Los judíos acaban de estar en el monte Sinai y acaban de escuchar los diez mandamientos. Luego, su confiable líder Moisés les dice que va a subir a la montaña por 40 días – a estudiar más Torá y a traer las tablas de la ley. La Torá describe lo que ocurre a continuación:

El pueblo vio que Moshé se había demorado en descender de la montaña, el pueblo se congregó alrededor de Aarón y le dijeron: "Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque Moshé, el hombre que nos sacó de Egipto, no sabemos que ha sido de él". Aarón les dijo: "Despréndanse de los zarcillos de oro que ocupan sus mujeres, sus hijos y sus hijas y tráiganmelos". Entonces todo el pueblo se desprendió de los zarcillos de oro y los llevaron a Aarón. Él tomó los zarcillos de oro e hizo un becerro de fundición. Ellos dijeron: "Estos son tus dioses Israel, que te sacaron de Egipto". (Éxodo 32:1-4).

Naturalmente nos incomoda una pregunta básica: Si los judíos acaban de presenciar el imponente poder de Dios en las diez plagas, la separación del Mar Rojo, y la revelación en el monte Sinai, ¡¿Cómo puede ser que estas mismas personas se den vuelta y adoren un Becerro de Oro?!

La respuesta es que los judíos nunca construyeron el Becerro de Oro con la intención de adorarlo.

Esto es lo que ocurrió: cuando Moisés dijo: "Voy a subir a la montaña por 40 días", él se refería a 40 días completos. Las personas, sin embargo, equivocadamente incluyeron en su cuenta el primer día – ¡por eso esperaban que Moisés volviera un día antes! (Por ejemplo, vamos a suponer que hoy es Domingo. Si yo digo que tienes "una semana" para realizar cierto trabajo – es confuso si tienes hasta el Sábado, o hasta el Domingo siguiente).

Entonces cuando llegó el día 39, los judíos comenzaron a preguntarse – ¿Dónde está Moisés?", y esto causó gran ansiedad. Porque a pesar de que la gente sabía que Dios mismo había hecho todos los milagros, fue sin embargo Moisés quien levantó su bastón para que se separara el Mar Rojo. Ellos contaban con Moisés como capitán del equipo.

Entonces, en el día 39, los malintencionados del campamento hicieron circular rumores de que Moisés no volvería. De hecho, inculcaron tanto miedo y ansiedad, que el Talmud dice que las personas tuvieron una visión de Moisés muerto (así de fuerte es el poder de la sugestión).

Luego los judíos razonaron: si Moisés no va a volver, debemos conseguir un reemplazo. Y así nació el Becerro de Oro. No como un ídolo; no como una rebelión contra Dios. Sino como una figura. Un mero santuario que remplazaba al ausente Moisés.

Y un segundo después, el Becerro de Oro se transforma en completa idolatría.

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Falta De Foco

¿Qué pasó?

Maimónides explica que la idolatría no es un sólo paso, sino que es un proceso. En los viejos tiempos, esculpían un pedazo de piedra y lo llamaban "dios del sol". Ellos querían rendirle tributo a Dios como creador del sol. Pero muy poco tiempo después estaban idolatrando al sol mismo. Ellos creían que algo aparte de Dios era la fuente última de fuerza y salvación.

Nosotros comenzamos con claridad, enfocados en las prioridades de la vida. Pero luego nos desviamos.

Hoy en día, no es poco común creer que el dinero, la fama, la bolsa de comercio, un computador rápido o la buena apariencia son la fuente de la completitud y la felicidad. Darle mucha importancia a algo que tiene importancia relativa: ¡Eso es idolatría!

Y vemos esto todos los días. Hablé con un joven recientemente, y le pregunté – en base a su reciente experiencia en Israel y en el seminario Discovery – si pensaba que la Torá era verdadera.

"Sí, absolutamente", dijo él. Entonces le pregunté por qué todavía manejaba en Shabat, comía hamburguesas con queso, y salía con una mujer no judía, su respuesta: "Estoy esperando un gran avance en mi carrera. Después voy a encargarme de esas otras cosas"

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El Camino a La Locura

La Torá nos dice que durante el incidente del Becerro de Oro, un hombre llamado Jur se levantó a protestar. ¿Y cómo reacciono la multitud? La conexión con este "ídolo" se había hecho tan fuerte que ellos atacaron a Jur y lo asesinaron.

Cuando Moisés llegó de la montaña y destruyó las tablas, hizo un anuncio a todos los judíos:

"Ahora pueden arrepentirse y evitar la tragedia", dijo Moisés. "Dejen de idolatrar al Becerro de Oro y afirmen su lealtad con Dios". Solamente la tribu de Levi, un 3% de la comunidad judía, acepto las palabras de Moisés. El otro 97% se quedó atascado en su empresa fallida.

A menudo vemos como alguien continua en una relación destructiva simplemente porque está profundamente involucrado y atascado. La gratificación física o emocional nos puede tener enviciados. Y una vez que estamos ahí, es difícil parar.

Recientemente en Los Ángeles, en un grupo de discusión de adultos jóvenes, mi colega Rab Nachum Braverman realizó un experimento. Sostuvo un billete de $20 dólares e hizo el siguiente anuncio: "Vamos a entregar este billete al mejor postor. El tema es que el que termine siendo el segundo mejor postor, también tiene que pagar su apuesta, sin recibir nada a cambio".

La subasta empezó en un tono simpático y festivo. Rápidamente las apuestas pasaron los $20 dólares y quedaron dos finalistas. El ambiente en la sala se puso serio cuando todos se dieron cuenta que alguien iba a perder mucho dinero. Cada finalista tenía que superar al otro para evitar convertirse en el segundo postor, ¡que pagaría por nada! La subasta alcanzó un pánico frenético, los dos participantes, entraron en una situación de empate. La sala estaba sin aliento. Y finalmente, el billete de $20 dólares se vendió por $76.

Es una locura. Es verdad lo que dicen: "La pelea de la vida es la pelea por la cordura".

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¡Levántate y Responde!

El Jafetz Jaim, el gran rabino del siglo 20, una vez le preguntó a un visitante si era Cohen, Levi o Israel. (Cohen y Levi son de la tribu de Levi) El visitante respondió que era de Israel – no de la tribu de Levi.

Entonces el Jafetz Jaim explicó: "En el futuro, el Sagrado Templo será reconstruido en Jerusalem. Todos irán por primera vez, empujando las puertas para entrar. El guardia en la puerta le preguntará a todos si son Cohen, Levi o Israel. Sólo los de la tribu de Levi podrán entrar a realizar el servicio del Templo. Y los israelitas estarán terriblemente enojados; levitas adentro; israelitas afuera".

El Jafetz Jaim continuó: "¿Tú sabes por qué es así? Por lo que pasó miles de años atrás con el Becerro de Oro. Cuando Moisés dijo esas famosas palabras ‘Detengan la idolatría y vayan con Dios', sólo la tribu de Levi se levantó y respondió. Por eso en el futuro, sólo aquellos que pertenezcan a la tribu de Levi realizaran el servicio del Templo. Y todos los demás se quedarán afuera, porque sus ancestros no se levantaron".

El Jafetz Jaim continuó: "Esto nos enseña una profunda lección. Muchas veces en la vida uno escucha una pequeña voz en su cabeza que dice: "Detén la idolatría". Algo te pone a prueba. En ese instante debes levantarte y responder. ¿En qué campamento estás tú? ¿Tienes la claridad suficiente y la convicción para seguir el camino correcto? Porque la manera en la que respondas va a tener implicancias no sólo para ti, sino que por generaciones después de ti. Todos tienen su momento. Cuando tú escuches esa voz, ¡levántate y responde!".

La lección del Becerro de Oro es pensar, ¿qué es lo que estamos haciendo? Lo que comenzó inocentemente puede terminar de manera trágica. ¿Hemos perdido de vista nuestras verdaderas prioridades? ¿Hemos sido arrastrados por la masa?

La idolatría sigue viva en el siglo 21. Esperemos ser capaces de erradicar esta enfermedad.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons