La parashat Vaierá comienza diciendo: Y Dios apareció ante él.(1) Si bien a partir del contexto queda claro que fue Dios quien apareció ante Abraham, la Torá no lo dice explícitamente. El último versículo de parashat Lej Lejá indica que Abraham acababa de circuncidarse a sí mismo y a los miembros de su hogar, por lo que sabemos que Hashem fue a visitarlo durante su recuperación.

Algunos comentaristas preguntan por qué el texto omite el nombre del patriarca. ¿Por qué mantenerlo anónimo? Por cierto tenía suficientes méritos para merecer la visita Divina. Esta omisión transmite una profunda enseñanza. La verdadera grandeza de Abraham (cuyo nombre significa "padre de todas las naciones") no sólo se encuentra en su increíble jésed (su bondad, su fe absoluta en Dios, su capacidad para sacrificarse), sino también en su genuina humildad. Soy sólo polvo y cenizas,(2) proclamó. Él se anuló por completo, se separó de su ego y se convirtió en un ser completamente espiritual. Esta humildad fue lo que le permitió conectarse con Dios.

Todos los que nos esforzamos para tener una relación con Dios deberíamos tratar de imitar el ejemplo de Abraham. Para nuestra generación, no debería ser muy difícil. ¿No es obvio lo frágiles que somos, que en un instante podemos perder todas nuestras posesiones, incluso nuestra vida? Tanto en un plano universal como personal, vivimos con una inmensa incertidumbre. Parece que ningún lugar es seguro. El terrorismo, la inestabilidad económica y el temor a las enfermedades nos persiguen como sombras siniestras. Con certeza, podemos hacer eco de las palabras del patriarca: Sólo soy polvo y cenizas… Nuestra única esperanza es volver a Dios y proclamar con el salmista: Elevo mis ojos hacia las montañas, ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene de Hashem…(3)

LAS CUALIDADES DISTINTIVAS DE UN JUDÍO

Jésed - Bondad

Nuestros Sabios enseñan que hay ciertas cualidades que nos distinguen e indican que somos descendientes del patriarca Abraham. Una de estas cualidades es el jésed. Además del jésed, hay otro rasgo asociado con la bondad: rajamim (compasión). Sin embargo, en hebreo, no hay redundancia entre estos dos términos. Como vemos en esta parashá, cada uno es un componente independiente del jésed.

La parashá comienza con Abraham, a los 99 años, recuperándose de su circuncisión. Para cualquier adulto, someterse a ese procedimiento no es nada simple. Para un hombre de 99 años, es una experiencia dolorosa. La narrativa tiene lugar el tercer día después del brit, cuando sabemos que es el día más difícil. A pesar de eso, Abraham se sienta a la entrada de su tienda, esperando que lleguen huéspedes para poder cumplir la mitzvá de hajnasat orjim (hospitalidad). Compasivamente Hashem hizo que el sol brillara con su máxima intensidad para disuadir a los viajeros y que los peregrinos no molestaran a Abraham.

Pero el corazón de Abraham desbordaba de jésed. Él necesitaba dar y sufría más por no poder recibir invitados que por el dolor físico de la circuncisión. Abraham se sentó ansiosamente a la entrada de su tienda, buscando a algún caminante que pudiera invitar a su hogar. Cuando Dios vio el anhelo de Abraham de ayudar a otros, de estar al servicio de otros, le envió tres ángeles disfrazados de nómades. A pesar del dolor, Abraham se alegró tanto de verlos que corrió para saludarlos, les ofreció su hospitalidad y preparó para ellos una comida fastuosa.

Esta es la diferencia entre las cualidades de jésed y rajamim. La palabra rajamim deriva de réjem, que significa "útero". Tal como una madre tiene compasión por el niño que crece en su interior, así también cuando la persona tiene rajmanut su compasión se despierta ante cierta necesidad.

El jésed, por otro lado, opera de forma independiente a la necesidad. Es algo que late en el corazón y exige expresión. El baal jésed, quien personifica el jésed, desea dar porque esa es su razón de existir. Dar le da sentido a su vida, y ese es el gen espiritual que nos transmitió nuestro patriarca Abraham: el deseo de dar, de hacer que el mundo sea un lugar mejor ofreciendo nuestra ayuda.

