El último capítulo de esta parashá contiene un mensaje confuso: “Esto es lo que Dios ordenó hacer…”,(1) que se refiere al mandamiento de inaugurar el Tabernáculo. Sugerimos que el versículo previo aclara lo que es necesario para santificar el Tabernáculo y la vida judía en general. Dios le instruyó a Moshé que reuniera a toda la asamblea del pueblo judío “en la entrada de la Tienda de la Cita”, y aquí yace la explicación que, en sí misma, es paradójica. A pesar de que el área de la entrada era muy pequeña y no tenía capacidad para muchas personas, milagrosamente hubo suficiente lugar para todos.

Con este fenómeno, la Torá nos brinda una enseñanza eterna: cuando hay amor verdadero, ningún cuarto, ningún lugar es demasiado pequeño. Por otro lado, cuando los corazones están llenos de rivalidad y rencor, ningún lugar es suficientemente grande. Ni el palacio más majestuoso puede acomodar a quienes no tienen paz entre ellos. De esta manera queda claro el significado del pasaje: “Esto es lo que Dios ordenó hacer”: acercarnos los unos a los otros con amor, bondad y entendimiento. Si lo hacemos, incluso el lugar más pequeño y limitado se expandirá milagrosamente. Ese es el poder del amor. Pero si no hay amor, ni siquiera será suficiente con una mansión palaciega.

¿DIOS LO APROBARÍA?

A continuación de la parashá encontramos otra dimensión de este concepto de cumplir la voluntad de Dios, que sería bueno recordar y poner en práctica. Aharón formula una pregunta que todos deberíamos hacernos: “¿Dios lo aprobaría?”.(2)

Normalmente, al cumplir una mitzvá, la pregunta principal que debemos formular es: “¿Estoy cumpliendo esta mitzvá de acuerdo con la halajá, de acuerdo con la ley?”. Pero Aharón, el Sumo Sacerdote, fue un pasó más allá. Él entendió que no sólo debemos cumplir la mitzvá de acuerdo con la ley de Dios, sino que también debemos hacerlo de una forma que le resulte placentera a nuestro Creador. Esta enseñanza se aplica a todos los aspectos de nuestra vida. Antes de tomar decisiones, antes de dar cualquier paso, formúlate esta pregunta: ¿Dios lo aprobaría? ¿Es esta la forma en que Dios quiere que viva? ¿Estará contento con mis acciones? ¿Aprobaría mis palabras?

Si aprendemos a hacerlo, nuestra relación con Dios no estará basada en la obligación estricta, sino en el amor. Un niño que realmente ama a sus padres desea darles satisfacciones, darles nájat. ¿No deberíamos desear darle nájat a nuestro Padre Celestial? ¿No deberíamos expresar nuestro amor por Él?

Si deseamos conectarnos con Dios, si deseamos recibir milagros y que Su Gloria nos bendiga, sólo debemos cumplir Sus mandamientos, cumplirlos como Él indicó, e ir un paso más allá y preguntarnos: ¿La forma en que cumplo las mitzvot es placentera para mi Creador, para mi Dios?

DOS PEQUEÑAS PALABRAS

Nuestra madre, la Rebetzin Esther Jungreis, relataba a menudo la historia del Maguid de Kelm, el gran orador del shtetl de Kelm que vivió en Lituania en el siglo XIX. Un día él desafió a su congregación con preguntas asombrosas: "Si, por algún milagro, Dios permitiera que todos los que están enterrados en el cementerio de Kelm se levantaran durante media hora, ¿qué creen que harían? ¿Adónde irían? ¿Qué dirían?”.

Piensa en esas preguntas, medita en ellas y pregúntate: ¿Qué haría yo? ¿Adónde iría? ¿Qué diría si sólo tuviera media hora en este mundo? ¿Y qué ocurriría si, en lugar de media hora, te dijeran que a tu esposa o a tu esposo sólo le quedan seis meses de vida? ¿Cómo te relacionarías con ella o con él?

Muchos lo descubrieron tras el atentado a las Torres Gemelas. Quizás por primera vez en la historia quedaron mensajes de audio de cantidades de personas que estaban atrapadas entre los escombros y sabían que atravesaban sus últimos momentos en esta tierra. Milagrosamente, esas trágicas víctimas pudieron sacar sus celulares y llamar a sus familiares. ¿Qué crees que dijeron? ¿Cuál fue su última voluntad y su testamento?

Sorprendentemente ninguno habló sobre negocios, dinero ni nada similar… Ellos dijeron dos pequeñas palabras: "Te amo". "Te amo, mi esposo". "Te amo, mi esposa". "Te amo, papá". "Te amo, abuela". "Te amo, abuelo"… "Te amo".

Entonces, incluso si nos queda más de media hora en este planeta, ¿no deberíamos decir te amo antes de que sea demasiado tarde?

Cuando estudias Torá, aprendes a apreciar el valor del tiempo y tratas de vivir cada día como si fuese el último. Aprendes a valorar y cuidar los simples regalos que Dios te dio, como el amor, regalos que entiendes que al fin de cuentas no son tan simples.


NOTAS

1. Levítico 8:5.
2. Ibid. 10:14.