Esta parashá comienza con el versículo: "Como consecuencia de que escuchen estos mandamientos… Hashem, tu Dios, guardará para ti el pacto y la bondad que juró a tus ancestros".1 Sobre este versículo, Rashi cita un Midrash que explica que la palabra hebrea ékev, aunque se traduce como "si" o como "en lugar de", literalmente se refiere al talón de nuestro propio pie. ¿Cuál es el mensaje más profundo aquí?

Rashi explica que tendemos a pisotear con los talones las mitzvot que no consideramos importantes. Pero es precisamente en esa área donde debemos tener más cuidado que nunca, porque la Mishná enseña que no sabemos el valor de una mitzvá. Dios proclamó todos nuestros mandamientos en el Sinaí, y todos son igualmente importantes. La Torá no es un supermercado en el que podemos elegir lo que queremos. Sin embargo, etiquetamos ciertas mitzvot como "no importantes" y las descartamos. ¿Cómo justificamos semejante traición a los mandamientos de Dios?

Tendemos a categorizar como "no esenciales" a aquellas mitzvot que consideramos pesadas o demasiado difíciles y, después de un tiempo, realmente llegamos a creer que no tienen importancia y consideramos a quienes las cumplen como fanáticos religiosos. Por supuesto, nadie cumple siempre todo al pie de la letra, pero cuando no lo hacemos, al menos debemos tener la integridad de reconocer nuestra debilidad, pedirle a Dios que nos perdone, y esperar algún día tener la fortaleza espiritual para cumplir las mitzvot tal como Dios lo ordenó.

Hay otra razón por la que muchos quitamos importancia o descuidamos ciertas mitzvot. Es fácil ponerse a la altura del desafío cuando una mitzvá se cumple sólo en ocasiones especiales, pero mantener cada día un elevado nivel de compromiso no es tan simple. Sin embargo, esta es la "prueba de fuego" de nuestro compromiso con el judaísmo.

Este pasaje en la Torá nos desafía a analizar nuestro nivel de observancia y preguntarnos: ¿Estamos pisoteando algunas mitzvot? ¿Hay mitzvot que consideramos "pesadas" y las rechazamos de inmediato? Si nuestro compromiso con la Torá es real, entonces tenemos que esforzarnos para refinarnos y mejorar nuestra observancia.

DIOS NO CASTIGA

En un momento u otro, todos enfrentamos dificultades y penas. En esas ocasiones podemos preguntarnos: "¿En dónde está Dios? ¿Por qué nos está castigando?"

Nuestra parashá enseña que Dios nunca castiga, en el sentido de infligir dolor sin un objetivo constructivo. Como declara el versículo: "Debes saber en tu corazón que, así como un padre disciplina a su hijo, Hashem tu Dios te disciplina".2 Incluso en medio de nuestro dolor, debemos saber que Dios, nuestro Padre, está con nosotros y no nos ha abandonado. Este entendimiento no debe ser sólo intelectual, sino que también debemos "sentirlo en nuestro corazón", porque sólo de esa forma podremos mantenernos en el camino correcto. Un padre siente sólo amor por sus hijos y su intención nunca es castigar, sino corregir. Así como un padre anhela que sus hijos vuelvan a él, también nuestro Padre Celestial nos espera. Dios envía Sus llamados de atención, pero lamentablemente, en medio de nuestro dolor y enojo, no los oímos.

Dios es nuestro Padre y nos ama, Él no disfruta con nuestro sufrimiento. Él preferiría no lastimarnos nunca, pero tiene que colocar dificultades en nuestro camino para que comprendamos que nos comportamos de manera autodestructiva y que perdimos de vista el objetivo supremo de nuestra vida. Al aconsejar a quienes enfrentaban desafíos y dolor, nuestra madre, la Rebetzin Esther Jungreis, solía aconsejar que no hay que preguntar "por qué", ya que "por qué" sólo lleva a más enojo y amargura. La pregunta debe ser "madúa" o "lama", que son los equivalentes en hebreo a "por qué", porque en la lengua sagrada la palabra madúa puede entenderse como una contracción de "ma deá" - "¿qué aprendo de esto? y lama puede significar "le ma" - "¿con qué objetivo? ¿Cómo puedo crecer y madurar a partir de esto?" Si recordamos esto, nos será mucho más fácil enfrentar las dificultades, acercarnos a nuestro Padre Celestial y reconocer nuestro propósito en la vida. El Rey David refuerza esta enseñanza en el Salmo 23: "Tu vara y Tu bastón me confortan". Esto significa que incluso cuando la vara de Dios me causa dolor, me conforta, porque sé que Su objetivo es ayudarme a mejorar.