¿De quién aprendió esto Abraham? De Dios mismo. Dios construyó el mundo sobre pilares de jésed.(4) Antes de la Creación, no había ninguna vida que necesitara la compasión de Dios, pero Él "deseó" hacer jésed, por así decirlo. Por eso creó el mundo, para brindar Su bondad. Tenemos el mandamiento de emular a Dios: de vivir de forma tal que nos convirtamos en gomlei jasadim, en hombres y mujeres que hacen bondad con los demás.

Nuestra bobe, la Rebetzin Miriam Jungreis, a"h, realmente personificó este rasgo de jésed. Su vida era un dar constante e incluso en sus últimos días, cuando la enfermedad atormentaba su cuerpo, continuó organizando programas de jésed para inmigrantes rusos necesitados. Ella explicó que si no podía ofrecer ayuda a otras personas, su vida no tenía sentido.

Bikur Jolim – Visitar al enfermo

Nuestros Sabios enseñan otra razón por la que se omitió el nombre de Abraham cuando Dios lo visitó en el versículo que da comienzo a nuestra parashá. Si la Torá hubiera identificado al patriarca por su nombre, hubiéramos concluido que Dios sólo visita a los rectos. Sin embargo, para Dios cada ser humano es sagrado y la Shejiná se encuentra sobre la cama de toda persona enferma. Por lo tanto, la enseñanza que debemos aprender es que también nosotros tenemos que visitar a los enfermos y expresar nuestra preocupación, no sólo cuando son amigos, familiares o personas prominentes, sino visitar a todos los que lo necesitan.

En base a esta enseñanza, las organizaciones de bikur jolim (visitas a los enfermos) cumplieron un rol importante en la vida judía a través de los siglos. De las mismas palabras bikur jolim pueden aprenderse enseñanzas eternas. La palabra bikur (visita) está relacionada con bikóret (investigación) para enseñarnos que al visitar a una persona enferma, debemos investigar y entender cuál es la mejor forma de ayudar al paciente y a sus familiares. La palabra bikur también se relaciona con bóker (mañana), recordándonos llevar alegría y brillo con nuestra presencia y no partir de la presencia del enfermo sin pronunciar una plegaria para su recuperación. La importancia de visitar al enfermo es sólo una de las ideas sobre jésed que podemos aprender de esta parashá.

Recibir huéspedes – Lecciones para toda la vida

Si bien todavía no habíamos recibido la Torá, Abraham sentía las palabras de Dios en cada una de sus células. La Torá describe en gran detalle la mitzvá de hajnasat orjim, de recibir invitados.

Cuando abrimos nuestra puerta a los huéspedes, transformamos nuestro hogar de una simple residencia a una morada espiritual en la que compartimos las bendiciones de Dios. Nuestro hogar no es simplemente una casa en la que comemos, bebemos, dormimos y nos relajamos. Es también un lugar en el que recibimos invitados, alegramos a los demás y ayudamos a todos los necesitados.

De la parashat Vaierá podemos aprender muchas lecciones para toda la vida y aplicarlas a nuestras propias situaciones. Algunas de esas enseñanzas son:

(1) La jupá – el modelo de Abraham para el hogar judío: La tienda de Abraham estaba abierta en las cuatro direcciones, para que fuera accesible desde cada una de ellas. Hasta la actualidad, en recuerdo de la tienda de Abraham, la jupá está abierta de los cuatro lados, con la esperanza de que el hogar de la joven pareja imite la tienda de Abraham, en donde recibían a los invitados con amor y hospitalidad. Esta enseñanza se aplica a todos los huéspedes, porque a pesar de creer que sus visitas eran simples nómades del desierto, Abraham los recibió con gran honor.

(2) Entusiasmo: Abraham corrió para recibir a sus invitados y corrió para servirles, enseñándonos que cuando hacemos una mitzvá, debemos hacerla con presteza y entusiasmo. No sólo es importante que hagamos mitzvot, sino también la forma en que lo hacemos: a regañadientes o felices, enojados o con amabilidad, con calidez o frialdad.

(3) Atender a las necesidades de los huéspedes: Abraham tenía muchos sirvientes, pero él y su esposa Sará atendieron personalmente las necesidades de sus huéspedes. De aquí aprendemos que es apropiado honrar a las visitas sirviéndoles.

(4) Decir poco, hacer mucho: Abraham invitó a sus invitados a recibir "un poco de agua" y comer "un bocado de pan", (5) pero les preparó un lujoso banquete, enseñándonos que un anfitrión debe decir poco (para que sus huéspedes no se sientan en deuda), pero entregar mucho.

