LO QUE DICES TE OBLIGA

La parashat Matot nos recuerda los valores eternos que distinguieron a nuestro pueblo a través de los siglos. Al comienzo de la parashá, Moshé les enseña a los líderes de las tribus, y a través de ellos a toda la nación, sobre la santidad de los juramentos y las trágicas consecuencias de no cumplir con nuestra palabra, lo que la Torá considera una profanación.1

Nuestra fe está vinculada a la santidad del habla. A través del habla nos comprometimos a un pacto eterno con Dios cuando proclamamos naasé venishmá. A través del habla, por medio de la plegaria y el estudio de la Torá, continuamos nuestra conexión con Dios. A través del habla le damos expresión a la chispa Divina que Dios puso en nuestro interior. A través del habla Dios creó el mundo y a través del habla nosotros, en nuestra forma humana, transmitimos energías positivas o negativas. Como está escrito: "La muerte y la vida dependen de la lengua".2

Tenemos 14 mandamientos positivos y 17 negativos que giran alrededor del habla. Para protegernos y evitar que usemos nuestra lengua de forma irresponsable, Dios la ubicó detrás de dos puertas: los dientes y los labios. Esto es para que antes de hablar pensemos bien lo que vamos a decir, porque una vez que lo decimos no es fácil revertir nuestras palabras ni hacerlas desaparecer. El daño que generan las promesas incumplidas, las maldiciones y las palabras dañinas o blasfemas no se puede borrar con facilidad. Por supuesto, también es cierto lo contrario. Las palabras cálidas, amables y amorosas son un bálsamo para el alma y tienen la fuerza de transformar la oscuridad en luz y la desesperación en esperanza.

OTRO ASPECTO DE LA GRATITUD

Dios le instruyó a Moshé: "toma venganza… en contra de los midianitas".3 Extrañamente, en lugar de asumir esa responsabilidad, Moshé le encargó a Pinjas que liderara al pueblo en la batalla. A primera vista, es difícil entender la reacción de Moshé, porque él era un sirviente leal de Dios, siempre listo para cumplir con Sus pedidos. Que delegara esa responsabilidad es algo completamente ajeno a su carácter. Sin embargo, hay aquí una poderosa lección que nos guiará por el camino de la vida.

Cuando el Faraón descubrió que Moshé, el joven príncipe, era judío, decidió matarlo. Moshé tuvo que huir para salvar su vida y encontró refugio en la tierra de Midián. Habían pasado muchos años desde aquel incidente. La escena mundial había cambiado; los midianitas eran un pueblo malvado e inmoral que deseaba seducir y destruir a la nación judía. De todos modos, Moshé no pudo luchar contra ellos, porque en un momento de su vida se había beneficiado de su hospitalidad. Asimismo, cuando Dios castigó a Egipto con las Diez Plagas, no se le permitió a Moshé golpear el agua del Nilo (lo hizo Aharón), porque el agua había protegido a Moshé cuando era un bebé. Si Moshé debió tener gratitud hacia el agua, una entidad incorpórea que no había tomado una decisión consciente para salvarlo, cuanto más debe ser así respecto a los seres humanos. No tenemos permitido nunca olvidar o dar por sentado un acto de bondad o un favor recibido.

Este mensaje es especialmente importante para nuestra generación, en la cual la ingratitud es tan común. Olvidamos fácilmente los beneficios que disfrutamos y racionalizamos nuestra insensibilidad diciendo: "Me lo merezco" o "Me lo deben". Debemos cuidarnos de no caer en estas racionalizaciones. Nunca debemos perder de vista la bondad que se hizo con nosotros y tenemos que esforzarnos para desarrollar nuestro sentido de gratitud.

UN VERDADERO LÍDER

Dios le instruyó a Moshé que le ordenara al pueblo judío luchar contra los midianitas que fueron los causantes de la terrible plaga que sufrió el pueblo. Sin embargo, Dios también le informó a Moshé que después de esa batalla, él moriría.4 Al tener esta información antes de la batalla, Moshé podría haberse tomado su tiempo, particularmente porque Dios no le dio un marco de tiempo específico en el que debía cumplir esa orden. Nadie le hubiera reprochado si hubiese demorado esa acción para prolongar su vida. Sin embargo, Moshé respondió con presteza al llamado de Hashem y dejó de lado sus deseos personales. Esta es la característica distintiva de la verdadera grandeza, del verdadero liderazgo: tener la capacidad de pensar en el bien mayor de la familia y del pueblo en vez de limitarse a los egoístas intereses personales.

El ejemplo de Moshé nos desafía a examinar nuestras propias acciones, nuestras propias prioridades. ¿Estamos motivados por intereses egoístas? ¿Nos preocupamos antes que nada por nosotros mismos, o las necesidades de nuestra familia, de nuestro pueblo y el llamado de Dios ocupan el primer lugar?

