En esta parashá, Dios nos da la triple bendición sacerdotal. Estas bendiciones acompañaron a nuestro pueblo a través de los siglos, en todas las tierras de nuestro exilio. Ellas están grabadas eternamente en nuestro corazón, talladas en nuestros labios y son transmitidas de generación en generación.

Que Dios te bendiga y te proteja.

Que Dios ilumine Su rostro sobre ti y te de gracia.

Que Dios dirija Su rostro hacia ti y establezca la paz.1

Dios le dio a nuestro patriarca Abraham el privilegio de dar bendiciones, como declara el versículo: Y serás una bendición”.2 Ese honor fue transmitido a Itzjak y luego a Iaakov. En esta parashá, Hashem le instruye a Moshé conferir este privilegio a Aharón y a todos sus descendientes, los cohanim, de forma perpetua. En la Tierra de Israel, los cohanim bendicen a la congregación todos los días. Fuera de Israel, sólo lo hacen en las festividades. Sin importar en dónde residamos, las bendiciones son parte de nuestras plegarias diarias. Las recitamos durante el servicio matutino y también en el Shemá antes de ir a dormir. El jazán también las menciona durante la repetición de la Amidá. No podemos dejar de sorprendernos si consideramos que estas bendiciones sobrevivieron el paso del tiempo y nos acompañan en la actualidad tal como eran hace miles de años, cuando Dios las proclamó por primera vez en el Monte Sinaí.

No sólo pronunciamos estas bendiciones durante nuestros rezos formales, sino también en la víspera de cada Shabat. Los padres dan esta bendición a sus hijos frente a las velas, antes de hacer kidush. Cuán afortunados somos de poder bendecir a nuestros hijos con las mismas palabras que pronunció Dios, palabras que están escritas en la Torá. Asimismo, cuando pronunciamos estas bendiciones nos conectamos a los millones de almas que nos precedieron, con nuestros zeides y bobes que ya no están en este planeta, pero que las murmuran junto a nosotros. Hasta el día de hoy podemos escuchar las voces de nuestro padre y de nuestros zeides, de quienes tuvimos el privilegio de recibir brajot. Ellas nos acompañan eternamente, y así continuará de generación en generación.

EL SIGNIFICADO DETRÁS DE LA BENDICIÓN

La bendición está compuesta por tres partes. La primera contiene tres palabras, en memoria de los tres Patriarcas; la segunda tiene cinco palabras, en referencia a los Cinco libros de Moshé; la tercera, con siete palabras, nos recuerda los siete cielos y le pide a Dios que nos brinde su generosidad.

Antes de impartir la bendición, los cohanim dicen una plegaria, cuya última palabra es beahavá (con amor). Esto nos enseña que un requisito previo para impartir una bendición es que el corazón desborde de amor. Una persona puede tener sabiduría de Torá, pero si no es un individuo agradable no podrá compartir esos tesoros con otros y la bendición quedará incompleta.

Sin embargo, no necesitas ser un cohen para dar una bendición. El poder de la bendición nos pertenece a todos. El único requisito es que nuestro corazón desborde amor. Las bendiciones son una parte tan integral de nuestra vida, que en la lengua sagrada le damos a otro la bienvenida diciendo baruj habá (bendito el que viene); y en idish, el lenguaje folclórico de nuestro pueblo, nos despedimos con zei guebenjt (que seas bendecido).

OTRAS IDEAS SOBRE LAS BENDICIONES

La primera bendición es por salud y sustento, pero una vez que tenemos esto podemos abusar de ellos o darlos por sentado. Por eso concluimos la bendición con la palabra ishmereja, que Dios te proteja, para que siempre tengas consciencia de este regalo y lo trates con mucho cuidado.

La segunda bendición pide que Dios ilumine nuestra mente con las enseñanzas sagradas de Su Torá, y concluimos con la palabra vijuneka (que haga que encuentres favor en Sus ojos). Como dijimos antes, puede ser que una persona tenga sabiduría de Torá, pero si no es agradable, no podrá compartir estos tesoros con los demás y la bendición quedará para siempre incompleta.

La tercera bendición es que Dios nos tenga compasión, que perdone nuestros pecados y nos otorgue shalom (paz). En esta bendición, la palabra final es shalom, lo que nos enseña que sin paz, todo lo demás carece de valor y sentido. Puedes vivir en un palacio, pero si no tienes paz en tus relaciones, todas tus bendiciones no servirán para nada. Nuestros Sabios enseñan: Im ein shalom, ein klum (si no hay paz, no hay nada). Nosotros, el pueblo judío, tenemos consciencia de la gran importancia del Shalom, por eso concluimos nuestras plegarias más importantes, como la Amidá y el Kadish, con una plegaria por la paz.

