A veces nos preguntamos si personas tan poco importantes como nosotros pueden tener un impacto en los eventos del mundo; si realmente podemos marcar una diferencia en el universo de Dios. La mayoría responderíamos negativamente. Sin embargo, la parashat Ki tisá desafía esta opinión. Esta parashá no sólo enfatiza que podemos hacer una diferencia, sino que tenemos la obligación de hacerlo. La parashá comienza con las palabras ki tisá… cuando realices un censo de los Hijos de Israel, …venatnú, cada hombre le dará a Hashem una expiación por su alma …Esto darán, cada persona censada dará medio shékel…(1)

A primera vista es difícil entender este mandamiento de contar al pueblo judío. Obviamente Dios sabía cuántos éramos. ¿Para qué censarnos? Todavía más, ¿por qué teníamos que ser contados a través de un medio shékel?

Aquí hay una enseñanza profunda que si la entendemos correctamente, puede transformar nuestra vida y ayudarnos a hacer esa diferencia. Ki tisá, las palabras con las que la Torá ordena el censo, literalmente no significan "contar", sino "elevar la cabeza de la persona". Esto nos enseña que cuando entendemos que “contamos”, que somos importantes, nuestras cabezas se elevan. Entender que podemos tener un impacto en el destino del mundo, que nuestras palabras y acciones tienen importancia, nos llena de responsabilidad y nos permite crecer y convertirnos en mejores personas.

Nuestros Sabios ofrecen muchas explicaciones respecto a la mejor forma de lograr esta elevación. Cuando hacemos introspección y analizamos cuidadosamente nuestra vida, trascendemos a nuestra existencia y crecemos espiritualmente. Contribuir al censo con medio shékel en lugar de hacerlo con un shékel entero, nos enseña que sólo somos mitades y que nuestra nación sólo es fuerte cuando se unen sus partes individuales. Por lo tanto, cuando rezamos con mayor intensidad y dedicamos más tiempo al estudio de la Torá, cuando somos más escrupulosos en el cumplimiento del Shabat y del kashrut, cuando nos esforzamos para controlar nuestro carácter y no hablar lashón hará, para hacer más jésed (obras de bondad) y tener paciencia, no sólo nos elevamos individualmente, sino que inclinamos la balanza en favor de nuestro pueblo y del mundo.

El medio shekel que tenemos que donar también simboliza un corazón partido por la mitad al entender que a veces fallamos en nuestra misión de cumplir los mandamientos de Dios. Esta conciencia es, en sí misma, una forma de expiación para nuestra alma. Como dijo el Rey David en su Salmo: Dios está cerca de los que tienen el corazón quebrantado…(2)

Finalmente, la palabra venatnú, “y darán”, es palíndroma, se puede leer de adelante hacia atrás y también al revés. Esto nos recuerda que lo que damos siempre vuelve y nos enriquece. Cuando damos, nuestras almas se expanden y nuestro mundo se vuelve más amplio y significativo, y trae bendición para nosotros y para nuestro pueblo.


NOTAS

1. Éxodo 30:12-13.
2. Salmos 34:19.