Dios les habló a Moshé y a Aharón y les ordenó respecto a los hijos de Israel… (Éxodo 6:13)

A menudo nos encontramos en situaciones en las que tenemos que consolar y alentar a personas que atraviesan una situación difícil y sienten que ya no pueden seguir adelante.

Encontrar las palabras adecuadas en esas ocasiones nunca es fácil, pero ese fue el desafío que enfrentó Moshé Rabeinu cuando se dirigió a sus hermanos que sufrían la esclavitud en Egipto. Al comienzo de la parashá, Dios le encargó a Moshé la misión de anunciarle al pueblo judío que el momento de la liberación estaba cerca. Hashem usó cuatro expresiones diferentes para describir su redención:

Yo los sacaré de debajo de las cargas de Egipto; los liberaré del trabajo de ellos, los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. Los tomaré como pueblo para Mí y seré Dios para ustedes. Sabrán que Yo Soy Hashem, su Dios, quien los saca de debajo de las cargas de Egipto. Yo los llevaré a la tierra por la cual he alzado Mi mano para entregarla a Abraham, a Itzjak y a Iaakov, y la daré a ustedes en heredad. Yo soy Hashem (Éxodo 6:6-8).

A pesar de esta asombrosa promesa, el pueblo judío permaneció desanimado e incapaz de asimilar las buenas noticias. La explicación de esto revela la naturaleza del sufrimiento y la forma en que se puede consolar a quienes sufren. Cuando alguien sufre, no tiene la paciencia ni la capacidad para entender lo que ocurrirá en el futuro. Su agonía es tan abrumadora que sólo puede concentrarse en el presente. Por eso Dios instruyó una vez más a Moshé y a Aharón y les ordenó que sacaran a los Hijos de Israel de Egipto,1 lo que nos enseña que cuando alguien sufre debemos brindarle ayuda de inmediato. Por lo tanto, al alentar a quienes perdieron las esperanzas no debemos contentarnos con visiones de futuro, sino que debemos hacer inmediatamente algo concreto para imbuirles fe y fortaleza.

PACIENCIA Y FORTALEZA DE CARÁCTER

En el mismo pasaje, Dios también le instruye a Moshé que sea gentil y paciente con el pueblo, un ingrediente básico para cualquier líder. El Midrash enseña que Hashem les dijo a Moshé y a Aharón: "Mis hijos a menudo son obstinados y testarudos. Se enojan rápidamente y son fastidiosos. Ustedes deben aceptar ser sus líderes bajo estas circunstancias…". Esta enseñanza es relevante no sólo para los líderes, sino para cada persona. En cada familia hay situaciones que ponen a prueba nuestra paciencia. En esos momentos debemos ejercitar la paciencia y la tolerancia, permanecer en calma y responder con fortaleza y dignidad.

CONVERTIR EL SUFRIMIENTO EN BENDICIÓN

El pasaje que acabamos de citar tiene también una tercera interpretación. Dice el Talmud que en ese momento de crisis del pueblo judío, Dios le dijo a Moshé que ordenara a la nación lo relativo a la emancipación de los esclavos, algo que ocurriría una vez que entraran a la Tierra Prometida. A primera vista, parece algo descabellado. En ese momento la nación estaba esclavizada, ¿qué importancia podían tener esas instrucciones? Pero la Torá nos enseña que precisamente cuando uno atraviesa un sufrimiento debe comprometerse a eliminar el sufrimiento, a convertir el dolor en una experiencia de curación… en una bendición. Con este propósito la Torá nos exige recordar nuestra esclavitud y el Éxodo de Egipto. Una y otra vez la Torá conecta nuestras mitzvot con ietziat Mitzráim, con nuestras experiencias durante el Éxodo de Egipto.

Un ejemplo de esta conexión la encontramos en el versículo: Amarás al prosélito, porque fuiste extranjero en la tierra de Egipto.2 Nuestro sufrimiento en Egipto nos permite sentir empatía con el dolor de los demás, llegar a Sinaí y convertirnos en "una nación de rajmanim y benei rajmanim" – compasivos y descendientes de compasivos.

Quien nunca sufrió, quien nunca experimentó el dolor, no puede entender a alguien que llora de angustia. Quien nunca experimentó retorcijones de hambre no puede identificarse con los hambrientos. Sin embargo, todos tenemos opciones respecto a cómo responder a la adversidad. El sufrimiento puede volvernos crueles, amargos y cínicos, o puede volvernos sensibles, compasivos y afectuosos. Al aceptar la Torá en el Sinaí, escogimos lo segundo.

ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS TANTO EN LOS BUENOS COMO EN LOS MALOS TIEMPOS

El Faraón vio que hubo un alivio [de la plaga de ranas] y continuó endureciendo su corazón (Éxodo 8:11).

La Torá nos enseña una lección sobre la naturaleza humana. Bajo estrés, nos sentimos obligados a clamar a Dios y pedir Su ayuda. Pero apenas pasa la crisis, volvemos a "la normalidad". De hecho, este es el "Síndrome del Faraón": con cada plaga la aflicción se intensificaba, pero el Faraón se rehusaba a "entender" y retornaba a sus viejos hábitos.

¿No sería maravilloso si pudiéramos mantener las promesas que hicimos en los momentos de angustia: ser más dadivosos, más comprensivos, más compasivos, estar más comprometidos con la observancia de las mitzvot, con el estudio de Torá y rezar con mayor sinceridad? Suelen decir que "en la trinchera no hay ateos", pero el nivel de la persona se reconoce por su capacidad de hablar con Dios en momentos de plenitud, cuando la fortuna le sonríe, si reconoce que todas sus bendiciones son regalos de Dios. Nuestro objetivo es rezar desde la inspiración, en lugar de rezar desde la desesperación.


NOTAS

1. Éxodo 6:13.
2. Deuteronomio 10:19.