"Las Mitzvot son la vela – y la Torá es la luz". (Proverbios 6:23)

En el comienzo de la parashá de ésta semana, Dios le ordena a Aarón el Sumo Sacerdote (y hermano de Moisés), que encienda la Menorá todos los días en el Tabernáculo. Los siete brazos de la Menorá estaban adornados con copas decorativas, botones y flores – todo esto elaborado a partir de una única pieza de oro sólido.

Pero luego la Torá agrega un detalle interesante:"Cuando enciendas las luces del candelabro, hazlo de modo que alumbren hacia adelante" (Números 8:2). ¿Qué es lo que representan las seis candelas externas, y por que todas ellas deben apuntar hacia la candela central?

Los comentaristas explican que los seis brazos externos de la Menorá representan los seis campos del conocimiento: medicina, física, matemáticas, arte, psicología y sociología. Estos son los campos esenciales del conocimiento. De no haber sido por la excelencia humana en estas áreas, no tendríamos hoy en día transplantes de corazón, ballet, transporte aéreo o, de hecho, Internet.

Pero la Torá nos dice que la sociedad no puede basarse simplemente en el conocimiento como algo en sí mismo. Ya que, si todo este conocimiento no está centrado y dirigido hacia el brazo central – que simboliza a Dios, la Torá y la espiritualidad – entonces esta sabiduría no sirve para nada. O peor aún, esta sabiduría incluso puede llegar a ser destructiva.

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¿Conocimiento sin sabiduría?

Grecia fue una vez un poderoso imperio. Los griegos promovían la moda, el buen comer, la música, las bellas artes, el atletismo, y el entretenimiento. En las esferas esenciales del conocimiento, los griegos eran los más avanzados y sofisticados de su tiempo.

¿Pero entonces, por qué el imperio griego no sobrevivió por más de unos cuantos cientos de años? Los historiadores coinciden en que el imperio se destruyo por la decadencia moral. Los celos, la codicia y la promiscuidad erosionaron la sociedad hasta que se derrumbó. El "conocimiento" sin Dios es una receta para el desastre. Simplemente no podemos sobrevivir sin una orientación moral clara.

Los griegos tenían dioses - en realidad ¡tenían todo un panteón! Pero estos dioses fueron inventados por el hombre, eran dioses celosos que discutían y que incluso se comportaban de manera inmoral. El hombre no puede desarrollar su propio sistema objetivo, porque el hombre - como parte del grupo para el cual el sistema está diseñado - es intrínsecamente subjetivo. Los dioses griegos no eran la clase de dioses a los que aspiramos asemejarnos, más bien esos dioses fueron inventados para excusar la propia conducta corrupta del hombre.

El ejemplo más aberrante, por supuesto, es la Alemania nazi. Alemania era reconocida por sus importantes instituciones académicas, el adelanto en las artes, y una conducta social impecable. ¿Pero a dónde condujo todo esto? En la Conferencia de Wannsee (la conferencia nazi que elaboró la "Solución Final" para el exterminio de los judíos), 9 de los 13 participantes poseían el grado académico de Doctor (Ph.D). Estas eran las mentes científicas más creativas de todo el mundo civilizado. Sin embargo, en un notable acto de auto-engaño, fueron capaces de redefinir "la moral" hacia el mal. Se trató de una tecnología sin Dios; conocimiento sin sabiduría.

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La necesidad de moralidad

¿Por qué la sociedad es tan intransigente con respecto a su derecho de definir libremente la moralidad?

El Midrash dice que antes de la experiencia de Sinai, Dios fue primero a todas las naciones del mundo y les preguntó si deseaban recibir la Torá. "Bueno, ¿qué hay en ella?" preguntaron las naciones. "No robar y no asesinar", les dijo Dios. "En ese caso", contestaron, "¡no queremos Tu Torá!"

El Rabino Iaacov Weinberg, de bendita memoria, preguntaba lo siguiente: Puesto que las prohibiciones contra el robo y el asesinato de todos modos existen en una sociedad secular, entonces, ¿que objeciones tenían realmente estas naciones para aceptar la Torá?

