En la parashá de esta semana llega el momento en que Iaacov desea casarse, por lo tanto, él parte a la casa de su tío Laban para encontrar una esposa. Cuando Iaacov llega y conoce a su prima Rajel, decide que ella es la mujer para él. Iaacov está tan cautivado con su shiduj ("pretendiente"), que se compromete a trabajar para su tío Laban durante siete años antes de ganar el derecho de contraer matrimonio con Rajel. De hecho, la Torá nos informa que la emoción de Iaacov fue tan grande que los siete años "le parecieron sólo como unos pocos días" (Génesis 29:20).

El día designado finalmente llega, y Laban invita a toda la ciudad a la fiesta. Todo el mundo está celebrando. Todo el mundo excepto Lea, la hermana mayor de Rajel, que aún sigue soltera con un futuro incierto. Iaacov, que no se caracteriza por ser ingenuo (recordemos la forma en que inteligentemente le arrebató la primogenitura a su hermano Esav), sospechaba que Laban podría tratar de casar a Lea, su hija mayor, esa noche en lugar de Rajel.

Dado que la novia lleva un velo que cubre su rostro, Iaacov establece una "contraseña secreta", con el fin de garantizar que en realidad su amada Rajel esté debajo de la jupá.

Entonces, ¿qué ocurre? Cientos de invitados han llegado. El servicio de catering, la banda y el fotógrafo están todos listos y posicionados. Iaacov está expectante bajo la jupá y... ¡aquí viene la novia! Pero, como la novia está cubierta con un velo, nadie sospecha que Laban ha hecho un intercambio, ¡y es realmente Lea la que está bajo la jupá!

Por lo tanto, ¿qué esperaríamos nosotros que sucederá a continuación? Cuando la novia se ubica bajo la jupá, Iaacov se acerca a ella y le dice: "Está bien, dime la contraseña secreta". Y Lea, que no conoce la contraseña se queda ahí, de pie, estupefacta. ¡La artimaña se confirma! Iaacov levanta el velo y revela el engaño del Laban. La multitud sorprendida, respira profundamente. Deshonrada, Lea escapa de la habitación llorando.

Pero eso no fue lo que ocurrió. En cambio, cuando Lea se ubicó debajo de la jupá, ella dijo la contraseña correcta. ¿Por qué? Porque Rajel, su hermana, le dijo qué decir. Rajel sabía la terrible vergüenza que sufriría Lea si el engaño hubiera sido revelado en aquel momento. Por lo tanto, con el fin de evitarle la vergüenza a su hermana, Rajel estaba realmente dispuesta a renunciar al marido por el cual ella había esperado pacientemente ¡durante siete años! (véase el Talmud, Megila 13b).

Imagínate, te comprometes para casarte, pero debido a diversas circunstancias debes programar la boda con siete años de antelación. Finalmente, el gran día llega. ¿Podría ocurrir algo que te impidiera seguir adelante con tus planes? ¿Podrías considerar la posibilidad de abandonar todo para evitar que otro ser humano sea humillado?

Rajel alcanzó la grandeza, ya que ella estaba dispuesta a hacer precisamente eso.

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Ética Bíblica

La Torá tiene leyes intrínsecas para salvaguardar el principio de no avergonzar a los demás:

1. Las ofrendas que se ofrecían a causa de graves transgresiones eran ofrecidas en el mismo lugar del Templo que todas las demás ofrendas. El Talmud (Sota 32b) explica que de esta manera, los curiosos no eran capaces de identificar específicamente a aquellos que llevaban ofrendas de expiación (Levítico 6:18).

2. Del mismo modo, cuando una persona confiesa sus pecados (como lo hacemos en Iom Kipur), debe hacerlo de forma que no sea audible para los demás.

3. En las leyes de daños y perjuicios, una persona puede demandar a otra no sólo por daños físicos, sino que también por angustia emocional, y específicamente ¡por el dolor de la vergüenza! (ver Maimónides, Leyes de daños y perjuicios 3:1, 3:7).

4. Al enumerar los niveles de caridad, Maimónides establece que uno de los niveles más altos de caridad es cuando el donante y el receptor ignoran la identidad el uno del otro. Esto minimiza cualquier vergüenza que la persona necesitada pueda sentir.

5. En la historia de Bilam y su burro parlante, un ángel finalmente acaba con el burro. ¿Por qué? Para que la gente no apuntara al burro y dijera: "Mira, eso es lo que causó la caída de Bilam", una continua fuente de vergüenza para Bilam. ¡La Torá incluso exige sensibilidad para con una persona malvada! (Números 22:33 con Rashi, Midrash Bamidbar Rabá).

6. Cuando un individuo es llamado a la Torá para una aliá, la ley es que él mismo debe entonar en público los versos. Sin embargo, dado que hoy en día muchos son incapaces de leer correctamente, los Sabios ordenaron que una persona sea designada para leer en nombre de todos, a fin de evitar la vergüenza de aquellos que no pueden leer por sí mismos.