LA FÓRMULA PARA MANTENER LA CERCANÍA A DIOS

Moshé Rabeinu continúa con su discurso de despedida y le otorga al pueblo judío una fórmula para la supervivencia: "Ahora, Israel, ¿qué es lo que Hashem, tu Dios, te pide? Sólo que temas a Hashem, tu Dios, que andes en todos Sus caminos y que Lo ames, y que Sirvas a Hashem, tu Dios, con todo tu corazón y toda tu alma…"3

El Talmud, en el Tratado de Brajot, pregunta: "¿Acaso temerle a Dios es algo tan simple, como para que Moshé diga que Hashem 'sólo' nos pide eso?" Nuestros Sabios responden: "Sí, para Moshé, que estaba tan cerca de Dios, realmente era muy simple". ¿Pero esto en qué nos ayuda? Nosotros no estamos en el nivel de Moshé. Además, reverenciar a Dios es la responsabilidad de todo judío, por lo que, obviamente, se nos ordenó cumplir esta orden. ¿Pero cómo logramos hacerlo? El Talmud enseña que si nos rodeamos de personas temerosas de Dios, podremos desarrollar con facilidad nuestra conciencia y reverencia a Hashem. Nuestras plegarias, nuestro estudio de Torá y nuestra observancia se elevan de nivel al estar en compañía de personas rectas. Muchas veces nos preguntamos: "¿Qué puedo hacer para mejorar como judío?" "¿Cómo puedo elevar mi observancia de las mitzvot, mis plegarias y mi estudio de Torá?" La respuesta es simple: rodéate de personas que se destaquen en esas áreas, personas que realmente creen en Dios. Aférrate a ellas y su fe será contagiosa.

PRESCRIPCIONES DE FE

Moshé nos da muchos consejos respecto a cómo conservar nuestra cercanía a Dios. Citaremos algunos de ellos. La parashá comienza con Vehaiá ékev Será como consecuencia; porque escucharán.4 Sin embargo, como ya explicamos, literalmente la palabra Ékev significa "talón", no "si" o "como consecuencia". Esto nos enseña que la vida está hecha de pasos y que, si comprendemos que cada paso pequeño lleva a uno mayor que puede definir nuestra vida, automáticamente seremos más cuidadosos con los pasos que damos. Quienes no son cuidadosos con sus pasos pueden encontrarse fácilmente en un destino al que nunca desearon llegar. Si internalizamos esta enseñanza, podemos evitar los peligros que llevan a consecuencias desafortunadas. Recordemos que cada paso que damos en el camino de la vida nos lleva a un destino… pero de nosotros depende decidir cuál será ese destino.

Ékev, huellas, también nos recuerda que la reverencia a Dios es algo accesible porque todos tenemos abuelos y abuelas que nos allanaron ese camino. Sólo necesitamos seguir sus huellas. De hecho, todo el Libro de Génesis puede describirse como las "huellas" de nuestros Patriarcas y Matriarcas que nos alumbran el camino de la vida. Ellos vivieron cada prueba, cada dificultad… superaron todos los desafíos para que nosotros, sus descendientes, continuemos por el mismo sendero y caminemos con honor y sin temor por el camino de la vida.

Finalmente, cuando nos supera la tristeza, cuando sentimos ékev, que nuestros pies nos arrastran hacia abajo, debemos recordar que la palabra ékev está precedida por vehaiá, que es un código que implica felicidad. Como judíos, debemos aspirar a estar en un estado constante de simjat jaim, debemos esforzarnos para desarrollar una actitud alegre y positiva ante la vida. No debemos entregarnos a los sentimientos depresivos. Simplemente tenemos que lograr demasiadas cosas durante nuestro breve paso por este planeta. Puedes preguntarte: ¿Cómo podemos alcanzar la felicidad? ¿Cómo podemos controlar nuestros estados de ánimo? Una vez más la Torá nos da la respuesta en este pasuk: si "escuchan estas ordenanzas", si estudiamos y observamos la Torá, nuestro espíritu nos llevará adelante y Dios nos ayudará a levantar los pies con energía positiva, permitiéndonos enfrentar incluso las tareas más difíciles.

¿QUÉ NOS PIDE DIOS?

"Y ahora, Israel, ¿qué es lo que Hashem, tu Dios, te pide? Sólo que temas a Hashem, tu Dios…"5 A partir de este versículo, nuestros Sabios concluyen que todo está en las manos de Dios, excepto el temor a Dios. En definitiva, es este temor, esta reverencia, lo que definirá nuestra vida. En contra de lo que dice la sabiduría convencional, lo crucial no es la situación en la que nos encontramos, ni la profesión o el área en que trabajamos, sino lo que hacemos con ello. Y eso depende de la cantidad de reverencia que sintamos hacia Dios.

Por ejemplo, una persona puede estar confinada a una cama de hospital, pero si reacciona con enojo o si expresa fe eso dependerá de su reverencia a Dios. Si es rica o pobre no es importante; lo que definirá su vida será lo que haga con esa riqueza o la forma en que acepte su pobreza, y eso depende de su reverencia a Dios. Nuestra familia experimentó esta realidad durante las enfermedades de nuestros abuelos, Rav Abraham y Rebetzin Miriam Jungreis, zt"l, y de nuestro padre, Rav Meshulem Halevi Jungreis, zt"l. Ellos nunca permitieron que su dolor limitara su espíritu. Su fe era tan poderosa que todo el que los visitaba terminaba más elevado y sabio, gracias a la profunda reverencia a Dios que tenían. ¿Cómo se llega a desarrollar esta reverencia?

Una buena forma de empezar es rezar. Si le pedimos a Dios que nos inspire con reverencia hacia Él para poder cumplir debidamente Sus mandamientos, podemos estar seguros de que Él cumplirá nuestros deseos. Por lo tanto, nunca debemos sentirnos desalentados en nuestra observancia de las mitzvot, en nuestro estudio de Torá o en nuestras plegarias. Sólo debemos pedirle a Dios que nos ayude y por cierto Él lo hará.


NOTAS

1. Devarim 7:12.
2. Ibid. 8:5.
3. Ibid. 10:12.
4. Ibid. 7:12.
5. Ibid. 10:12.