "No se ha encontrado una cura. Y los científicos han abandonado la esperanza de encontrarla. Su hijo definitivamente va a morir".

"Oh no...", dice el Sr. Cohen, "¿Cuál es el nombre de esta condición?".

"Vida", responde el médico. "La vida".

El refrán dice, "El tiempo es dinero". Pero si nos dan a elegir, ¿qué es realmente más importante: cinco minutos o cinco dólares?

Es obvio que el tiempo es más precioso que el dinero. Tenemos una cantidad limitada de tiempo en esta tierra. Y a medida que envejecemos, esta realidad se hace cada vez más evidente. Sin embargo, cuando somos jóvenes sentimos que vamos a vivir para siempre. Cuenta la leyenda que en su lecho de muerte, la Reina de Inglaterra dijo, "Renunciaría a toda mi fama y a todas mis riquezas por una sola hora más de vida".

Una de las tragedias humanas más grandes es el hecho de "perder el tiempo", el literalmente tirar una parte preciosa de la vida. Por supuesto hay formas evidentes en las que perdemos el tiempo: Hablando tonteras. Escuchando bromas sin sentido. Viendo teleseries. Surfeando sin control por el ciberespacio. Eso es "matar el tiempo...". Y viceversa.

Pero hay una forma más sutil de perder el tiempo. Recuerdo haber visto un anuncio, publicitando ropa, en una pequeña tienda de venta por departamentos; "Para adaptarse a su ocupado estilo de vida". El anuncio era atractivo para nuestro deseo humano de estar ocupados. Si estamos ocupados, nos sentimos importantes. Pero, ¿qué estamos haciendo realmente? Imaginemos una lápida que dice: "Hizo muchos repartos". ¿No hay en la vida algo más importante que simplemente "estar ocupados"?

El nombre de la parashá de esta semana es "Jayei Sara", que significa literalmente "las vidas de Sara". Pero lo extraño es que nuestra parashá no habla de la VIDA de Sara, sino que describe su muerte y su entierro. Luego la parashá continúa con este tema y termina con la muerte de Abraham. Si la parashá habla todo el tiempo de muerte, ¿por qué se titula "vidas"?

La vida es como un barco. Típicamente un barco es bautizado en su viaje inaugural. Tenemos esperanzas y expectativas de que el barco va a viajar con seguridad y con éxito. ¿Pero qué ocurre unos años más tarde, cuando el barco vuelve a atracar en el puerto todo golpeado y desgastado? ¿Dónde están las cámaras, la multitud y las botellas de champaña?

En el judaísmo nosotros decimos que ese es precisamente el momento de celebración. Ya que en ese momento podemos realmente evaluar y apreciar el éxito que tuvo la embarcación. Lo cual explica por qué la Torá emplea la MUERTE de Sara y de Abraham para proclamar el gran valor de sus VIDAS.

El acelerado crecimiento de un niño puede medirse en términos de meses. En un adulto en cambio, el crecimiento es detectable a lo largo de un período de años. Pero, ¿por qué debe ser así? Así como nosotros no esperamos que un niño de 10 años de edad se comporte como lo hizo a la edad de cinco años, entonces, ¿por qué debería un hombre de 40 años de edad actuar como lo hizo cuando tenía 35 años?

Al describir la vida de Abraham, la Torá dice: "Estos son los DÍAS de los AÑOS de la vida de Abraham" (Génesis 25:7). La Torá compara los días a los años para decirnos que, si bien el crecimiento de una persona promedio puede medirse en años, el crecimiento de Abraham y de Sara podía medirse en días. Ellos crecían enormemente a diario. Ellos vivieron días completos.

A veces podemos pensar lo siguiente, "Yo podría estar creciendo más, sólo si mi vida no fuera tan difícil". Esto es una falacia. Porque nuestro mayor crecimiento viene durante los tiempos difíciles, no durante los momentos fáciles. El Talmud dice que "todos los años de Sara fueron iguales en términos de bondad". ¿Pero cómo es posible? ¡Sara sufrió 90 años de esterilidad y fue secuestrada dos veces! Abraham, también, ¡luchó guerras y fue arrojado en un horno ardiente!