7. El Talmud incluso se atreve a decir que avergonzar a una persona en público es comparable al hecho de asesinarla. Esto se debe a que cuando alguien se ruboriza, la sangre primero llega al rostro provocando que se torne de color rojo y, a continuación, la sangre es drenada, causando que el rostro se torne blanco. "El drenaje de la sangre de otra persona" es un acto comparable al asesinato. En un nivel más profundo, la vergüenza puede "matar" a una persona emocionalmente.

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La Recompensa de Rajel

Lo siguiente aparece en el Midrash (Génesis Rabá 82:10 y Pesikta Eijá Rabasi 24):

¿Por qué Iaacov enterró a Rajel junto a la carretera de Belén, y no en Hebrón, al igual que las demás matriarcas? Porque él preveía que en el futuro los judíos pasarían por Belén al ser exiliados. Iaacov deseaba que Rajel sintiera la angustia de aquellos judíos y orara por ellos.

1000 años después, ocurrió que los judíos colocaron un ídolo en el santuario, y Dios quiso destruir el Sagrado Templo para siempre. Las almas de cada uno de los patriarcas y de cada una de las matriarcas suplicaron a Dios para evitar que los judíos fueran condenados a permanecer en un exilio perpetuo. A cambio de la promesa de Dios, ellos ofrecieron todos sus méritos: su fe, su devoción y su auto-sacrificio. Abraham trató de persuadir a Dios en base al mérito de haber traído el monoteísmo al mundo. Pero Dios dijo que no sería suficiente. Entonces Isaac rogó a Dios por el mérito de haberse ofrecido voluntariamente para ser sacrificado en el Monte Moriá. Sin embargo, también fue rechazado como insuficiente. Iaacov, Moisés y otros presentaron sus méritos. Pero ninguno fue suficiente.

El alma de Rajel se presentó entonces ante Dios. "Amo del Universo", comenzó, "Esperé siete años para casarme con mi amado Iaacov. Cuando el momento de la boda finalmente llegó, mi padre ideó un plan para intercambiarme por Lea. Me di cuenta de que ella sería avergonzada de descubrirse el engaño, por lo tanto, tuve compasión y le di la contraseña. Superé mis propios sentimientos y no tuve celos. Permití que un rival entrara en mi casa. Así que si yo fui capaz de hacerlo, Dios, con mayor razón Tú también puedes aceptar que hayan puesto un ídolo, un rival dentro de Tu casa".

Inmediatamente, la compasión de Dios se despertó. Él dijo, "No llores por el exilio, Rajel, ya que por tu mérito regresaré a los hijos de Israel en el futuro a su tierra una vez más" (ver Jeremías, Capítulo 31).

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Persona Simple, Grandes Hazañas

En el mundo secular, a menudo, sólo los "grandes" logros llaman la atención. Sólo los líderes mundiales, las estrellas de cine y los magnates aparecen en las portadas de las revistas y son glorificados como símbolos de poder e influencia.

Pero esa no es la realidad. Porque si usted le pregunta a 100 personas, "¿quién fue la mayor influencia de su vida?", ninguna de ellas mencionará al atleta que obtuvo una medalla de oro en las olimpiadas o al Presidente de los Estados Unidos. Por el contrario, nuestros padres y nuestros profesores son los que nos han moldeado y nos han formado. Y no a través de revelaciones sorprendentes. Sino que, simplemente, debido a que han demostrado atención y compasión por nosotros, día a día. Y esta es la lección que Dios nos está enseñando al aceptar la oración de Rajel por encima de todas los demás.

El Rabino Moshé Feinstein, el líder del siglo XX de los judíos de Norteamérica, fue recogido por un estudiante para ser llevado a una cita. El conductor ayudó al Rabino Feinstein a subir al coche y, a continuación, cerró la puerta. Al llegar a su destino, el Rabino Feinstein fue recibido por otro estudiante que notó que su mano había sido aplastada y estaba sangrando. "¿Qué pasó?", le preguntó. El Rabino Feinstein explicó: "El conductor cerró la puerta y apretó mi mano, pero no dije nada para no avergonzarlo". En la vida, podemos heredar muchas cosas de nuestros antepasados: condiciones médicas, color de cabello, dinero. En el judaísmo se dice que también heredamos ADN espiritual. Cuando Rajel y otros demuestran un carácter que va más allá de las expectativas humanas, eso queda arraigado por toda la eternidad. Metafísicamente, ese código genético es heredado por cada uno de nosotros, otorgándonos el potencial innato de alcanzar esas alturas. Nosotros tenemos un gran poder, de lealtad, sinceridad, y una verdadera preocupación por los demás. Nuestra tarea consiste en llevarlo a la realidad.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons