Kóraj, un primo de Moshé de la distinguida tribu de los levitas, cayó presa de dos de los tres pecados que nuestros Sabios enseñan que son la fuente de todos los rasgos destructivos de carácter: envidia y sed de honor (el tercero es la lujuria). En su obsesión, Kóraj fomentó una rebelión y trató de derrocar a Moshé y a Aharón.

La parashá comienza con las palabras “Vaikaj Kóraj – Y Kóraj tomó”.1 Nuestros Sabios explican que “tomó” implica que los sedujo con palabras persuasivas. Kóraj los engañó y consiguió que se le unieran 250 líderes de la nación.

Cada uno de los que participaron en la rebelión de Kóraj tenía sus propios intereses ocultos. En primer lugar estaban Datán y Aviram, que tenían una larga historia de ataques a Moshé y deseaban regresar a Egipto. También estaba la tribu vecina de Rubén. Kóraj los convenció de que Moshé era culpable de nepotismo. Kóraj argumentó que Moshé designó a Aharón como Sumo Sacerdote no debido a una orden Divina, sino por su ambición de mantener todos los honores dentro de su familia. Los argumentos de Kóraj fueron muy buen recibidos, porque después del pecado del becerro de oro Rubén había perdido su posición de privilegio como primogénito. La vulnerabilidad de Rubén también se debió a su cercanía a Kóraj, lo que refuerza la advertencia de nuestros Sabios: "Pobre del malvado y pobre su vecino". Debemos ser cuidadosos al elegir un lugar de residencia, porque los vecinos pueden influenciarnos sin que ni siquiera nos demos cuenta.

Acusaciones, líbelos y una fórmula para la paz

Algunas veces se formulan acusaciones tan ultrajantes, tan escandalosas, que uno se queda atónito y es incapaz de responder. Moshé, (cariñosamente llamado roé neemán, el pastor leal), quien sacrificó toda su vida por su pueblo, quien luchó con Dios y arriesgó su vida al declarar: "Si los perdonas, bien, y si no, borra mi nombre de Tu Libro",2 ahora es juzgado por este mentiroso que lo acusa de nepotismo y codicia.

Ni siquiera podemos llegar a imaginar el dolor que debe haber sentido Moshé ante esa acusación. Podemos vislumbrar su sufrimiento cuando la Torá nos dice que Moshé "cayó sobre su rostro" en plegaria.3 ¿Qué podía decir al ser confrontado con tanta ingratitud y traición?

¿Cómo hubieras reaccionado tú de haber estado en el lugar de Moshé? ¿Qué podemos aprender de Moshé para que nos ayude cuando somos injustamente acusados por quienes nos sacrificamos y a quienes brindamos nuestro amor?

Por cierto hubiera estado justificado que Moshé se enfureciera y exigiera la aniquilación de los insurgentes. Pero en cambio, él intentó razonar con ellos: Moshé dijo: "En la mañana (bóker) Hashem dará a conocer…".4 La palabra bóker no solo significa "mañana", sino que también está relacionada con la palabra bikoret, que significa "clarificar, investigar". Al decirles que lo “consultaran con la almohada”, que esperaran hasta la mañana, Moshé esperaba que examinaran sus motivaciones y reevaluaran sus planes malévolos. Pero lamentablemente fueron testarudos y se rehusaron a abandonar sus malas intenciones. La primera lección que podemos aprender es no actuar rápida o precipitadamente. Antes de hablar, antes de actuar, antes de condenar, busca hacer las paces. Dile a tu oponente que lo “consulte con la almohada”, con la esperanza de que investigue y encuentre claridad. Lamentablemente esto no funcionó en el caso de Kóraj. Kóraj y sus seguidores permanecieron ciegos y obstinados. De todos modos, el ejemplo de Moshé puede guiarnos.

A pesar de todo, Moshé no se dio por vencido. Él mandó a llamar a Datán y a Aviram e intentó hacer la paz con ellos, pero también se rehusaron arrogantemente. Entonces Moshé, el profeta de Dios, el líder de Israel, el amado rabino de todo el pueblo judío, no dudó en humillarse a sí mismo y él fue a buscar a Datán y Aviram en un esfuerzo final para hacer las paces.5

Una vez más hay aquí una profunda lección. Si en nuestra familia o en nuestra comunidad hay discordia y peleas, debemos ser los primeros en extender la mano para hacer la paz. Si Moshé no sintió que ponía en compromiso su honor, ¿cómo podemos sentirlo nosotros? Incluso si nuestras propuestas son rechazadas, no debemos darnos por vencidos, sino intentarlo una y otra vez.