Él explica: la sociedad generalmente legisla en contra del asesinato y del robo a partir de consideraciones pragmáticas: Si te robo a ti y tú me robas a mí, la sociedad no puede funcionar. Por lo tanto, es ilegal. El peligro de este sistema, sin embargo, es que estas normas pueden ser manipuladas constantemente para satisfacer nuestras necesidades pragmáticas. De esta manera los chismes, el consumo de drogas, la contaminación, la feroz competencia laboral y otros abusos terminan siendo socialmente aceptables, ¿pero esto significa que están bien? ¿Acaso debemos redefinir nuestro sentido del bien y el mal para acomodarnos a las nuevas tendencias?

La posición de la Torá es que, independiente de lo que la sociedad tolere o no, no debemos robar, asesinar o cometer adulterio. El bien y el mal no están sujetos a la racionalización. Ser una buena persona ya no es opcional, no depende de la comodidad ni de la economía. El Rabino Weinberg explica que esta falta de voluntad para someterse a un conjunto de leyes inmutables, es la razón por la que muchos han rechazado la Torá de Dios.

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El estándar absoluto

Aldous Huxley, en su ensayo, "Confesiones de un Ateísta Profeso" (Report Magazine, junio de 1966), explica sus razones para rechazar al Dios único y verdadero:

"Yo tenía motivos para desear que el mundo no tuviera sentido, consecuentemente asumí que no tenía sentido... Para mí, y sin duda para la mayoría de mis contemporáneos, la filosofía del sin-sentido era esencialmente un instrumento de liberación. La liberación que deseábamos era... la liberación de un cierto sistema de moralidad. Estábamos contra la moralidad, ya que interfería con nuestra libertad sexual".

Huxley estaba dispuesto a desechar toda su base moral por la libertad sexual. Otros por el poder. En el libro "Hitler Habla", una colección de discursos, Hitler revela la fuerza motriz detrás de su locura:

"Yo libré a la humanidad de las cadenas del alma. Yo libré a la humanidad de las restricciones de una inteligencia que ha tomado el poder a partir de la sucia y degradante auto-mortificación de una visión falsa llamada conciencia y moralidad".

Todo ser humano racional sabe que Hitler fue malvado. Y por eso el mundo tuvo la confianza suficiente para colgar a 10 criminales de guerra nazis en Nuremberg. Pero la pregunta debe ser planteada de la siguiente manera: ¿Por qué, en nombre del relativismo moral, no aceptamos simplemente las atrocidades de los nazis como el derecho de un Estado soberano a perseguir sus propias metas nacionales?

La respuesta es obvia: ciertas verdades son absolutas. Pedí una vez en una clase que presentaran una objeción moral contra el incesto o el canibalismo. Fueron incapaces de encontrar una razón racional – aunque cada uno estaba seguro de su inmoralidad. El judaísmo dice que nacemos con un estándar absoluto – con una brújula moral interna. Y es a través del estudio de la Torá que nos conectamos con esta brújula interior.

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La Torá y el conocimiento trabajando juntos

Ahora volviendo a la Menorá de siete brazos... Si la Torá es tan fundamental, ¿entonces por qué necesitamos los otros seis brazos?

El Talmud dice: "No hay Torá sin Derej Eretz" – es decir comportamiento moral; literalmente "el camino de la tierra". Esto significa que no podemos separar nuestro entendimiento del mundo de nuestro entendimiento de la Torá. Usados correctamente, los siete brazos en conjunto iluminarán nuestro mundo de la mejor manera posible. El comentarista talmúdico más importante de todos los tiempos, Maimónides, era un médico consagrado y escribió extensamente sobre filosofía, ciencia y metafísica. (Ver "Mishné Torá" – Fundaciones de la Torá, capítulo 2). El Gaón de Vilna, el rabino más importante de los últimos 300 años, escribió libros sobre geometría, astronomía y álgebra.

Así nuestra parashá declara: "La Menorá debe hacerse a partir de [un bloque] de oro martillado" (Números 8:4). La Menorá debe ser hecha de un solo bloque de oro, simbolizando que todos los tipos de sabiduría deben trabajar conjuntamente en la creación de un mundo mejor, lleno de paz y santidad.