TODOS TENEMOS UNA MISIÓN DIVINA

Esta parashá le recuerda a cada individuo que tiene una misión única en la vida. La parashá comienza diciendo: “Cuenta también a los hijos de Guershón”. La expresión “también” es irritante. ¿Qué significa? Los hijos de Guershón tenían la responsabilidad de transportar las cortinas y otros objetos pesados del Tabernáculo. A primera vista, podríamos pensar que tener la obligación de cumplir una tarea tan servil calificaría a la persona como shléper, un mero conserje. Pero la Torá nos dice: Cuéntalos también”, para recordarnos que los hijos de Guershón eran tan importantes como quienes tenían la responsabilidad de transportar el Arca sagrada.

Lo que importa no es qué sino cómo lo hacemos. La diferencia está en el amor y la dedicación que invertimos en una tarea. En las casas de nuestros padres y abuelos, vimos a nuestro padre y a nuestro zeide, rabinos eminentes, esperar y servir a todos los que cruzaban sus umbrales. Para ellos ninguna tarea era demasiado servil. Por supuesto que nuestra abuela así como nuestra madre nunca se cansaron de atender las necesidades de los demás. Saber que eran útiles, que ayudaban a los demás, cargaba de significado cada acción. Cuando enfrentamos el desafío de hacer tareas que podemos considerar que están por debajo de nuestra dignidad, recordemos estas palabras de la Torá: “Cuenta también a los hijos de Guershón”. Ya sea que lleves las cortinas o el Arca sagrada, eres importante y, en definitiva, eso es lo único que cuenta.

Tener consciencia de estar cumpliendo nuestra misión nos llena de energía y eleva incluso la tarea más simple en el servicio de Dios.

HECHO POR DIOS A MEDIDA: NO ES LO QUE TENEMOS, SINO LO QUE SOMOS

Esta parashá es la más larga de la Torá: 176 pesukim (versículos). Es la más larga porque al final de la parashá se enumeran por separado las ofrendas que llevo cada príncipe al Tabernáculo.

Lo sorprendente es que a pesar de que todos llevaron exactamente la misma ofrenda, en lugar de enumerar los componentes de la primera contribución y luego declarar que los otros príncipes llevaron exactamente lo mismo, la Torá enumera a cada uno por separado. Esto es todavía más difícil de entender porque en la Torá no hay ninguna redundancia. Cada palabra, cada letra, cada signo de puntación está cuidadosamente medido. La Torá nunca repite nada sin tener un mensaje más profundo. ¿Cuál es el significado de la repetición de la ofrenda de… [el nombre del príncipe]”?.3

Piensa en lo que pasaría si un grupo de amigos se comprometiera al mismo tiempo y después del casamiento del primero los otros copiaran exactamente la boda, pidieran exactamente el mismo menú, las mismas flores, el mismo vestido de novia, la misma música, etc. Esto sería algo inaudito en nuestra sociedad por dos razones: Primero, la novia y el novio de la primera boda se enojarían si las otras parejas les copian y manifestarían su disgusto. Segundo, las otras parejas no querrían copiarles porque en nuestra cultura está enraizada la competitividad, por lo que necesitamos ser mejores que los demás. Pero los 12 príncipes de Israel estuvieron felices de llevar regalos idénticos, porque ellos estaban alejados de los celos, el resentimiento y el deseo de superar a los demás. Los príncipes entendían que lo que importaba no era el regalo, sino la forma en que se lo ofrecía. Dios Mismo dio Su sello de aprobación enumerando los regalos por separado para enseñarnos que lo que es especial sobre cada persona es su esencia y el sentimiento con el que da, no el regalo en sí.

Esta es una lección que nos vendría bien implementar. Nuestra generación a menudo mide a las personas por lo que poseen en lugar de prestar atención a lo que son. La historia de los príncipes de las tribus nos recuerda que cada uno está hecho por Hashem a medida, con un alma y una misión únicas, y que lo que importa no es tener más, sino ser más. Dios no mira nuestras posesiones, sino la forma y la intención con las que las damos. Por lo tanto, en vez de enfocarnos en lo físico y lo material, tratemos de desarrollar nuestro ser interior.


NOTAS

1. Números 6:23-26.
2. Génesis 12:2.
3. Ibíd. 7:17, et al.