Nuestros Sabios nos advierten que no se debe mantener un altercado y nos dan una fórmula triple para lograr la paz: "Sé como una olla, sé como un pájaro y sé como un río".

Una olla hace que haya paz entre el agua y el fuego, incluso si a veces se carboniza en el proceso.

  • Intenta atrapar un pájaro: se volará. ¿Alguien te quitó el asiento, el lugar para estacionar? En vez de enojarte, aprende del pájaro: escápate.

  • Las orillas del río evitan que el agua rebalse. Aprende a controlarte y no permitas que la inundación de tu temperamento tome el mando.

  • Sigamos el ejemplo de Moshé: persigue la paz y haz todos los intentos necesarios para llegar a una reconciliación.

Las desastrosas consecuencias de los celos

Kóraj tenía todo lo que un hombre puede desear: era brillante, venía de una familia noble, tenía una apariencia majestuosa y era el hombre más rico de su época. Sin embargo, todo eso no le servía de nada porque no tenía paz. Los celos consumían su corazón. Su obsesión llegó a un clímax trágico en la controversia que fomentó, causando su muerte, la de su familia y la de muchas otras personas.

La envidia es la peor cualidad que una persona puede tener. ¿Cómo podemos protegernos de su veneno mortal? Cuando sentimos que entra a nuestro corazón, debemos recordar que la envidia no tiene sentido y que es autodestructiva. No tiene sentido porque los sentimientos venenosos que genera la envidia no alterarán la situación e incluso pueden llegar a empeorarla. Lo que codiciamos no pasará a ser nuestro, pero evitará que disfrutemos lo que tenemos y, aún peor, nos convertirá en personas amargas y crueles. Por eso Kóraj, que al comienzo lo tenía todo, finalmente no tuvo nada. Todos sus logros y toda su riqueza no tenían sentido, porque lo único en lo que él pensaba era que la corona del sacerdocio estaba sobre la cabeza de su primo.

La historia de Kóraj es importante en cada generación. Lamentablemente, los celos forman parte de la humanidad desde su comienzo, cuando Caín mató a su hermano Ével. Baruj Hashem, en nuestra generación, disfrutamos de muchas bendiciones, sin embargo somos ingratos y estamos insatisfechos. Por alguna razón, siempre sentimos que nuestro vecino, nuestro pariente o nuestro amigo están mejor, el césped del vecino siempre es más verde. De esta forma nos privamos de tener paz mental, nos volvemos miserables y somos incapaces de disfrutar las bendiciones que tenemos. Por lo tanto, en lugar de envidiar a los demás sería mejor enfocarnos en nuestra propia vida y desarrollar nuestro propio potencial.

Una vez le preguntaron a Rav Zusha, el gran líder jasídico, si él hubiera preferido ser el Patriarca Abraham. Rab Zusha respondió: "¿Qué ganaría Dios con eso? De todas formas tendría que existir (sólo) un Abraham y un Rav Zusha". Vale la pena analizar esta enseñanza de Rav Zusha. Debemos entender que cada uno tiene una tarea especial y que, a lo largo de nuestra vida, debemos esforzarnos por cumplir el objetivo para el cual Dios nos creó. En vez de tratar de imitar a los demás, debemos analizar nuestras almas y desarrollar nuestra propia identidad. La alegría verdadera sólo se encuentra en saber que estamos en el camino que Dios nos asignó y que estamos cumpliendo Su Voluntad. Por otro lado, la arrogancia y la envidia sólo llevan a la frustración y a la destrucción. Cuanto antes nos demos cuenta de esto, más rápido tendremos paz mental.

Para vivir una vida significativa, es importante recordar el primer versículo de esta parashá, que cuenta que Kóraj “tomó”. Esto alude a que la vida de Kóraj se centraba en recibir más que en dar. Los “receptores” nunca están satisfechos, porque la felicidad verdadera sólo se alcanza al dar. Si Kóraj lo hubiera entendido, habría comprendido que la esencia de la vida es ayudar a los demás a crear una relación con Hashem. Ese entendimiento le hubiera permitido disfrutar de los logros de sus semejantes.


NOTAS

1. Ibid. 16:1.
2. Cf. Éxodo 32:32.
3. Números 16:4.
4. Ibid. 16:5.
5. Ibid. 16:25.