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Gemelos siameses

Consideremos el siguiente ejemplo: En 1993, una mujer americana llamada Rita Lakeburg dio a luz a gemelos siameses. Los médicos determinaron que si los gemelos – que compartían órganos internos críticos – permanecían unidos, ambos morirían. La única opción era llevar a cabo una operación en la cual uno de ellos moriría y el otro se salvaría. Pero, argumentaron los moralistas, ¿no es esto asesinato?

Esta decisión dejó a todos estupefactos, hasta que los doctores descubrieron un decreto legal de 1977 del rabino Moshé Feinstein, que utilizaba fuentes talmúdicas para presentar una clara e inequívoca sentencia en un caso similar.

El Rabino Feinstein les preguntó a los doctores: "¿Cómo pretenden llevar a cabo la cirugía?" Le dijeron: "Vamos a salvar al bebé-A, y matar al bebé B". El Rabino Feinstein preguntó entonces: "¿Podrían revertir el procedimiento y lograr los mismos resultados – es decir, pueden ustedes salvar al bebé-B y matar al bebé-A?" A lo cual respondieron: "No, el bebé-A es el único que podemos salvar".

En ese momento, el Rabino Feinstein les dijo que siguieran adelante y que llevaran a cabo la cirugía. ¿Por qué? Porque de acuerdo a la ley judía, si una persona es una amenaza directa para la vida de otra persona, entonces es moralmente correcto detenerla. En este caso, el Rabino Feinstein dictaminó que la existencia misma del bebé-B, ponía en peligro la vida del bebé-A, esto le dio al bebé-B el estatus de asesino (aunque involuntario). Por lo tanto, el bebé-A podía, por así decirlo, detener a su asesino.

Si bien los factores médicos y halájicos son demasiado complejos como para derivar alguna decisión práctica basada en este único caso, esta historia ilustra el poder de la Torá para iluminar el mundo.

El Talmud señala que las ventanas del Sagrado Templo estaban construidas de una manera muy inusual. Por lo general, las ventanas se construyen más amplias en la pared interna y más estrechas en la pared externa, con el fin de iluminar el interior de un edificio. En el templo, sin embargo, lo contrario es cierto: las ventanas eran más estrechas en la parte interna y más amplias en el exterior – porque desde el interior del Templo emanaba luz espiritual hacia el exterior para iluminar al mundo entero. Esto es lo que el profeta Isaías quiso decir cuando llamó al pueblo judío una "Luz para las Naciones" (Isaías 42:6).

¿Quién le enseñó al mundo moral y ética sino los judíos? Ciertamente no Esparta, no Atenas, y no los romanos, ni los persas. Imagina un guerrero en su camino a saquear una aldea. ¿Sobre qué base filosófica se apoya para atacar?, su respuesta: "Yo soy más fuerte y ¡el poder da la razón!".

Los judíos fueron los que le enseñaron al mundo que "el poder no da la razón". Nuestra Torá y nuestros profetas le dieron al mundo occidental el amor al prójimo, la educación universal, y la idea de que todas las personas son creadas iguales. La "Campana de la Libertad" (en Filadelfia) lleva inscrito el verso de Levítico: "proclama la libertad en toda la tierra", y el edificio de las Naciones Unidas se inspira en la visión de Isaías "triunfarán y sus espadas se convertirán en arados".

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El mensaje eterno

En la parashá de ésta semana, el Midrash cita a Dios diciéndole a Aarón, el Sumo Sacerdote: "Encender la Menorá, será tu contribución eterna". Los comentaristas preguntan: El encendido de la Menorá se realizaba sólo mientras el Templo estaba de pie. Por lo tanto, ¿qué significa que "el encendido de la Menorá es eterno?".

La respuesta es que las verdades que extraemos de la Torá son eternas. La verdad de la Torá es hoy más preciosa que nunca mientras la sociedad crece, cada vez más desesperada en búsqueda de una dirección. En un mundo lleno de temas éticos como la clonación, la eutanasia y las personas sin hogar, la Torá es nuestra perspectiva, nuestra norma objetiva. Nos da dirección y es una barrera contra el extremismo, iluminando el delicado camino de la lógica y la razón.

Shabat Shalom,
Rav Shraga Simmons