LA BATALLA DE LA VIDA

Los soldados de Israel volvieron victoriosos de su batalla contra los midianitas pero, paradójicamente, está escrito: "quienes vinieron a la batalla", en lugar de "quienes volvieron de la batalla".5 De aquí aprendemos que después de ganar una batalla, después de saborear el éxito, podemos sentirnos muy confiados y arrogantes, y estar convencidos de que ya podemos bajar la guardia. Por eso se les advierte a los soldados de nuestro pueblo que la batalla real recién comienza y esta es la batalla de la vida. La batalla de la vida es una lucha constante contra el ietzer hará, respecto al que debemos mantener la guardia en alto hasta el día de nuestra muerte.

En esta misma parashá, Elazar el sacerdote le instruye al pueblo sobre las leyes para kasherizar los utensilios purgándolos. Podemos preguntarnos cuál es la conexión entre estos dos temas. Una vez más encontramos aquí un mensaje para nosotros: el camino al éxito en nuestra batalla constante de la vida es purgarnos de todo lo que no es kasher, todo lo que se opone al estilo de vida de la Torá. Lo que debemos recordar toda la vida, lo que debe imbuirnos con coraje y esperanza, es el sentido más profundo de esta enseñanza. Si un utensilio, que es un objeto inanimado, puede volverse kasher, cuánto más un ser humano, dotado con una chispa Divina, que tiene una neshamá sagrada, puede volver a ser sagrado y purgar incluso los más terribles errores.

¿CUÁNTO LO SIENTES?

La Torá nos informa que las tribus de Reubén y Gad tenían abundante ganado y que le pidieron permiso a Moshé para asentarse del otro lado del Jordán, donde la tierra "es una tierra para ganado, y tus sirvientes tienen ganado".6

La respuesta de Moshé trasciende los siglos y nos impacta en cada generación: "¿Acaso sus hermanos irán a la batalla y ustedes se asentarán aquí?".7

El pueblo judío es una familia. Si alguno siente dolor, todos sentimos dolor. El corazón de cada judío debe latir junto al corazón de su pueblo. Sí, la pregunta de Moshé nos desafía en cada generación.

Nuestros padres nos contaron que en los campos de concentración se preguntaban: "¿Es posible que nuestros hermanos en los Estados Unidos permanezcan callados? ¿Es posible que estén tan ocupados con sus propias vidas mientras nos arrojan a los hornos? ¿Es posible que no escuchen nuestro llanto? ¿Puede ser que no vean nuestras lágrimas? ¿Es posible…? ¿Es posible…?

La pregunta de Moshé nos habla a todos, no sólo durante el Holocausto, sino también en nuestra vida familiar cotidiana. ¿Es posible que estés comprando joyas mientras tu hermana no puede pagar la renta? ¿Puede ser que te vayas de vacaciones mientras tu padre está sólo en una cama de hospital? ¿Es posible que celebres en tu mesa festiva mientras tu hermano está solo en su departamento oscuro? ¿Es posible…? ¿Es posible…?

El desafío de Moshé exige que analicemos bien nuestra vida y examinemos hasta qué punto sentimos empatía por nuestra familia, por nuestro pueblo. Cuando lees en el periódico que hay otro ataque suicida en Israel, ¿te detienes para derramar una lágrima? ¿Te detienes un momento para decir una plegaria, o continúas con tu vida? ¿Los negocios siguen como siempre?

PRIORIDADES JUDÍAS

Las tribus de Reubén y Gad de inmediato le aseguraron a Moshé que ellos deseaban unirse a sus hermanos en la batalla. "Construiremos cercos para nuestro ganado y ciudades para nuestros niños pequeños. Y nos armaremos rápidamente en la vanguardia de los hijos de Israel…"8

Moshé Rabeinu no quedó satisfecho con su respuesta y los corrigió, diciendo: "Construyan para ustedes ciudades para sus niños pequeños y cercos para su ganado".9

En la corrección de Moshé Rabeinu hay una profunda lección que es relevante para todos los tiempos. Tal como las tribus de Reubén y Gad antepusieron su ganado a sus familias, y tal como priorizaron a Israel, al pueblo judío, sobre Hashem, hoy hay quienes dan prioridad a sus negocios, ponen a sus familias en segundo lugar y consideran que su compromiso hacia Israel y el pueblo judío es más importante que su fe en Hashem. Ellos olvidan que el amor a Israel y a la nación judía sólo tiene sentido si está basada en la Torá y en el compromiso con Dios.


NOTAS

1. Números 30:3.
2. Proverbios 18:21.
3. Números 31:1.
4. Ibíd. 31:1-2.
5. Ibíd. 31:21.
6. Ibíd. 32:1-5.
7. Ibíd. 32:6.
8. Ibíd. 32:16-17.
9. Ibíd. 32:24.