El significado de esta declaración es que no importa lo que pasó, Sara vio cada evento como una oportunidad para aprender y para crecer. Los seres humanos tienen que crecer y aprender constantemente. Porque no existe tal cosa como "quedarse tranquilo". La vida está en un estado constante de entropía. Por lo tanto, si no estamos creciendo, entonces nos estamos marchitando.

Analicemos el estilo de vida moderno: El estadounidense promedio pasa 250 horas al año trasladándose de un lado a otro, y otras 200 horas esperando su turno en una fila. En 40 años de carrera laboral, eso equivale a 18.000 horas. ¿Y qué podemos decir acerca de como aprovechamos ese tiempo?, ¿que conocemos todas las canciones famosas de los años 60 y 70?, ¿que hemos escuchado horas y horas de análisis político en la radio?, ¿que alentamos a nuestro equipo de fútbol favorito?

Conducir y soñar despiertos es tirar dinero por la ventana. En lugar de ello, ¡aprende algo! Establece una meta. Aprende hebreo. Repasa una serie sobre historia judía. Mientras almuerzas o mientras viajas de la casa al trabajo escucha alguna clase de audio de Internet. No hay escasez de oportunidades, si realmente deseamos que sea una realidad.

He aquí una de mis historias favoritas que ilustra esta idea: Había un gran rabino en Europa en el siglo XIX llamado Jatam Sofer. A él le tomaba varios años estudiar el voluminoso Talmud, desde el primer tratado hasta el último. Al terminar, celebraba con familiares y con amigos. Un día, anunció otra celebración, apenas unos meses después de la celebración anterior. Sus amigos le preguntaron: "¿Pero cómo es posible si tu ciclo regular de estudio aún no ha terminado, faltan varios años?". Él explicó: "Todo este tiempo he estado estudiando el Talmud simultáneamente en un segundo ciclo. Durante este segundo ciclo, estudié cada vez que tuve cinco minutos libres, ya sea mientras esperaba de pie en filas, o mientras esperaba que comenzara algún evento, o mientras viajaba. De esta manera, cinco minutos a la vez, yo fui capaz de acumular muchos años extras de estudio de Torá!".

Ahora que estás pensando, "Oh sí, todo esto suena bonito en teoría, ¡pero necesito tiempo para descansar!". Por supuesto, todo el mundo necesita tiempo para recargar energías y para refrescarse. En Los Ángeles, en un paseo peatonal muy popular, recuerdo haber visto un enorme cartel que decía: "El lugar para venir cuando no tenga nada que hacer".

El judaísmo dice que no debemos desperdiciar ni siquiera un minuto de vida. Ahora bien, esto no significa tener un libro enfrente las 24 horas del día. (Es decir, también tenemos que dormir, ¿verdad?). Por el contrario, la idea judía de "relajarnos", significa sintonizarnos con otro aspecto de la vida. Un aspecto con un propósito claro y definido. Relajarnos, pero no "perdernos en el espacio". Cuando dormimos, debemos dormir para que nuestro cuerpo descanse y tenga la fuerza necesaria para hacer cosas realmente significativas. De esta manera, el sueño en sí mismo se convierte en algo significativo. Del mismo modo, si estás visitando a un amigo, en lugar de pasar el tiempo hablando sobre noticias, deportes y el tiempo, ¿por qué no compartir ideas sobre como ayudar a la comunidad, o hablar sobre la parashá de la semana, o dar un paseo por el parque? A pesar de que cambies de rumbo, eso no es desertar. Es crecer.

Como descendientes de Abraham y Sara, hemos heredado sus genes espirituales. Cada momento de sus vidas fue útil y significativo. El reloj está avanzando. Que su ejemplo nos inspire a hacer lo mismo que hicieron ellos.

 

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons