En la parashá de esta semana leemos la dramática historia de Iosef, ahora virrey de Egipto, cuando se reúne con sus hermanos después de 22 años de separación. Los hermanos no reconocen a Iosef y cuando los acusa de espionaje, se asustan mucho. De inmediato atribuyen sus problemas al cruel pecado que cometieron tantos años atrás, cuando vendieron a Iosef como esclavo.

Con la voz atormentada, clamaron: "Aval – Por cierto somos culpables por nuestro hermano, porque vimos su angustia cuando nos imploró y no prestamos atención, es por eso que esta angustia nos acontece”.1 Por supuesto, los hermanos hubiesen podido adjudicar la acusación de Iosef al capricho de un loco déspota egipcio, pero aquí precisamente yace su grandeza. En vez de echarle la culpa a otro, analizaron sus almas y buscaron en su interior para encontrar la causa de su desgracia.

Si analizamos la palabra hebrea aval, que tiene doble significado, podemos valorar la profundidad de su introspección. Además de “por cierto” (la intención con la que la usaron los hermanos), también se puede traducirse como “pero”. A primera vista, esto parece ser contradictorio. Sin embargo, la Torá nos enseña una profunda lección. La mayoría de las personas, al explicar su comportamiento, prefiere usar la palabra aval como "pero", justificando así su comportamiento negativo. Aceptan de inmediato que su conducta fue incorrecta, sin embargo a continuación dicen: "Pero hubo circunstancias mitigantes que estaban fuera de mi control…", "Sé que estuve mal, pero me provocaron…", "Quizás no debí haber dicho eso, pero él/ella me presionó…" etc. Con este pequeño pero, se conceden permiso para continuar por el camino equivocado.

Los hermanos, los patriarcas de las tribus del pueblo judío, nos enseñan cómo debemos arrepentirnos, hacer teshuvá. Ellos nos enseñan a despojarnos de nuestros malos hábitos, mejorar nuestra personalidad y redescubrir nuestra verdadera esencia. Ellos usaron la palabra aval, no como “pero” sino como “por cierto”. "Sí, por cierto hemos pecado, somos responsables". De esta forma mostraron a todas las generaciones el camino hacia la teshuvá.

En Iom Kipur, cuando recitamos el Vidui (confesión), repetimos esas mismas palabras: aval anajnu veavoteinu jatanu… Por cierto nosotros y nuestros padres/ancestros hemos pecado. ¡Sin peros! Por el contrario, cuando alguien dice: "Sé que hice tal y tal cosa, pero", altera su confesión con ese pequeño e insidioso pero, intenta justificarse para continuar por el mismo camino corrupto y cancela su teshuvá.

Dios recordará lo que elijamos olvidar, pero lo que elijamos recordar y hacer teshuvá por ello, Dios no sólo lo olvidará, sino que cancelará el mal decreto (las consecuencias dolorosas de nuestro pecado) y convertirá la trasgresión en mérito. "Si tus pecados son como escarlata, se volverán blancos como la nieve…".2

La mayoría somos personas buenas y decentes, pero lo que nos mantiene alejados del camino son las excusas que ponemos. Tenemos la posibilidad de elegir: podemos emular a los padres de las tribus, decir "por cierto" y crecer, cambiar y concretar nuestro potencial, o podemos permitirnos el "pero" y hundirnos en nuestras debilidades. Todo depende de nosotros.

Hay otra enseñanza que podemos aprender de la confesión de los hermanos. Sin lugar a dudas, el pecado del que ese aparente déspota egipcio los acusaba no tenía conexión con el altercado familiar que ocurrió 22 años antes en Canaán. De todos modos, los hermanos vieron una conexión directa entre la tragedia que les ocurría ahora y los eventos que tuvieron lugar tanto tiempo atrás. Nada ocurre en vano, y no hay olvido frente a Dios. Si elegimos ignorar las transgresiones de nuestro pasado, si no hacemos teshuvá y pedimos perdón por ellas, Hashem encontrará la forma de recordárnoslo. Para Dios el tiempo no es igual que para nosotros. Eventualmente, todas nuestras transgresiones nos alcanzarán de la forma más inesperada. Una y otra vez vemos la ley de midá kenégued midá (medida por medida). O como dicen ahora: “Cada uno cosecha lo que siembra”.


NOTAS

1. Génesis 42:21.
2. Isaías 1:18.