En toda la parashá encontramos el tema del amor, el compromiso y la pasión. En los primeros versículos, Pinjas, el nieto de Aharón, es premiado con los pactos de sacerdocio y paz. ¿Qué hizo para merecer semejante honor? Cuando el nombre de Dios fue profanado con actos inmorales e idolatría,1 Pinjas se levantó como un león y arriesgó su vida para defender la causa de Dios y restaurar la santidad a la nación. Pinjas se erigió desde dentro de la asamblea,2 lo que nos enseña que podría haber esperado que otros actuaran, pero eligió actuar él mismo. Si realmente nos importa, si somos sinceros respecto a nuestro amor y nuestra fe, no nos contentaremos con permanecer pasivos, sino que encontraremos la fortaleza para hacer escuchar nuestra voz y para actuar. Vivimos en una generación en la que, para muchos, lo políticamente correcto es no tomar nada en serio. Sí, protestamos, amamos nuestro judaísmo, pero ¿cuán profundo es nuestro amor? ¿Qué tan comprometidos estamos? ¿Cuánto estamos dispuestos a sacrificar? ¿Cuánto estamos dispuestos a dar de nosotros mismos?

Hay una analogía adecuada para explicar esto. Imagina un deporte que sólo tiene fans y no tiene jugadores. Incluso si esos fans son devotos, eventualmente el deporte va a desaparecer. Lamentablemente, demasiados judíos se volvieron fans. Demasiados judíos se conforman con ser espectadores pasivos. Pero si queremos que nuestra nación prospere, necesitamos jugadores dispuestos a tomar el balón y correr. Pensemos por un momento en el compromiso absoluto con el que entrenan los atletas para los juegos olímpicos. ¿No deberíamos invertir por lo menos la misma energía en los juegos olímpicos más grandiosos que existen: nuestra vida en este planeta?

Como judíos, la pregunta que debemos formularnos es: ¿somos jugadores o espectadores?

ACEPTA EL DESAFÍO

En los primeros versículos de la parashá vemos que Hashem le otorga a Pinjas Su pacto de paz y le promete el sacerdocio para la eternidad. De hecho, todos los Cohanim Guedolim fueron descendientes de Pinjas.

Al explicar por qué Pinjas mereció estos dos regalos sagrados (paz y sacerdocio), la Torá declara que él “Se vengó por su Dios”.3 La inusual expresión “su Dios” debe hacernos reflexionar. ¿Acaso no es el Dios de todos? Para entenderlo, es importante que repasar el marco en el que se desarrolló esta historia.

Nuestro Éxodo de Egipto sacudió al mundo. Las Diez Plagas, la Partición del Mar de los Juncos, el maná que cayó del cielo, el agua que fluyó de una roca y, luego, la entrega de la Torá, hicieron que todo el mundo tomara consciencia de la existencia de Dios. Sin embargo, con excepción de Itró, el suegro de Moshé, nadie reaccionó. Nadie fue al Sinaí a declarar su fe. Por el contrario, la respuesta de las naciones fue de odio y envidia.

Balak, el rey de Moav, no pudo contener su odio y planificó destruir a nuestro pueblo. Como sabía que nunca podría derrotarnos en el campo de batalla, contrató a Bilam, el profeta gentil, para que nos maldijera. Pero Dios no le permitió maldecir. Cuando Bilam vio la belleza de la vida familiar del pueblo judío, a pesar de sus propias intenciones terminó diciendo bendiciones.

Al no lograr ejecutar el plan diabólico de Balak, Bilam sugirió que había una sola forma de derrotar a los judíos: tentarlos para que pecaran. Las mujeres más bonitas de Moav y de Midián se prepararon para seducir a los hombres de Israel. Entonces ocurrió una calamidad. Zimrí, el príncipe de la tribu de Shimón, se unió a Kozbí, una princesa midianita, y profanó públicamente el Nombre de Dios. Fue un caos total, la nación se quedó estupefacta y la supervivencia de nuestro pueblo estuvo en peligro. Nadie hizo nada, salvo Pinjas, que se erigió “desde dentro de la asamblea” y puso fin a esa horrenda profanación. Aquí nuevamente surge la pregunta. ¿Por qué enfatiza la Torá que fue “desde dentro de la asamblea”?

A menudo evaluamos nuestra acción o inacción comparándonos con los demás. Si todos son pasivos, nos sentimos justificados a ser pasivos. Sin embargo, Pinjas no permitió que la pasividad de los demás lo afectara. Él estuvo a la altura de las circunstancias y actuó por amor a Dios, probando que realmente Dios era su Dios.

