La Parashá de esta semana es el sueño de todo arquitecto judío. Describe la construcción del Mishkán, el templo transportable que viajó con los judíos durante 40 años en el desierto (y por 500 años después de eso), hasta encontrar su hogar permanente en Jerusalem.

En el centro del Mishkán estaba el arca sagrada que contenía las tablas con los diez mandamientos. El arca era una caja cuadrada de madera. La Torá explica (Éxodo 25:11): "Debes cubrir la madera con oro puro por dentro y por fuera".

La necesidad de cubrir el exterior del arca con oro puro es comprensible: la pieza central del Mishkán tiene que ser ciertamente admirable y magistral. ¿Pero que necesidad hay de cubrir el interior con oro?

El Talmud (Yomá 72b) explica: La apariencia externa de una persona debe ser un delicado reflejo de su interior. En otras palabras, no seas un hipócrita.

Todos reconocemos rápidamente a alguien falso, puede mostrar una sonrisa, pero está listo para darte una puñalada por la espalda. Tristemente, la habilidad de discernir entre lo genuino y lo falso es parte de la vida. (Los niños resultan ser particularmente buenos para esto). Tal vez a eso se refería el Rey Salomón cuando dijo "Mejor la rabia de un amigo, que el beso de un enemigo". Por lo menos sabes qué cosa estás recibiendo.

Una de las maravillas del judaísmo es como el idioma hebreo revela las verdades de la vida. La palabra hebrea para cara – "panim" – es casi idéntica a la palabra hebrea para interior – "pinim" – esto nos enseña que nuestro rostro debe reflejar nuestro interior. (En contraste con el inglés, la palabra "face" – cara – tiene sus orígenes en "facade" que significa fachada, una apariencia engañosa).

Esta aversión a la hipocresía también se refleja en las leyes de cashrut. La única ley judía que todo el mundo conoce es que un judío no debe comer cerdo. Interesantemente, la Torá no dice en ninguna parte que comer cerdo es más grave que comer, por ejemplo, mariscos o un chocolate cubierto con hormigas. ¿Por qué entonces singularizamos esta prohibición en contra del cerdo?

La Torá nos dice (y los especialistas concuerdan) que el cerdo es el único animal del mundo que posee la condición externa para ser un animal casher (pezuña partida) pero no la condición interna (ser rumiante). El cerdo por lo tanto, representa todo lo que es casher por fuera, pero es sucio por dentro. El Talmud describe este tipo de hipocresía como una de las categorías de comportamiento que Dios detesta. Por esta razón, el cerdo es visto universalmente como algo prohibido para los judíos.

De vuelta a nuestra Parashá... ahora ha surgido una interesante pregunta: Si el arca está cubierta por dentro y por fuera, ¡¿Por qué debe ser hecha de madera?! ¿Por qué no hacer el arca de una sola pieza de oro sólido?

La respuesta es que adquirir pureza y sinceridad no es algo que ocurre necesariamente de la noche a la mañana. Como cualquier meta importante, se alcanza con constancia. La madera – orgánica y dinámica – representa esta idea.

El judaísmo no es todo o nada. La observancia de la Torá puede comenzar con el encendido de las velas de Shabat. O quizás estudiando la Parashá durante la semana. O quizás recitando el Shemá Israel antes de ir a dormir.

Imagina tropezar con una mina de oro. ¿Rechazarías el oro de esa mina específica solamente porque no puedes obtener el oro de todas las minas del mundo? Acá también, cada Mitzvá es una mina de oro. Por supuesto que debemos luchar para cumplirlas todas. Pero incluso si cumplimos sólo una, nuestras vidas se enriquecen para siempre.

Lo importante no es en que peldaño de la escalera estamos, sino en que dirección estamos yendo y cuantos peldaños hemos escalado. Crecer en Torá es lo mismo. Cualquier esfuerzo que hagas para acercarte al Todopoderoso, cualquier idea que aprendas – el impacto es acumulativo. Tal vez por eso la Torá compara a la persona con un árbol (Deuteronomio 20:19). Creciendo constante y firme, cada gota de agua cuenta.

El Talmud (Brajot 28a) dice que en la Yeshivá de Raban Gamliel, el prerrequisito de admisión era que el carácter interno de la persona tenía que coincidir con su apariencia. Raban Gamliel no aceptaba a cualquiera en su Yeshivá; él aceptaba sólo a los que eran honestos y sinceros.

El Talmud continúa: después de que Raban Gamliel dejo su posición como director de la Yeshivá, ellos instituyeron una política nueva donde cada estudiante – adecuado o no – podía ser admitido. Cientos de estudiantes se agruparon para inscribirse. En ese momento Raban Gamliel se deprimió y dijo: "¡Tal vez, ni Dios lo quiera, yo no he compartido la Torá con el pueblo judío!"

El Jidushei Harim (Europa, siglo 19) pregunta: ¿Qué estaba diciendo Raban Gamliel? ¡Por supuesto él sabía que su estricta política de admisión había hecho que algunas personas no pudieran estudiar en su Yeshivá! ¿Entonces por qué estaba tan sorprendido y deprimido?

La respuesta es que Raban Gamliel vio que después de un tiempo en la Yeshivá, ellos también se convirtieron en personas sinceras y honestas por el mérito de haber estudiado Torá. La Torá tiene el poder de transformar a una persona mediocre en una gran persona.

Algunos años atrás, yo estaba hablando a solas con un gran sabio de la Torá y le dije: "Rab, estoy tan agradecido por la oportunidad que he tenido de estudiar Torá. Sin ella, no se donde estaría".

El Rab me miró y me dijo, "Yo tampoco sé donde estaría".

Al comienzo de esta Parashá, Dios le ordena al pueblo judío "y que ellos construyan un Mishkán, para que yo pueda habitar entre ellos" (Éxodo 25:8). El Talmud señala que el verso debería leerse de la siguiente manera, "y que ellos construyan un Mishkán, para que yo pueda habitar en él". Entonces, ¿por qué dice "habitar entre ellos"?

La Torá nos esta explicando que el objetivo de construir un Mishkán no es solamente crear una casa para Dios, sino que santificar un lugar especial para Él entre las personas. Cada judío individualmente debe luchar por convertirse en un microcosmos del Mishkán: un refugio vivo de santidad.

Que seamos capaces de encontrar la fuerza y la inspiración necesaria para construir nuestro propio Mishkán. Y que esté hecho de madera fina, cubierto con oro puro, por dentro y por fuera.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons