La estrategia de Iaakov al ir a reunirse con su hermano Esav fue dividir a su familia: Si Esav viene a un campamento y lo ataca, entonces el campamento restante sobrevivirá”.1 El objetivo de Iaakov era salvar por lo menos a una parte de su familia si Esav llegaba a atacarlo.

De esta forma, Iaakov estableció las bases de uno de los principios que aseguró la supervivencia judía durante los turbulentos y dolorosos años del exilio. A lo largo de nuestra historia vemos repetirse el patrón de oscuridad y luz. A continuación presento dos ejemplos.

Cuando fue destruido el Primer Templo de Jerusalem, nació la grandiosa comunidad judía de Babilonia (donde se compiló el Talmud). Muchos siglos después, con el ocaso de la comunidad judía europea, emergieron las comunidades judías de los Estados Unidos e Israel. Nuestro patriarca Iaakov estableció muy bien las bases para que sin importar lo que traten de hacer nuestros enemigos, sus planes fracasen. ¡Am Israel jai! ¡El pueblo judío está vivo! "Al tirá, no temas del terror repentino o ni la destrucción de los malvados cuando venga".2 “Planeen una conspiración y será anulada, digan sus palabras y no tendrán éxito. Porque Dios está con nosotros”.3

UN MENSAJE DE NUESTRO PATRIARCA IAAKOV QUE SIGUE SIENDO RELEVANTE EN LA ACTUALIDAD

Cada evento, cada palabra de la Torá es un mensaje para nosotros hoy en día. Está escrito: “Maasé avot simán lebanim”. De hecho, la Torá es el plano del futuro, por lo que si deseamos entender el mundo contemporáneo y saber cómo responder a los desafíos que enfrentamos, sólo necesitamos estudiar la parashá.

Iaakov es el patriarca que presagió el exilio. Él experimentó todo el dolor y el extraordinario sufrimiento que soportamos durante milenios en todas las tierras en las que fuimos dispersos. Iaakov nos enseñó cómo responder ante el terror de la noche cuando nos abruman la soledad y el temor. No es coincidencia que Iaakov haya sido quien compuso la plegaria nocturna, Maariv. Él nos mostró cómo iluminar la oscuridad con palabras que emanan de nuestro corazón. Él nos enseñó que incluso en los momentos más difíciles, cuando todo parece estar perdido, nunca debemos darnos por vencidos, sino dirigirnos a Dios con una plegaria sincera.

El patriarca Iaakov rezó no sólo por sí mismo, sino también por nosotros, que seguimos su camino muchas generaciones después. Cuando Iaakov levantó la mirada y vio que Esav se acercaba, vio también la inquisición, los pogromos, el Holocausto, y rezó pidiendo misericordia. Dios escuchó sus plegarias y prometió que el pueblo judío sobreviviría eternamente. Como escribió el Rey David: "Que Hashem te responda en el día de tu angustia, que el Nombre del Dios de Iaakov te engrandezca".4

UNA LECCIÓN PARA LA SUPERVIVENCIA – RECONOCER LA TRAMPA

Antes de confrontar a Esav, Iaakov clamó: "Rescátame, por favor, de la mano de mi hermano, de la mano de Esav…".5 Nuestros Sabios discuten sobre cuál es el significado de estas dos manos, y de “mi hermano… Esav”. Al fin de cuentas, Iaakov no tenía otro hermano y ya sabemos que no hay nada redundante en la Torá. ¿Por qué Iaakov usó estas frases aparentemente repetitivas? Nuestros Sabios explican que el patriarca nos enseña aquí una lección para la supervivencia. Esav nos enfrentará con dos disfraces diferentes: en ocasiones nos tenderá una mano amistosa, como un hermano, y al hacerlo intentará destruirnos a través de la asimilación. En otras ocasiones nos atacará con la mano de Esav, con crueldad y opresión.

Cuando se encuentran, Esav saluda a Iaakov con un beso, pero la palabra “beso” está puntuada. Los Sabios nos enseñan que en verdad ese beso fue una mordida.6 Lo que pareció ser un acto de amistad por parte de Esav, ocultó una amenaza a la vida de Iaakov. El Midrash nos dice que Dios, con Su infinita misericordia, convirtió el cuello de Iaakov en un pilar de mármol, impidiendo así que Esav lo lastimara. Si bien debemos cuidarnos de ambas manos de Esav, Iaakov temió sobre todo a la mano amistosa, y primero pidió ser salvado de la mano de su hermano. El peligro de la mano de Esav es claro: él intenta destruir nuestras vidas. Sin embargo, la mano del hermano, la mano amistosa, es la más peligrosa, porque cuando está extendida puede tomarnos desprevenidos y (que Dios no lo permita) llevar a que perdamos nuestra identidad, nuestro legado, nuestro judaísmo. La mano amistosa puede hacer que sea muy fácil olvidar que estuvimos en el Monte Sinaí y que estamos unidos a Dios por un pacto eterno. Por lo tanto, valoremos el milagro de nuestra supervivencia y protejamos con amor nuestra identidad, nuestra Torá y nuestro judaísmo.


Notas

1. Génesis 32:9.
2. Proverbios 3:25.
3. Isaías 8:10.
4. Salmos 20:2.
5. Génesis 32:12.
6. Ibíd. 33:4.