Todos podemos aprender de Pinjas y emularlo, incluso si sólo podemos hacerlo en una pequeña medida. La paz no se puede lograr con las tácticas de Chamberlain, de tranquilizar y mirar hacia otro lado. La palabra hebrea para paz, shalom, deriva de la palabra shalem, completo, lo que nos enseña que la paz sólo se logra si nos entregamos por completo y si estamos dispuestos a sacrificarnos para combatir la injusticia. Pinjas nos recuerda que debemos involucrarnos, que debemos protestar cuando observamos depravación, corrupción y maldad; que debemos aprender a elevar nuestra voz y aceptar el desafío porque, en definitiva, somos responsables los unos por los otros, y todos tenemos la obligación de dar testimonio de que Dios es nuestro Dios.

CONVERTIR LOS DEFECTOS EN VIRTUDES

Moshé hizo un censo de todas las tribus y descubrimos que, extrañamente, la tribu de Dan tiene casi 20.000 personas más que la tribu de Biniamín.4 El crecimiento de Dan es mucho más sorprendente si tenemos en cuenta que en un comienzo Biniamín tuvo 10 hijos y Dan sólo tuvo uno, Jushín, que además era sordo.

Considera por un momento los pensamientos y sentimientos que debe haber tenido Dan. ¿Cómo podría su tribu ser igual a las otras tribus de Israel? Él sólo tuvo un hijo, y era sordo. ¿Qué le depararía el futuro?

La porción de la Torá de esta semana nos enseña que nunca debemos perder las esperanzas y que nunca debemos compararnos con los demás. Lo único que debemos hacer es un esfuerzo sincero, dar lo mejor de nosotros mismos y esforzarnos para cumplir nuestra misión única en la vida. Si lo hacemos, nuestras posibilidades son infinitas. Quizás precisamente porque Jushín era sordo logró mantenerse inmune a las muchas y engañosas voces que arremetían contra los demás. El Talmud enseña que cuando los hijos de Iaakov fueron a enterrar a su padre en Jevrón, Esav protestó y exigió ver el documento de compra de la Cueva de Majpelá. Los hermanos le pidieron a Naftalí, conocido por su rapidez, que volviera a Egipto a buscar el documento. Jushín, que era sordo y no se vio afectado por el maltrato de Esav, se enojó ante la falta de respeto a su abuelo y atacó a Esav, defendiendo el honor del patriarca. La historia de Jushín demuestra que, si lo deseamos, nuestros defectos pueden convertirse en virtudes y nuestras dificultades en nuestra inspiración. Sólo debemos tener fe. Así fue como de ese único hijo, Jushín, la tribu de Dan creció, se multiplicó y superó en número a las demás.

¿CUÁN PROFUNDO ES TU AMOR?

Las cinco hijas de Tzelofjad, de la tribu de Menashé hijo de Iosef, se acercaron a Moshé con un pedido muy inusual.5 “Nuestro padre murió en el desierto… murió sin tener hijos. ¿Por qué debería el nombre de nuestro padre ser omitido de entre su familia por no tener un hijo varón?”. Moshé llevó la pregunta ante Dios, y Él consideró que era correcto y apropiado que las hijas de Tzelofjad recibieran su porción en la tierra.

Surgen muchas preguntas. ¿Por qué a las hijas de Tzelofajad les interesaba tanto a quién pertenecía la tierra? ¿No era suficiente para ellas simplemente vivir en la Tierra Santa? ¿Por qué era necesario que la Torá rastreara su linaje hasta Iosef?

La respuesta a ambas preguntas es la misma. Si realmente amas, no te resulta suficiente con tener una relación pasiva con el objeto de tu amor, sino que quieres protegerlo, cuidarlo, trabajar para él y, de ser necesario, sacrificarte por él. Las hijas de Tzelofjad amaban la Tierra de Israel, por eso deseaban poseerla y cultivarla. No se conformaban con ser espectadoras. ¿De dónde emanó este fuego en sus corazones? De su ancestro Iosef, cuyo amor por la Tierra Santa era legendario. Durante su exilio en Egipto, Iosef en ningún momento olvidó sus raíces. A pesar de que los egipcios consideraban que los judíos y su tierra eran desdeñables, Iosef nunca negó sus orígenes. Tanto cuando fue esclavo, como cuando estuvo en prisión y en el palacio, la Tierra de Israel siempre fue lo principal en su corazón y en su mente. Incluso en su lecho de muerte, Iosef habló de la Tierra e hizo jurar a sus hermanos que cuando tuviera lugar el Éxodo no lo olvidarían sino que llevarían consigo sus restos y lo enterrarían en la Tierra Santa.


NOTAS

1. Números 25:6.
2. Ibíd. 25:7.
3. Ibíd. 25:13.
4. Ibíd. 26:41, 43.
5. Ibíd. 27:1-4.