El estudio de la parashá no es sólo el estudio de nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestro futuro. Lo más significativo es que se trata de la Palabra de Dios. Si sabes cómo estudiarla y cómo sumergirte en sus profundidades infinitas, verás que la parashá siempre te permite responder mejor a los desafíos del momento. La lectura de la parashat Nitzavim siempre coincide con los días de las Altas Fiestas y nos guía respecto a cómo podemos prepararnos para los impresionantes días de Rosh Hashaná y Iom Kipur. Las conmovedoras palabras iniciales: "Atem nitzavim haiom kuljem lifnei Hashem Elokeijem – Hoy están todos ustedes frente a Hashem, su Dios",1 hablan volúmenes. En guematria, estas palabras son equivalentes a "laamod leselijot" – pararse frente a Dios y pedir perdón. Durante todo el año corremos de un lado a otro, de actividad en actividad. Algunos corremos tan rápido que olvidamos por qué estamos corriendo, de qué se trata nuestra vida.

Pero ahora, nos acercamos al Día de Juicio Divino y se nos ordena pararnos, explorar nuestras almas, examinar nuestros corazones y rendir cuentas de nuestras vidas. El pasaje continúa enumerando los distintos estratos de la población: los líderes, los ancianos, los oficiales, los hombres, los niños pequeños, las mujeres y los prosélitos, hasta llegar al leñador y al aguatero. Entonces surge la pregunta: si el texto ya dijo "todos ustedes", ¿por qué la Torá consideró necesario mencionar a cada grupo por separado? Obviamente todos caben dentro de la descripción de "todos ustedes". Sabemos que cada palabra de la Torá es significativa. ¿Qué significa esta redundancia?

La respuesta a esta pregunta puede servirnos como un mapa de ruta para la vida, y en particular para la estación de las Altas Fiestas. Todos somos responsables los unos por los otros. Nuestro destino está entrelazado. El pueblo judío es como un solo cuerpo, si sólo una articulación se lesiona, duele todo el cuerpo. Si amputan una sola extremidad, toda la persona queda discapacitada. Asimismo, si falta sólo uno de nosotros, todos nos vemos disminuidos. Si sólo uno es culpable de un grave error, todos estamos implicados. Para inculcarnos esta enseñanza, decimos todas nuestras plegarias en plural: refaenu, cúranos; Shemá kolenu, Escucha nuestras voces, etc.

Esta enseñanza es particularmente relevante en la actualidad, porque somos la generación que fue destinada a experimentar las tribulaciones que acompañan los dolores de parto del Mashíaj. Nuestros Sabios enseñan que una de las formas en que podemos protegernos durante este período difícil es unirnos, perdonarnos y sentir el dolor del otro. Si podemos hacerlo, podemos anticipar que también Dios nos perdonará.

Para reforzar este concepto de responsabilidad mutua, la parashá nos enseña: "Las cosas ocultas [pecados] pertenecen a Hashem, nuestro Dios, pero las cosas reveladas son para nosotros y para nuestros hijos , en perpetuidad, a fin de cumplir todas las palabras de esta Torá".2 De aquí aprendemos que no seremos considerados responsables por los pecados que desconocemos de otros individuos, pero sí somos responsables por las transgresiones públicas, porque nuestro silencio implica nuestro consentimiento. En el judaísmo existe la expresión shtiká kehodaá, el silencio implica aceptación.3 Cuando vemos algo malo, cuando somos testigos de una injusticia, cuando vemos que se transgreden o abandonan las leyes de la Torá, tenemos la responsabilidad de hablar y recordarles a nuestros prójimos que debemos vivir como judíos de acuerdo con la ley de la Torá.

Esta responsabilidad de recordarnos mutuamente el destino que Dios nos otorgó, nuestra herencia judía, es un pacto en sí mismo. En la lengua sagrada esto se llama arevut, responsabilidad mutua. Por eso, antes de morir, Moshé se dirigió a cada segmento de la población y les encomendó esta misión. ¿Acaso este pacto de responsabilidad mutua sigue siendo la señal que identifica nuestras vidas? ¿Fue confirmado este pacto a lo largo de los siglos? Sí y no.

Por un lado, el pueblo judío puede estar separado por océanos y continentes, idiomas y cultura. Sin embargo, nos mantuvimos siendo uno. Si nuestros hermanos en Rusia, en Etiopía o en cualquier parte eran oprimidos, escuchamos su grito, y si nuestro pueblo en Israel está bajo ataque, todos estamos allí. Sí, somos uno. El pacto de responsabilidad mutua que Moshé grabó en los corazones judíos sobrevivió a través de los siglos. Pero por otro lado, también somos testigos de la alienación, la complacencia y la indiferencia. Quienes somos sensibles a este pacto de responsabilidad mutua debemos tratar que todos nuestros hermanos tomen consciencia del mismo.

¿Qué pasa si está lejos de tu alcance?

No sólo debemos sentir responsabilidad por aquellos que son oprimidos o en crisis, sino también por quienes carecen de Torá y están despojados de judaísmo. Si nuestros hermanos no tienen consciencia del significado de nuestra fe, cada uno debe hacer todo lo que esté a su alcance para ayudarlos a tomar consciencia de nuestra herencia compartida.

Sin embargo, algunas situaciones están más allá de nuestras capacidades. A veces la asimilación fue tan general que los individuos ya no se identifican como judíos y no hay forma de llegar a ellos. Estos casos caen bajo la denominación de lo oculto. Dios mismo es Quien los traerá a ellos de regreso a casa. Cuando Moshé le encargó a la nación este pacto de responsabilidad mutua, él nos habló a todos, para toda la eternidad. "No sólo con ustedes concerto este pacto y este juramento, sino… con el que no está hoy aquí con nosotros".4

De aquí aprendemos que cada neshamá judía que nacerá en las futuras generaciones estuvo presente y escuchó las palabras de Moshé. Moshé no dejó nada al azar, y en su mensaje nos recordó que Dios hizo con nosotros Su pacto por una razón especial: "Para establecerte hoy como Su pueblo y que Él sea Dios para ti, tal como Él te habló y como Él juró a tus ancestros, a Abraham, a Itzjak, y a Iaakov".5 Por lo tanto, esta es nuestra misión, nuestra razón de ser como individuos y como nación. Si nos tomamos sólo unos momentos para contemplar estas palabras nos sentiremos regocijados. Nos otorgaron el impresionante privilegio de ser el pueblo de Dios. ¿Acaso puede haber algo mejor que eso? Pero lamentablemente, muchas personas de nuestro pueblo no tienen consciencia de su verdadera esencia.

La eternidad del pueblo judío

Hay también otra interpretación de "Atem nitzavim - Hoy están todos ustedes frente a Hashem, su Dios". En la parashá anterior el pueblo escuchó todas las terribles y dolorosas calamidades que podían ocurrirle, y se sintieron aterrorizados. Tanto, que el Midrash enseña que cambiaron de color. Moshé los calmó con las poderosas palabras con las que comienza esta parashá: "Atem nitzavim haiom kuljem lifnei Hashem Elokeijem – Hoy están todos ustedes frente a Hashem, su Dios". En estas palabras se encuentra el secreto de nuestra milagrosa sobrevivencia.

No importa a donde nos lleve el destino, no importa en qué siglo, en qué cultura, en qué país residamos, siempre debemos vernos a nosotros mismos como si estuviéramos parados frente a Dios; este es el secreto de nuestro milagrosa supervivencia. Por eso sobrevivimos a los tiranos de la historia. Hemos visto imperios, los grandes poderes del mundo, crecer a su cénit y luego desaparecer. Desde el faraón a Hitler y los demagogos contemporáneos, los experimentamos a todos y triunfamos, porque en todo momento nos mantuvimos ante Hashem, nuestro Dios. E incluso si olvidamos nuestro llamado, las palabras "Atem nitzavim haiom" vienen a redimirnos. En guematria, esto es equivalente a "pararse para las selijot, pedir perdón y retornar a Dios". Dios nos brindó un regalo magnífico; las selijot, la posibilidad de renovarnos pidiéndole que nos perdone. A primera vista, esto puede parecer una tarea abrumadora, pero en esta parashá también se nos asegura que "Este mandamiento que te ordeno hoy no está oculto de ti ni alejado… Es algo muy cercano a ti, está en tu boca y en tu corazón cumplirlo".6 Este pacto está impregnado en nuestras almas y tan profundamente grabado en nuestro corazón que sólo necesitamos llamar a Dios y el pacto emerge y nos transforma en el pueblo que estuvo en el Sinaí.

A través de los siglos, hemos visto la sorprendente renovación de nuestro pueblo. Incluso quienes parecen estar completamente perdidos pueden retornar en un instante.


NOTAS

  1. Deuteronomio 29:9

  2. Ibid. 29:28

  3. Tratado Ievamot 87b

  4. Deuteronomio 29:13-14

  5. Ibid. 29:12

  6. Ibid. 30:11, 14