(5) Agradecer a Dios: Abraham no permitía que sus invitados le agradecieran a él, sino que les decía que debían agradecerle a Dios. Inculcó en ellos que todo lo que poseía y compartía venía de Dios. De esto aprendemos que cuando recibimos invitados, debemos considerar también sus necesidades espirituales y ayudarlos a reconocer la presencia y la generosidad de Dios.

(6) Acompañar a los invitados: Está escrito que cuando los ángeles salieron de la tienda de Abraham, él "caminó con ellos para acompañarlos".(6) Esto nos recuerda que no sólo es una mitzvá invitar huéspedes, sino que cuando parten también debemos acompañarlos (por ejemplo, si vivimos en un edificio, deberíamos acompañarlos hasta el ascensor; si tenemos una casa, deberíamos acompañarlos hasta la puerta de entrada). Hasta el día de hoy, recuerdo a mis abuelos, el rabino Abraham Jungreis y su esposa, acompañándonos hasta el auto y saludando con la mano hasta que doblábamos la esquina. Esta misma tradición la continuaron mi padre Rav Meshulam Jungreis, ztz´l, y mi madre, la Rebetzin Esther Jungreis a´h.

(7) De acuerdo al esfuerzo es la recompensa: La recompensa es proporcional al esfuerzo: si bien Abraham sufrió intensamente por su circuncisión, trascendió ese dolor para poder cumplir con la mitzvá de hajnasat orjim y sintió una gran alegría al hacerlo. Aprendemos que, cuanto mayor es el esfuerzo y la mesirut néfesh (el sacrificio personal) que requiere la mitzvá, más grande es la satisfacción que se siente al hacerla. En la actualidad, vamos a la sinagoga a pesar de la distancia y las inclemencias climáticas, estudiamos Torá a pesar del cansancio, damos tzedaká a pesar de estar apretados de dinero y crecemos espiritualmente cuando realizamos cada mitzvá.

(8) HospitalidadHajnasat orjim puede realizarse en muchos niveles. Hay personas solitarias, que precisan calidez y familia. Hay personas confundidas, que necesitan que alguien las guíe. Hay personas que carecen de espiritualidad y anhelan algo a lo que aferrarse, algo en lo que creer. La hospitalidad que brindaba Abraham abarcaba todo eso. Al seguir sus pasos, podemos acercar a las personas a Dios. Un momento muy propicio para extender esta clase de hospitalidad es el Shabat, porque el poder espiritual del día es inmenso y deja una impresión que puede transformar la vida de nuestros huéspedes.

(9) Las responsabilidades de los invitados: "Ellos [los ángeles] le preguntaron a Abraham: '¿En dónde está tu esposa?' (7). Rashi explica que los ángeles ya sabían dónde estaba Sará. Sin embargo, preguntaron adónde se encontraba para elogiarla ante Abraham. Su pregunta resaltó el refinado carácter y la modestia de Sará, haciendo que su esposo la ame todavía más.

La Torá enseña que siempre debemos intentar mejorar el shalom bait (paz y armonía) de quienes nos hospedan, alabando a un esposo ante el otro. Asimismo, el regalo más significativo que podemos dar a padres y abuelos es reconocer algo digno de elogio en sus hijos. Estas expresiones de bondad son el regalo más significativo que pueden dar los huéspedes.

(10) Rezar por los demás: "A quien reza por otra persona cuando necesita lo mismo, se le responde primero". Dios le dio a Sará un hijo después de que Abraham rezara para que Avimélej fuera bendecido con hijos. (8)

Encuentra a alguien que tenga los mismos problemas que tú y reza por ella; Dios responderá positivamente a tus plegarias. Por cierto no es algo sencillo, porque tendemos a sentirnos consumidos por nuestras propias necesidades. Sólo vemos nuestras propias necesidades, pero si podemos trascender, si nos identificamos con el dolor de nuestros vecinos y le pedimos sinceramente a Dios por ellos, esa es la mejor arma para esperar que Dios nos responda.


NOTAS 1. Génesis 18:1. 2. Ibíd. 18:27. 3. Salmos 121:1-2. 4. Salmos 89:3. 5. Génesis 18:4-5. 6. Ibíd. 18:16. 7. Ibíd. 18:9. 8. Ibíd. 20:17, Rashi en Ibíd. 21:1.